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Jane Austen. ¿Por qué la leemos tanto?

A 200 años de su muerte, la agudeza y la ironía de la escritora inglesa se celebran en nuevas ediciones, películas, festivales y una comunidad de lectores fieles

Domingo 02 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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Ilustración: Sandra Biondi
Ilustración: Sandra Biondi.

Podría haber imaginado, cuando murió, que doscientos años después estaría tan viva? Jane Austen (1775-1817) vivió hasta los 41 años en lo que se llama la Inglaterra de la Regencia. Escribió seis novelas: Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger, Persuasión, y una novela corta, Lady Susan. Escribió todo sin quizá soñar que esas historias serían leídas con fervor, bajo el encantamiento que sólo pocos logran engendrar, en tiempos de libros digitales y películas 3D.

Apenas podemos saber cómo era su rostro por un retrato publicado en las memorias que escribió su sobrino James Edward Austen-Leigh en 1869. Son muchos los misterios que hay todavía detrás de esta escritora. ¿Habría podido imaginar, por ejemplo, que en nuestro siglo se celebraría un baile en honor a Orgullo y prejuicio en Chatsworth, la mansión donde se filmó la película que dirigió Joe Wright, en el que por 90 libras se reunirían a danzar las Lizzie Bennett y los Mister Darcy del siglo XXI?

Las versiones sobre su propia vida se abren y se cierran cíclicamente. Una muestra: hace unos meses circuló la hipótesis de que Austen había muerto envenenada por arsénico. Uno de sus tantos especialistas, Robert Dryden, coordinador del libro Global Jane Austen, profesor en la Universidad de Hartford, en Estados Unidos, y autor de otros libros sobre esta escritora, asegura que asistimos en nuestros días a una especie de reality show de Austen. Su obra es finita, pero su vida tiene todavía muchos espacios vacíos. Entre las múltiples lecturas y sus inmensos misterios, a doscientos años de su muerte, Jane Austen es una voz viva que abre preguntas y nos invita a pensar: ¿cómo la leemos hoy?

Precursora y actual

Mark Twain (1835-1910) dijo que una biblioteca vacía ya era buena por el solo hecho de no tener los libros de Jane Austen. Charlotte Brontë (1816-1855), al leer uno de sus libros, dijo, despectiva: "Hace curiosamente bien su trabajo de delinear la superficie de las vidas de los ingleses refinados; hay una fidelidad china, una delicadeza de miniatura en la pintura: no altera a su lector con nada vehemente, no lo molesta con nada profundo: las Pasiones son unas perfectas desconocidas para ella". Virginia Woolf (1882-1941) también tuvo algo que agregar: "De todos los miles de mujeres que escribieron novelas en aquella época, sólo ellas (Austen y Brontë) desoyeron por completo la perpetua amonestación del eterno pedagogo: escribe esto, piensa lo otro".

La agudeza requiere elegancia y Austen conocía ese brillo. En La abadía de Northanger, tomó la posta de algunas de las críticas y escribió: "Dejemos a quienes publican en revistas criticar a su antojo un género (el de la novela) que no dudan en calificar de insulso, y mantengámonos unidos los novelistas para defender lo mejor que podamos nuestros intereses [?]. Representamos a un grupo literario injusta y cruelmente denigrado, aun cuando es el que mayores goces ha procurado a la Humanidad".

Nunca tuvo cuarto propio, con el sentido que le daba Woolf, pero desde la sala común en donde escribía se las ingenió para diagramar universos y trascender en el tiempo. Hablando de ella, el escritor Juan Bautista Duizeide hace poco comentó: "El siglo XIX literario nos está esperando con toda su novedad". ¿Qué tiene para aportarnos en la actualidad la lectura de Austen?

