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El alumno Messi: sus mejores anécdotas en el colegio antes de partir a Barcelona

El 10 en educación física resaltaba en el boletín y también se destacaba en plástica, música, computación y dibujo; "Siempre cumplía con las tareas pero su gran amor era la pelota", aseguran sus maestras

Viernes 30 de junio de 2017 • 07:42
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Messi en su época escolar
Messi en su época escolar. Foto: LA NACION / Romina Ferreyra

ROSARIO.- Hay un número que resalta más que ningún otro en el boletín: el 10. Si se mira con detenimiento hacia arriba, en una de las tantas hojas de un libro matriz enorme, se observa: Messi Lionel Andrés, nacido en Rosario el 24 de junio de 1987, documento nacional de identidad 33.016.244. Los registros pertenecen a la escuela Mantovani, anclada en Las Heras, el barrio de la infancia del astro rosarino. "Sus notas no eran malas, eran simples, las de un chico medio. No era sobresaliente pero tampoco eran bajas", coinciden sus maestros en diálogo con LA NACIÓN.

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En los dos colegios por los que Messi transitó dejó gratos recuerdos por su carácter angelical, su sonrisa tímida y la solidaridad con sus compañeros, según rememoran. A un par de cuadras del Mantovani, en la zona sur de esta ciudad, la Escuela Las Heras rompe con el silencio a la hora del recreo. Por su patio corretean decenas de chicos, aunque fuera de sus fronteras el barrio vive un mediodía en el que sus calles siguen inmersas en su tranquilidad habitual. "Leo era un dulce, un chico muy tranquilo y modesto. Nunca me generó ningún problema. No le gustaba la escuela porque su interés era el fútbol pero igualmente cumplía. Yo jamás lo castigué ni lo mandé a la dirección", cuenta Mónica, su maestra durante cuatro años. "Nuestra institución también está convulsionada. Y muchos de los compañeros de Leo están invitados al casamiento", asegura. En las entrañas del colegio confiesan que Silvana, otra de las maestras, un día se acercó y le susurró: "Leo, Maradona hay uno solo". En sintonía con esto último, se suma otra historia con un tinte similar. La anécdota, a cargo de Silvia, profesora en el Mantovani. Ella fue la autora de la frase "¡Nene, dejá de patear y ponete a estudiar que así no vas a llegar a nada! ¿Vos te pensás que el fútbol te va a dar de comer?". Hoy, claro, lo recuerdan con una sonrisa. "La escuela tiene una linda imagen de Leo en este lugar", añade Claudia, la directora de la institución.

Con su timidez habitual en los grandes espacios sociales, a Messi no le gustaba en absoluto que su mamá Celia llevara los trofeos al colegio cada vez que su hijo ayudaba al equipo a consagrarse en algún torneo intercolegial. "Jamás fue vanidoso. Las maestras nunca nos enterábamos de lo bien que le iba jugando al fútbol fuera del colegio. Él no decía nada. Leo no quería saber nada con que la madre apareciera con las copas, le daba vergüenza", asegura Mónica.

Messi
Messi. Foto: LA NACION / Romina Ferreyra

Cuando rememoran cómo era Lionel en relación a su amor por el fútbol, sus maestras lo definen como un crack desde muy chico. Esperaba el recreo con ansias y estaba todo el día con una pelota. En realidad, con lo que tuviera a mano para patear. Sin embargo, un día vivió una mañana particular: la maestra Silvana, en séptimo grado, le prohibió ir a jugar al campito porque siempre volvía sucio. "¡Entonces agarró una botella de plástico y se puso a jugar a la pelota en el patio!", resalta Mónica.

La escuela Nº 66, que tiene 65 años de vida, recibió varias visitas de Messi como ex alumno. La más recordada fue en 2005 cuando ya comenzaba a deslumbrar al planeta fútbol con sus habilidades. "Fue un acto a la mañana y nos sacamos una foto con todos en el patio", recuerdan.

Su mejor amiga durante este período fue Cintia Arellano, que vivía en una casa muy cercana a la de los Messi. Compartieron jardín y primaria, se sentaban al lado y ella solía prestarle ayuda en los exámenes.

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Hasta hace algunos años, la escuela Nº 66 no tenía ninguna referencia al crack en todo el edificio. Pero en 2015 le rindieron homenaje con un gran mural de casi 40 metros cuadrados, en el que fue retratado con la camiseta del seleccionado argentino. La obra se llevó a cabo por intermedio de la Fundación Leo Messi y el autor fue el artista brasileño Pablo Consentino. En el mismo espacio en el que el pequeño Lionel caminaba con su mochila a cuestas hoy se ve a otros chicos corriendo en busca de sus propios sueños. A la hora de seguir recordando anécdotas, Mónica se detiene en otra que le saca una sonrisa mas. "En un acto de fin de año me costó muchísimo disfrazarlo, Leo no quería saber nada. Él quería ser un duende y no un animalito. Ya no recuerdo si era un mono u otro animal. Era un nene de apenas seis años", detalla.

Sergio Álvarez, de la escuela Mantovani, fue el último profesor de educación física que tuvo Messi antes de marcharse con destino a Barcelona. En el año 2000, fue el encargado de colocarle la ultima calificación 10 al número 10. "Era un chico aplicado, casi no le conocía la voz. Siempre fue educado", asegura. Messi era el más pequeño del curso y habitualmente se trasladaban al club Tiro Suizo para cumplir con las clases. "Constantemente sucedía algo que nunca había visto y tampoco volví a ver. Leo hacía su rutina física y nunca se quejaba por nada. Y en el momento en el que venía a jugar al fútbol, se producía un silencio impresionante. Es difícil tener callados a chiquitos de esa edad. Pero sus compañeros lo observaban en paz, anonadados. Era un espectáculo, gambeteaba a todos, hacía lo que quería. Los otros chicos me codeaban y me decían: "¿Profe, vio lo que juega Lionel?".

El boletín de Messi
El boletín de Messi. Foto: LA NACION / Romina Ferreyra
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