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Golpea a Francisco la denuncia por abusos del número tres del Vaticano

El australiano George Pell, "zar de las finanzas" e integrante del consejo de cardenales, se tomará licencia para enfrentar a la justicia de su país; ayer defendió su inocencia; había sido designado por el Papa para limpiar la corrupción

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LA NACION
Viernes 30 de junio de 2017
Pell, ayer, al brindar una declaración en la Santa Sede por el escándalo
Pell, ayer, al brindar una declaración en la Santa Sede por el escándalo. Foto: Alberto Pizzoli

ROMA.- Peor festejo del día de los santos Pedro y Pablo, patronos de Roma, jamás podría haber habido en esta ciudad. En lo que significó un revés durísimo para Francisco, justo cuando en Roma se habían congregado cardenales y obispos de todo el mundo para celebrar el día del Papa, uno de sus máximos colaboradores y número tres del Vaticano anunció que abandonará sus funciones para enfrentar una denuncia por abusos sexuales.

Se trata del cardenal australiano George Pell, "zar de las finanzas" del Vaticano, que había sido elegido por el papa Francisco para limpiar de corrupción la ciudad Estado.

"Estoy contento de que finalmente podré defenderme en los tribunales", dijo Pell, que en una declaración reiteró su inocencia y dijo haber sido víctima durante años de un "asesinato mediático" en su país.

Pell, que también es miembro del C-9, el consejo de nueve cardenales que asesora al Papa, se enfrenta a "cargos múltiples por delitos sexuales históricos" de varios denunciantes, según notificó ayer por la madrugada la policía del estado australiano de Victoria. Allí, Pell, de 76 años, fue sacerdote en la década de 1970. La policía no especificó los cargos contra Pell, ni las edades de las presuntas víctimas, ni cuándo se alegaba que habían ocurrido los crímenes. Pero se presume que se trata de delitos por abusos sexuales de menores y violación.

"Reitero mi inocencia con respecto a estas acusaciones. Son falsas. La misma idea de abusos sexuales para mí es repugnante", dijo Pell en la Sala de Prensa de la Santa Sede. Pese a que fue a las 8.30, la aparición de Pell, que no aceptó luego preguntas, acaparó la atención de la prensa internacional. Y dejó en segundo plano la misa del Papa por la solemnidad de San Pedro y Pablo, patronos de Roma.

En su declaración, Pell, que fue nombrado por Francisco prefecto de la Secretaría para la Economía en febrero de 2014 y se convirtió en el más alto funcionario del Vaticano involucrado en un proceso de este tipo, dijo que mantuvo siempre informado al Papa sobre su compleja situación en Australia.

"Tuve la ocasión de poder hablar con él recientemente de la necesidad de tomarme una licencia temporaria para poder limpiar mi nombre. Y le estoy agradecido a Su Santidad por habérmela concedido, de modo que pueda volver a Australia", dijo.

El cardenal, de línea conservadora, es la punta de lanza de la reforma económica emprendida por Francisco en el Vaticano y, por tal motivo, no es demasiado querido en algunos sectores de la curia. Ayer dijo haber sido siempre "muy coherente y claro" respecto de su "total rechazo a las acusaciones".

"El proceso judicial me dará la oportunidad de limpiar mi nombre y de volver a mi trabajo en Roma", dijo, combativo y optimista. En verdad, la aparición de Pell para anunciar que se toma una licencia, sin renunciar al cargo, fue interpretada como una salida elegante de su crucial cargo en el Vaticano.

En un comunicado leído poco después por el vocero papal, Greg Burke, el Vaticano respaldó sin medias tintas al cardenal australiano, que deberá comparecer ante el Tribunal de Magistrados de Melbourne el 18 de julio.

"La Santa Sede ha recibido con desagrado la noticia del envío a juicio en Australia del cardenal Pell por imputaciones referidas a hechos ocurridos hace varias décadas", indicó.

El Vaticano informó asimismo que durante la ausencia del Pell la Secretaría para la Economía continuará desarrollando los deberes institucionales que le son propios. "Los secretarios permanecerán en sus cargos para tramitar los asuntos de carácter ordinario, donec aliter provideatur [hasta que se disponga otra cosa]", indicó.

"El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del cardenal Pell durante los tres años de trabajo en la curia romana, le está agradecido por su colaboración y, en particular, por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo y por su activa participación en el C-9", agregó el comunicado, con sabor a despedida.

La Santa Sede expresó también "su máximo respeto hacia la justicia australiana". Al mismo tiempo, recordó que Pell ha condenado desde hace décadas abiertamente y repetidamente los abusos cometidos contra menores como actos inmorales e intolerables.

En marzo del año pasado, el cardenal ahora en el banquillo debió dar explicaciones a una comisión sobre abusos sexuales contra menores acerca de su actuación en el manejo de diversos casos hace cuatro décadas en Australia, en una investigación distinta a la que lo llevó ayer al banquillo de imputados. Lo hizo por videoconferencia desde un hotel de Roma porque adujo que tenía problemas médicos para viajar en avión, algo que enfureció a las víctimas. En octubre pasado, tres detectives de la policía de Victoria viajaron a Roma para interrogarlo por acusaciones de pedofilia.

El Papa, que siempre condenó a los sacerdotes abusadores y profundizó la política de "tolerancia cero" puesta en marcha por Benedicto XVI, ya había respaldado a Pell hacía un año, al regresar de su viaje a Polonia por la Jornada Mundial de la Juventud. Ante una pregunta sobre las acusaciones que pesan en su contra de pedofilia, Francisco recordó que toda persona es inocente hasta que se pruebe su culpabilidad. "Debemos esperar a la justicia y no dar antes un juicio mediático. Una vez que la justicia haya hablado, hablaré yo", señaló. Al parecer, siguió ahora el mismo principio, al concederle a Pell una licencia, sin obligarlo a renunciar.

El vocero del Papa, Burke, recomendó a los periodistas no buscar a Pell en la misa por la fiesta de San Pedro y Pablo: durante este período de licencia, que para muchos significa que baja el telón sobre su carrera en el Vaticano, el cardenal no participará en ceremonias públicas.


Del editor: ¿por qué importa? ?Si algo caracteriza a Francisco es su popularidad entre los no católicos; esta mancha puede afectar esa relación.
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