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¿Cómo dejar de tomar gaseosa?

Muchos estudios vinculan las gaseosas con la obesidad y diabetes pero aunque tengamos toda esa información disponible, dejarlas puede ser más difícil de lo que uno cree

Viernes 30 de junio de 2017 • 17:18
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Foto: Pixabay

No es un secreto que las gaseosas son malas para la salud. Gran parte de los especialistas en alimentación asocian estas bebidas con la obesidad o diabetes y aunque existen las líneas dietéticas, un estudio del 2014 sobre salud pública dice que estas gaseosas no ayudan a las personas a ingerir menos calorías y mucho menos a bajar de peso.

La mala prensa se sigue sumando. Nuevas investigaciones asocian a estas bebidas con un aumento en el deterioro cerebral. Un estudio de 10 años de una asociación que investiga las causas de los paros cardíacos encontró que las personas que tomaban gaseosas endulzadas artificialmente, como las dietéticas, tenían más predisposición a sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes e incluso demencia que las que sólo tomaban gaseosas azucaradas. Sin embargo, aunque tengamos toda esta información disponible, dejar las gaseosas puede ser más difícil de lo que uno cree.

Pero, ¿cómo eliminar el hábito de una vez por todas?

Fijate un objetivo. Como todas las costumbres que quieras dejar de tener, levantate todas las mañanas pensando que hoy no lo vas a hacer. Si hacés listas, anotalo. Ponelo en un post-it en el monitor del trabajo. Contale a tus compañeros de trabajo y a tus amigos que tenés ganas de dejar de hacerlo para que te paren antes de que tomes gaseosas. Cuando no podés ser tu propia policía, que otros lo sean por vos.

Importantísimo: si tomás mucha gaseosa, no pienses que vas a poder cortar de cuajo con el hábito. Empezá de a poco, si consumís con cada comida, empezá a reducir el consumo al menos en una. Empezá a tomar agua u otra alternativa. Hacete una recompensa cuando lo logres y cuando no, seguí intentando. Cuando te proponés objetivos más cortos, el mayor de todos no parece tan lejano y difícil.

Cambiá tus ganas de tomar gaseosa por un hábito más sano. Si sabés que tomás gaseosa sólo con las comidas, cambiá de bebida. Si te gusta tomar un trago como postre o a la hora de la merienda, reemplazalo con un snack y con otra bebida. Se sabe que las gaseosas son adictivas y lo que te gusta no es la bebida en sí, si no el azúcar y la cafeína que aumentan tu energía. Consumí estas cosas de otra manera.

Entrená tu cerebro para que no quiera gaseosas. Lo mejor de este órgano es que con cada actitud y decisión que tomás, el cerebro se va moldeando y va creando respuestas automáticas a diferentes estímulos. Por ejemplo, si lo único que querés es hacerle un fondo blanco a un vaso helado de gaseosa, cuando elegís hacer otra cosa, debilitás la conexión de tu cerebro que sigue pidiéndote más. Esto también funciona al revés: cada vez que cedés al hábito, aumentás la adicción.

Mientras estás dejando el hábito, vas a tener que ceder a otras alternativas. Lo mejor en todos los casos es tomar agua, pero si lo que te gusta son las burbujas, podés tratar con soda. Otras alternativas para añadirle sabor a las bebidas son las infusiones con limón, frutas o hierbas. Cortás los trozos o las hojas los metés en la botella que uses siempre llenando de agua hasta el tope.

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