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Otro gol de Messi: no es Maradona, ni quiere serlo

Viernes 30 de junio de 2017
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En silencio y con perfil ultrabajo, Lionel Messi acaba de confirmar lo que tantas veces dio a entender por mero contraste: no es Maradona, y lo más interesante es que no tiene ningún interés en serlo.

Messi, al que muchos ven como el hombre que mejor haya jugado al fútbol en la historia, se casa hoy en una fiesta que muestra a las claras quién es: lo hace con la chica que lo deslumbró en la infancia, con pocos invitados, en la ciudad que lo vio nacer y con los amigos de toda la vida -y algunos de la segunda vida en Barcelona- como claros protagonistas, además de varios jugadores de la selección. Da vértigo la distancia entre los 1.300 invitados de Maradona en el Luna Park en noviembre de 1989 y los 260 de Messi en Rosario en junio de 2017. Da vértigo pensar en que un vuelo chárter pagado por Maradona despegó hace casi 28 años de Nápoles con el equipo y los jefes de la barra brava del Napoli a bordo, hizo escala en Madrid para que subiera, entre otros, Alfredo Di Stefano, y llegó a Buenos Aires.

Ni Carlos Menem -por entonces presidente-, ni Silvio Berlusconi ni Fidel Castro asistieron pese a haber sido invitados, recuerda un libro de reciente aparición ("Luna Park, el estadio del pueblo, el ring del poder", de Guido Carelli Lynch y Juan Manuel Bordón), pero sí estuvo Mauricio Macri, al que hoy no se verá en Rosario, porque el presidente de la Nación es una de las tantas personalidades que no fueron invitadas. Lo mismo sucede con el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y el cuerpo técnico de la selección que dirige Jorge Sampaoli. No son gestos de antipatía ni de distancia por parte de Messi, apenas la decisión capital de no convertir uno de los días más importantes de su vida en un acontecimiento social. Por eso es que de la boda hoy se verá muy poco. En la era de las redes sociales y de la intimidad arrasada, la boda de los Messi se perfila como un interesante y hasta valiente anacronismo. "Es una ceremonia muy íntima. No hay nadie invitado del gobierno nacional, ni del provincial ni del municipal", dijo a la nación Jorge Messi, padre del capitán de la selección.

El Messi que se casa es a la vez más y menos Messi que nunca. Fiel a sí mismo, por un lado, pero sujeto a las leyes de cualquier hijo de vecino, por el otro. Cualquiera que se haya casado sabe lo que es armar una lista de invitados que se descontrola y que luego hay que podar en negociaciones no siempre sencillas entre los futuros marido y mujer.

Seis días después de superar un hito que a muchos sacude en la vida -dejar de ser veinteañero para aceptarse como treintañero-, Messi da el paso de casarse en una ciudad en la que, en sus sueños, nunca dejó de vivir. ¿O alguien puede encontrar el más mínimo deje de español o catalán en el habla del "10"? Ya lo dijo Josep María Minguella, el hombre que llevó a Maradona y Messi al Barcelona: "Leo no habla argentino, ¡habla rosarino!".

Padre de familia, treintañero y casado, Messi ya recorre el año de su vida, el de Rusia, ese Mundial que será el penúltimo, porque ni él mismo duda ya de que jugará en Qatar. En pocas semanas tendrá que cargarse al hombro la selección para llevarla al destino obligado. A lo Messi, no a lo Maradona, ese Diego Maradona al que tampoco se invitó...

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