Desde su mirada académica y de sus reiteradas lecturas, Dryden dice: "Sus tramas tienen capas de significado. ¡Los lectores de Austen siempre están descubriendo algo nuevo! Lo irónico es que la esfera social de Austen era el reino privado, las salas de estar y los interiores de los hogares. Pero a través de ella aprendemos mucho más de lo que está contenido en esos espacios femeninos tradicionalmente limitados. Es una maestra en la comprensión de la naturaleza humana, no podemos dejar de leerla. En cierto sentido, queremos seguir aprendiendo sobre nosotros mismos en sus páginas".

María Rosa Lojo, especialista en la literatura del siglo XIX, apunta que Harold Bloom la incluyó en su canon occidental, no muy pródigo hacia las plumas femeninas, y destaca que tuvo mejor suerte que las escritoras de esa época en la Argentina, que siguen siendo desconocidas para el gran público de nuestro país, "a pesar de haber sido cofundadoras de la narrativa nacional, y tan pioneras como los varones". Habla de Juana Manuela Gorriti y de Eduarda Mansilla (hermana de Lucio V.). "Aunque la sociedad haya cambiado, claro, desde que Jane Austen describió la suya, en el mundo actual siguen existiendo (con diferentes matices y contextos) asimetrías de poder, conflicto de clases y de géneros, y los seres humanos continúan siendo ridículos e inteligentes, sublimes y despreciables, locamente ambiciosos y egoístas y también capaces de solidaridad y empatía. Su agudeza para percibir y poner en evidencia todos los aspectos de nuestra condición es extraordinaria", observa Lojo, y ubica ahí parte de su vigencia.

Austen pop

Pensemos en Orgullo y prejuicio: imposible no mencionar la adaptación al cine bajo el mando de Joe Wright con Keira Knightley como Elizabeth Bennet y Matthew Macfadyen como Mister Darcy. La película ya tiene más de una década, pero todavía conmueve y le clava una estaca a cualquier zapping que dé con ella una tarde de sábado. Sólo esa novela ya tiene su adaptación al cine de Bollywood, su mixtura con el universo de los vampiros, con Vampire Darcy's Desire, y su influencia en El diario de Bridget Jones.

En nuestros días hay amantes de la obra de Austen, admiradoras de sus heroínas, que conocen y defienden sus novelas con pasión. Muestra de eso es Austener, una película de 2013, que cuenta la historia de una neoyorquina que viaja a Inglaterra para pasar unos días en un parque temático sobre la escritora. Una realidad exagerada, una verdad a medias, pero que en cierta forma refleja ese furor que todavía causa. Si hasta existe también una novela llamada Orgullo y prejuicio y zombies. Así de amplia es la botica contemporánea de la señorita Austen.

En el libro Global Jane Austen, Dryden indaga sus vínculos con lo pop. Sobre esa relación con la idea de reality, el especialista dice a la nacion: "Hay dos mundos distintos en el universo de Austen: uno es el de sus novelas y el otro es el de su vida como figura histórica. Las novelas son finitas, sólo tenemos una cantidad y somos conscientes de su trabajo como algo cerrado. No hay más novelas más allá de las seis, y nunca las habrá. Pero el otro universo Austen como figura histórica no se agota: hay detalles sobre su vida que simplemente no sabemos. Su vida no estaba documentada como lo estaban las de Byron o Dickens. Hay espacio en blanco y ahí es donde entra la comunidad Jane Austen y ahí es donde comienza el reality show internacional en la cultura popular. En pocas palabras, sus lectores no están satisfechos con sus seis novelas. Quieren más. Y así es como está representada ampliamente: en sitios webs, camisetas, prendedores, adaptaciones cinematográficas, series, cientos de libros, festivales, bailes. Cuando los reality shows fueron concebidos a principios de los años 90, el público ya no estaba sentado en el sofá mirando la televisión; estaba en la TV participando. Lo mismo es cierto para la comunidad Jane Austen".

