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El partido de fútbol femenino a casi 6000 metros de altura que logró un récord Guinness

Para concientizar sobre la igualdad de género en el deporte, dos equipos de mujeres de casi 20 países jugaron noventa minutos en el monte Kilimanjaro, en África; una argentina participó del encuentro

Viernes 30 de junio de 2017 • 17:56
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LA NACION
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Generar una acción de alto impacto para concientizar sobre la equidad de género y sobre la discriminación hacia las mujeres, no sólo en el deporte, sino en muchos otros aspectos de la vida. Mostrarle al mundo entero que juntas, todo es posible. Ese fue el propósito del partido de fútbol que 27 jugadoras de distintos países disputaron durante 90 minutos en el volcán Kilimanjaro, en Tanzania, en un cráter ubicado a 5729 metros de altura, logrando un récord mundial Guinness.

La argentina Josefina Martorell, de 34 años, activista por los derechos de las mujeres y deportista, fue invitada a participar de esta iniciativa organizada por Equal Playing Field. "Buscó visibilizar la inequidad de género en el fútbol, y mostrar que las mujeres juntas podemos lograr cualquier desafío que nos propongamos", dice la joven desde Tanzania.

Las jugadoras posan en la cancha con la bandera de Equal Playing Field. FOTO: Dana Rosiger.
Las jugadoras posan en la cancha con la bandera de Equal Playing Field. FOTO: Dana Rosiger..

El ascenso al Kilimanjaro comenzó el 18 de junio y el 24 se jugó el partido, a unos 150 metros de la cima. La impulsora del proyecto fue la jugadora inglesa Laura Youngson. "Estaba cansada de que a las mujeres les dijeran "no" a la posibilidad de jugar al fútbol en muchos lugares del mundo; y decidió hacer algo que nadie hubiese hecho antes: jugar el partido en la mayor altitud de la historia, en un lugar inhóspito en el que fuera posible armar una cancha", cuenta Josefina. El sitio elegido también tuvo un significado especial: "África es uno de los continentes más desiguales en cuestiones de género".

Lo que en un principio parecía una "idea loca", terminó convirtiéndose en realidad. Se convocó a jugadoras de todo el mundo que quisieran sumarse a la aventura y sponsors que ayudaran a hacerla posible.

En pleno partido. FOTO: Dana Rosiger.
En pleno partido. FOTO: Dana Rosiger..

Martorell explica que tanto la cancha (en un volcán inactivo del Kilimanjaro) como los arcos, tenía las medias reglamentarias. Estas fueron marcadas con harina, para proteger el medio ambiente del pico más alto de África, que es un Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad. "Fuimos 60 las personas que subimos, entre equipo médico, encargados de logística, periodistas y réferis", relata. "Había jugadoras amateurs, como yo, y profesionales. Entre ellas, chicas que jugaron o juegan en las selecciones de países como Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Suecia, Jordania y Arabia Saudita". Ella y una joven mexicana fueron las únicas latinoamericanas.

Una pasión de la infancia

Josefina juega al fútbol desde los cinco años, es economista de profesión y se dedicó al trabajo humanitario de la mano de Médicos sin Frontera y Cruz Roja Internacional. Durante cuatro años recorrió distintos países de África como Níger y Sudán del Sur; y, en 2015, estuvo instalada en Afganistán. Allí, el fútbol volvió a tener un papel protagónico en su vida.

"Cuando era chica, jugaba más profesional. Después como amateur. Pero siempre con mucha pasión. Cuando estaba en Afganistán con Cruz Roja conté que extrañaba ese deporte y gracias a uno de los coordinadores de la misión empecé a jugar con chicas afganas. Lo hacía tapada con velo", recuerda.

Confiesa que cuando le propusieron participar del desafío organizado por Equal Playing Field, hace casi un año atrás, dudó. "Me parecía muy raro. Tengo amigos que escalan montañas y me decían que no íbamos a poder, que era imposible. También me daba miedo la parte física", admite. "Hubo momentos en los días que pasaron en que me preguntaba: ¿Por qué me metí en esto? Pero valió la pena".

El ascenso al Kilimanjaro duró una semana. "Nos dividieron en cinco grupos de 12 personas: cada uno tenía un guía y cinco ayudantes que nos indicaban para dónde ir y marcaban el paso de la subida, más porteadores que llevaban las carpa, bolsas de dormir, y las cosas de más peso", cuenta Josefina. "Cada día fue progresivamente más difícil: a medida que subís te falta más el aire. La mayor dificultad fue el ascenso final. El 23 de junio nos fuimos a dormir a las seis de la tarde y el 24 nos levantamos a las tres de la mañana, en plena noche, con mucho frío. Empezamos a subir muy de a poquito los últimos mil metros hasta donde habían preparado la cancha".

El campamento. FOTO: Dana Rosiger.
El campamento. FOTO: Dana Rosiger..

Fueron las cinco horas más duras. A cada paso, la deportista tenía ganas de parar, pero el frío era tan intenso que tomarse un minuto de descanso se volvía casi imposible. A las ocho de la mañana, llegaron al cráter. "De mi grupo por suerte llegamos todas. Pero hubo dos jugadoras que tuvieron que bajar: una por principio de hipotermia y la otra por dificultades en la respiración", asegura,

El partido comenzó a las 10.30. "Antes de entrar a la cancha, nos midieron el oxígeno y las pulsaciones. Hacía mucho frío y, para seguir las reglamentaciones de la FIFA, no podíamos usar mediar largas o calzas", cuenta. A eso se le sumó otra dificultad: "La cancha era de lava, como arena negra: es como jugar un partido en la playa de Mar del Plata, pero a casi 6000 metros de altura. Y eso se notó: aunque todas tenemos muy buen estado físico tardábamos mucho en recuperarnos después de un pique. No se pudo hacer ningún gol porque cuando llegabas al arco y le pegabas a la pelota, iba para cualquier lado".

Pero la falta de goles fue, para las protagonistas, lo de menos. "Fue el desafío físico más grande que tuve en mi vida. Pero también el más gratificante. Todos llorábamos cuando llegamos al cráter y cuando terminamos el partido también", dice Josefina.

Josefina Martorell (izq.) con parte del equipo. FOTO: Dana Rosiger.
Josefina Martorell (izq.) con parte del equipo. FOTO: Dana Rosiger..

Al finalizar aquel, las jugadoras ascendieron hasta la cumbre del Kilimanjaro, a unos 5891 metros de altura. Esos 160 metros finales les llevaron unas dos horas. "Paraba cada dos minutos. Llegar fue volver a llorar y emocionarse. Fueron nueve días en que me desconecté de todo, estaba muy involucrada con lo que estaba haciendo", narra emocionada.

En Argentina, Josefina es parte de "Fútbol militante" una agrupación que se propone visibilizar el fútbol femenino. "Jugamos todos los martes en espacios públicos que en general están reservados a los varones, para hacer saber que las mujeres también podemos estar ahí e involucrarnos en el deporte", explica. Y concluye: "Desde chica me han dicho de todo por jugar al fútbol y ser mujer. Hubo un momento en qué dejé de jugar porque era lo que la sociedad de alguna manera me indicaba. Me sumé a este desafío por todas las mujeres del mundo".

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