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Nahuel Gallotta y una historia de pistoleras

El periodista que logró adentrarse en una red internacional de ladrones para su libro La conexión Bogotá vuelve a cruzar fronteras para escribir sobre bandidas

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LA NACION
Domingo 09 de julio de 2017
Foto: Ignacio Coló
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Usted quédese tranquilo, espérenos aquí, que ya volvemos. Nahuel tiembla, nunca sintió tanto miedo. Sus fuentes colombianas en los Estados Unidos decidieron cometer un robo en un centro comercial de Houston y dejarlo esperando en el auto. No tiene forma de escapar: no hay buses ni taxis y no habla inglés. Se imagina detenido en el extranjero, busca cámaras de seguridad. Hasta que los colombianos vuelven con un bolso, suben al auto y arrancan. Un rato más tarde estarán en una habitación a unos kilómetros de distancia contando el botín: ellos, frotándose los dólares por todo el cuerpo; él, presenciando maravillado el ritual de los ladrones para llamar la plata.

* * *

Una tarde de otoño perfecta en los alrededores de un club de barrio. No hay tránsito ni ruidos de escapes, ni ajetreo de construcciones. Sí, vecinos barriendo su vereda y perros bostezando al sol. Sobre la calle Pedro Lozano, apenas diez metros separan al Club Atlético General Lamadrid -el Carcelero- del Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad de Buenos Aires. El Penal de Devoto irrumpe como un gigante anacrónico entre las casitas bajas con sus guardias de boina, alambrados altos y ventanas simétricas. A esas mismas ventanas le gritaba Nahuel de chico.

¿Qué gritabas?

¿Por qué estás ahí? ¿Te portaste mal?

Unos veinte años después y con su libro ya editado -La conexión Bogotá (Ediciones del Empedrado, 2015)- Nahuel sigue intrigado por este mundo. Ahora delinea diez perfiles de mujeres delincuentes para un libro que publicará este año: otro universo que no encuentra narrado.

"Me empezaron a llamar mucho la atención las noticias de colombianos detenidos por robos en departamentos cuando los dueños no estaban. Todas las notas que había en los medios eran a partir de cables: qué pasó, dónde, cómo, cuándo y nada más que eso. Logré hablar con un colombiano preso qué me explicó que hace décadas robaban por todo el mundo con la ideología de no usar armas ni lastimar a nadie. Entonces quise saber más de las vidas de esas personas."

La Procuración Penitenciaria de Buenos Aires le confirmó a Gallota que hasta 2010 había un promedio histórico de 30 colombianos detenidos en cárceles federales, pero que a partir de ese año se elevó a 130. "En lo que va del año hemos apresado 450 extranjeros de nacionalidad colombiana. Hay algunos que han entrado a la policía casi 10 veces", expresó en 2012 Sergio Berni, ministro de Seguridad de entonces, a la prensa. Dos años después afirmaría que sólo en Buenos Aires vivían 1200 colombianos que delinquían (de los que se tenía registro) y generaría polémica al proponer deportarlos.

Más allá de la nacionalidad de los delincuentes, en la Argentina hay todo un entramado de cómplices que facilitan su labor.

Foto: Ignacio Coló

Sí, acá fueron armando todo lo que necesitaban: los hoteles que no piden pasaporte, los abogados que te sacan de la cárcel, los joyeros que compran los botines.

¿Por qué afirmás que Buenos Aires es el paraíso para robar?

Al menos en un principio les rendía mucho, pero mucho de verdad. Yo he escuchado historias en las que entraban en una casa y se encontraban 800 mil dólares, o robaban maletines en el centro con 200 mil. Tal vez en una casa se encontraban más dinero que lo podían hacer robando las cajas chicas de bancos de Europa. Y por la corrupción policial.

Pronto se corrió la voz de que los argentinos no confían en los bancos y que guardan sus ahorros debajo del colchón. En su libro, el periodista explica que sumado a la grandeza de los botines, los internacionales eligieron nuestro país porque podían circular en autos lujosos sin que nadie les hiciera preguntas, que en las detenciones por robos sin armas no los demoraban más de dos o tres días en comisarías y que hasta podían tener varias causas por robo sin que significara ir a la cárcel. También se entusiasmaron con la posibilidad de disfrutar la vida nocturna de lunes a lunes y con la variedad climática de un país que les permitía hacer turismo interno.

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Hugo La Garza Sosa, mítico ladrón argentino integrante de la banda del Gordo Valor, se dedicó a robar bancos y camiones blindados en los años 80 y 90. De él se dice que robó y pesó en una balanza de verdulero un millón de dólares, que se tiroteó con la policía en la Panamericana con una ametralladora en cada mano y que se escapó del penal de Devoto anudando sábanas. Pero cuando se le pregunta si se arrepiente de algo, siempre contesta que lamenta haberle robado el monedero a una señora en una feria. Gallota plantea diferencias de jerga entre distintos tipos de ladrones. "Chorro es el que roba a su vecino, el que le pega a una viejita, el que le roba a las seis de la mañana al laburante en la parada de bondi, el que no le importa nada. Los delincuentes muchas veces se forman, estudian, son queridos en el barrio porque ayudan. Muchos mandan a sus hijos a la facultad o les ponen un comercio y ni bien pueden le compran la casita a la madre. Llevan estilos de vida completamente diferentes."

¿De dónde surge tu fascinación por el mundo de la delincuencia?

