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Las más invisibles tragedias a la vista

Domingo 02 de julio de 2017
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En rigor, no forman parte de aquello en lo que pensaba Frantz Fanon cuando acuñó la frase que, sin embargo, les cabe tan bien. Porque ellos son los condenados de la tierra, los que este siglo supo conseguir. Hombres, mujeres y niños que un día se descubrieron descartables; ignorados por todos, reclamados por nadie.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), a fines del año pasado había 65,6 millones de personas en situación de desplazamiento forzado en todo el mundo. Algo así como decir que uno de cada 113 habitantes del planeta golpea a la puerta de naciones que se empeñan en mirar hacia otro lado. De esto hablan, justamente, dos documentales que Acnur y Malba Cine presentaron la semana pasada, en ocasión del Día Mundial del Refugiado: Casa en tierra ajena, de Ivannia Villalobos Vindas, y Generation Standstill, de Anastasia Trofimova.

MientrasTrofimova se concentra en la diáspora de la población siria, Villalobos observa la migración forzada de personas que, desde distintos puntos de Centroamérica, intentan llegar a Estados Unidos. El registro en uno y otro documental es diferente, tanto como los protagonistas, su entorno, razones y lengua. Pero un mismo elemento, seco y ardiente, atraviesa los dos films: la violencia.

Política, estatal, social y bélica, es el gran denominador común en las historias de Casa en tierra ajena y Generation Standstill. En el primer caso, la directora reconstruye, a través de relatos y material de archivo, las sucesivas tragedias que, al menos desde los años 70, vienen desangrando a Guatemala, El Salvador y Honduras. Quienes se trepan, con lo puesto y sin garantías, a los trenes que cruzan México o realizan ese mismo camino a pie –durante meses y expuestos tanto a la indiferencia oficial como a los ataques del crimen organizado–, lo hacen porque realmente ya no les queda nada que perder. Sin estridencias, la cámara de Villalobos Vindas logra que por momentos uno sienta en la propia piel el cansancio, la falta de opciones, ese aferrarse a un clavo ardiente que es el exilio cuando ya no hay nada de donde sostenerse. De modo similar, Trofimova sigue las vicisitudes de dos familias sirias que intentan sobrevivir en un Líbano cuya población las rechaza y hace poco por disimularlo.

¿Cuánta distancia hay entre Asia y Centroamérica? ¿Cuánto dolor acumulado? “En Estados Unidos mi marido es un inmigrante más –describe una mujer guatemalteca–.Nadie conoce su historia.” Y allí es donde reside la peor tragedia, parecen decir estas películas: en los jirones de vida que cada refugiado deja atrás, condenado por el raro crimen de ser quien es y haber nacido donde nació.

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