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Alemania es un coro maravilloso

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Juan Pablo Varsky
Viernes 30 de junio de 2017
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Alemania no tiene un súper crack. Su mejor solista no es indiscutible. Yo elijo a Toni Kroos, pero podría ser cualquier otro. Ninguno figuraría en el top ten de estrellas. En la era de Messi y Cristiano, su último futbolista en integrar la terna para el Balón de Oro fue el arquero Manuel Neuer como premio al campeón del mundo en Brasil 2014. El último en ganarlo se llama Matthias Sammer, un excelente líbero y mediocampista que lo logró en 1996 gracias a la Eurocopa ganada por la Mannschaft. Cuesta ver a un alemán gambetearse tres rivales en una baldosa y colgarla del ángulo. Ozil y Götze lo han hecho alguna vez, pero como excepción. La norma es control y pase. Juego a dos toques como máximo. Triángulos. Desmarques. Descarga de espalda para el compañero de frente al arco rival. Conducción de balón sólo si hace falta. Buscar la supremacía numérica y encontrar al hombre libre detrás de la línea rival.

Todos atacan, todos defienden. Ante México aplicaron el rodillo de entrada. Presión bien alta, cerca del arquero Ochoa. Provocaron pérdidas que abrieron espacios. Los aprovechó León Goretzka, que no formaba parte del álbum blanco. Ahora sí, con sus dos golazos. Mediocampista del Schalke 04, interpretó magníficamente el concepto de que llegar es mejor que estar. Servido por Henrichs y Werner (otros dos que nadie elegiría en la Play), ejecutó dos definiciones clínicas que ha ensayado y repetido miles de veces en los centros de formación de su país. Luego, el equipo aplicó el plan repliegue para jugar al espacio y de contraataque. En ese retroceso numeroso y sin intensidad, concedió chances. Ter Stegen se ganó el viático con buenas atajadas. En la segunda mitad, otros dos golazos con pases a la red decoraron el marcador.

En la formación inicial ante México, hubo ocho clubes de la Bundesliga representados: Bayern Munich, Borussia Dortmund, Schalke, Borussia Moenchengladbach, Bayer Leverkusen, Hoffenheim, RB Leipzig y Colonia. El libro Das Reboot, del periodista Raphael Honigstein, describe perfectamente este proceso revolucionario casi perfecto. La falta de competitividad de su campeonato local es su única mancha: Bayern ha ganado las últimas cinco ligas por mucha diferencia. Quizá los resultados del plan sorprendan a sus propios creadores. Joachim Löw hoy puede armar cuatro seleccionados competitivos y capaces de llegar a los cuartos de final de un Mundial.

Le sobran entrenadores de elite. Podrían dirigirlos Löw, Klopp, Tuchel y el niño prodigio Nagelsmann, que a sus 29 años metió al Hoffenheim en la Champions. La Bundesliga en su Twitter oficial se tomó el trabajo de presentar ese póquer de equipos con nombres propios. No le encontró lugar a Amis Younes, el Baby Götze que marcó el cuarto gol ante los mexicanos. Hoy la Sub 21 disputa la final del Europeo contra España en Polonia. En ese conjunto brillan el organizador Arnold y el extremo Gnabry. Están lastimados Neuer, Sane, Gundogan y Weigl. Descansan Hummels, Boateng, Kroos, Khedira, Müller y el Baby Kirchner Ozil. Tras la Euro del año pasado, Löw prefirió que su núcleo "titular" se tomara vacaciones antes de la temporada previa al Mundial de Rusia. Ya encontró una alternativa para Lahm en Joshua Kimmich y una para Klose en Lars Stindl. El equipo cambia de esquema. El técnico cambia de estrategia. Los jugadores cambian de posición y de función. La idea y el modelo de juego no se negocian. El todo siempre es más que la suma de sus partes. Más que causa, la falta de un súper crack es efecto de la expresión colectiva más importante del deporte mundial en este tiempo (perdón San Antonio Spurs). Alemania es un coro maravilloso.

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