Siempre tuve más curiosidad que fascinación; lograr entender qué lleva a una persona a querer hacer esas cosas, si tiene que ver con haber tenido una mala infancia, o si pasa por animarse y nada más. No me centro sólo en los robos sino en qué fue de sus vidas antes de convertirse en ladrones, qué hacen con el dinero, cómo tratan a sus hijos, qué expectativas tienen de la vida, si la pasan mal mientras delinquen, si lo llevan en la sangre o si uno nace con un temperamento para hacer ciertas cosas. Me parece que es un mundo que no está narrado. Busco dar a conocer algo que a mí me gusta llamar una cultura delincuencial. La mayoría de los periodistas sólo trabaja con la versión de la policía, el cable o el informe de la fiscalía. Yo siempre digo que para leer expedientes me hacía abogado, no periodista. Mi objetivo es hacer notas de policiales sin hablar con la policía.

¿Te sentís más antropólogo que periodista?

Me hubiese gustado estudiar antropología, sólo que a los 18 años no tenía la menor idea de que existía la carrera. Mi mundo de la adolescencia fue otro, no estaban esas historias. Con mis amigos no sabíamos quién era Perón, ni el vicepresidente. En la vida en la plaza Terán las noticias de todos los días eran otras: que fulano se internó, que dos se pelearon, que otro cayó preso, que aquél se quedó de gira en la villa. Siento que desde entonces existía un antropólogo dentro de mí queriendo entender y percibir esas costumbres populares.

¿A qué te referís cuando hablás de "periodismo de policiales que nos hace pensar"?

Foto: Ignacio Coló

¿Qué significa que se roben autos? Se roban autos porque vos o yo vamos a Warnes sabiendo que está un poquito más barato. O nos metemos a galerías de Once a buscar celulares que no nos preguntamos de dónde salen... Es tratar de entender por qué alguien delinque. Hacer pensar al lector es contarle que hay tipos que encuentran en eso un método de vida, pero que a la vez no dejan en ciertos aspectos de hacer las cosas de igual manera a cómo las hace él: quieren lo mejor para sus hijos, los cuidan, invierten en un colegio privado, o se enamoran.

¿Por qué algunos siguen robando, aun ricos?

Me parece que está otra vez lo mismo: ¿quién se anima a hacerlo? Pienso que la delincuencia pasa por ahí, por animarse. Y por delincuencia me refiero a la gente que ya tiene mucho dinero que podría invertir y dejar de hacerlo.

¿Te acusan de hacer apología del delito?

(Ríe) No, me preguntan más si no estigmatizo al colombiano. Creo que no subestimo al lector. No escribí una ficción y elegí que transcurriera en Colombia. Yo describo una realidad, todo lo que cuento está basado en casos reales.

¿Hay una doble moral o ideología que avala al delincuente?

Eso está, ocurre, está entre nosotros. Pero jamás justificaría a alguien que se dedica a eso, simplemente me gusta contar las vidas de estas personas.

¿Qué concepto tenés de las cárceles argentinas?

Que no sirven para nada. O mejor dicho, que las personas encargadas de las cárceles no sirven para nada. Los penitenciarios, las personas que se encargan de educación. Por más académico que seas, si vos no mamaste de cerca ese mundo vas a estar completamente alejado y te va a costar muchísimo entender su lógica.

MUJERES PROTAGONISTAS

En la imagen se ve un zapato de taco aguja rosado, feminísimo, coronado por una tobillera electrónica. La señorita fue lectora de La conexión Bogotá y será una de los protagonistas de su nuevo libro, anuncia Gallota desde su cuenta de twitter (@nahuelgallotta).

"Sentía que lo único que se contó fueron historias de mujeres asesinas o de mulitas: una señora que limpió casas toda su vida tenía deudas, aceptó la propuesta de un narco, se subió a un avión y cayó a la cárcel. O la historia de una doña que empezó a vender droga en su casa. Busco contar historias de mujeres que son pistoleras, que se dedican a esto desde siempre y que su vida es a partir del delito. Me encanta porque me encuentro con chicas que van a zumba, que están haciendo cursos de peluquería, que estudian cocina, que sufren por amor, que se hacen cirugías, que les gusta la ropa."

¿Por qué las bandidas quieren dar su testimonio?

Algunas tienen ganas de que se cuente cómo es la vida en la cárcel. Otras quieren que se sepa lo que es criarse entre necesidades. No puede ser por la fama porque nunca utilizo sus nombres y apellidos verdaderos. Creo que también funciona lo psicológico: conversar con alguien, que te presten atención.

Una de las protagonistas de su próximo libro estaba angustiada porque no tenía forma de ir a visitar a su hijo detenido en Marcos Paz. Nahuel la llevó en auto, esperó las dos horas que duró el turno de visita y la condujo de regreso, entrevistándola todo el tiempo. "Te piden lo que te pediría cualquiera: que los valores, que seas considerado y que mantengas tu palabra."

¿Qué sentís con las fotos que te mandan desde penales con tu libro?

Me alegra lo mismo cuando me la manda un chorro desde el penal de Olmos que cuando me la manda un laburante desde un aeropuerto en Miami. Para mí lo lindo es saber que el libro llega a lugares donde no me imaginaba, como la foto que me mandaron de un tipo leyéndolo arriba del Sarmiento.

¿Alguna vez te robaron?

(Duda) No, creo que no, dejame pensar. Sí: una vez me robaron una rueda del auto.

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