Entre esas recreaciones de su vida, entre los ladrillos de historia que se intentan pegar, apareció hace pocos meses la versión de Sandra Tuppen, curadora principal de manuscritos de 1601 a 1850 en la Biblioteca Británica. Según ella, tres pares de gafas que habían pertenecido a Austen le hacían pensar que había muerto envenenada por arsénico, que en esos tiempos estaba presente en el agua, en los empapelados, en la ropa. Según ella, el arsénico va acortando la capacidad de la vista y los tres pares de lentes eran la prueba de que ella la iba perdiendo gradualmente. La Jane Austen Society de Estados Unidos rechazó de lleno esa hipótesis de Tuppen. Las teorías más aceptadas sobre su temprana muerte hablan de la posibilidad de cáncer, lupus, tuberculosis o la enfermedad de Addison. El misterio sigue y los restos de Austen descansan en la catedral de Winchester.

Amor y feminismo

"Otra razón por la que Austen suena tan actual -agrega Dryden- es porque gran parte de lo que escribe en sus novelas es familiar para las audiencias occidentales modernas: la idea del capitalismo, la propiedad de la tierra, la escalada de clase, la guerra, la moral, las costumbres y, por supuesto, el amor." Sobre eso último, sobre el amor, Lojo dice: "Se identifica a Austen con la llamada novela romántica (o sentimental), sin saber demasiado de qué se habla. Austen manifiesta tanto lo que el amor tiene de realidad como lo que tiene de ideología social y de utopía. Sus novelas no idealizan ni edulcoran la relación amorosa; antes bien, muestran la trama de intereses que sustenta buena parte de los matrimonios. Se ponen en valor la inteligencia, el autoconocimiento y la autoestima como los mejores recursos para sobrevivir y alcanzar, si cabe, cierto estado de felicidad, sobre todo en el caso de las mujeres, las más vulnerables del sistema". Como Austen evidencia esa desigualdad entre hombres y mujeres y la diferencia de espacios para el desarrollo pleno, Lojo dice que es recuperada con justicia por el feminismo actual.

¿Y dónde podemos rastrear su influencia en la literatura argentina? Según Lojo: "Habría que releer autoras como Eduarda Mansilla, no menos cultora de la ironía y no menos crítica de las limitaciones en la educación femenina, así como de muchos aspectos de la institución matrimonial (pienso en relatos del libro Creaciones, de 1883, o en Recuerdos de viaje, publicado en la misma época). Pronto encontraríamos 'fraternidades', o mejor, 'sororidades' entre las dos", agrega.

Debido a la efectividad de sus novelas, y a las series y películas que se han hecho entorno a su obra, sus libros, asegura Mariana Vera, editora de Penguin Random House, siempre han tenido buena llegada a los lectores. "Teníamos publicadas las novelas en el sello Debolsillo, pero justamente por los pedidos continuos, los comentarios, las reseñas, decidimos volverlas a lanzar en 2014 en un formato especial, más grande, con solapas, con nuevas tapas ilustradas. Así surgió esta biblioteca, con títulos como La abadía de Northanger y Emma. La buena repercusión que tuvimos con este lanzamiento nos llevó a indagar más sobre la obra de la autora y así, este mes, cuando se cumplen 200 años de su muerte, vamos a publicar Lady Susan, una obra de juventud, que se publicó de forma póstuma". Lady Susan es una novela epistolar que arma a través de las cartas una trama que ronda la figura de una viuda. Ahí hay una Austen en pleno desarrollo, con temas que se prolongan a lo largo de su carrera, con presencia de su finísimo humor.

El próximo 18 de julio se cumplen 200 años de su muerte. Los vestidos de muselina con apretados corsés ya no se usan, pero algo de esa textura, suave, etérea, sobrevive en cada página de Austen, y no le quita lucidez. Al leerla su voz se vuelve un lazo hecho de esa liviana tela que envuelve a cada lector hasta meterlo en un universo tan lejano y a la vez tan cercano. Un universo inmortal.

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