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De coltrane a la nueva sangre del jazz

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LA NACION
Domingo 09 de julio de 2017
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Mientras John Coltrane agonizaba en el Huntington Hospital de Long Island, en julio de 1967, Miles Davis, el trompetista con el que grabó algunas de las horas más extraordinarias de la música del siglo XX, asistía a las sesiones finales del que sería su último álbum completamente acústico: Nefertiti. Aunque nadie podía suponerlo entonces, la muerte del gran saxofonista coincidiría con el fin de una época para el jazz. Poco más tarde Miles ya grabaría su primer disco con instrumentos eléctricos, Filles de Kilimanjaro, dividiendo aguas entre público y críticos, y el jazz comenzaría la inexorable fusión con el funk, el rock, e incluso el pop, que marcaría al género durante las siguientes décadas. Herbie Hancock, Keith Jarrett y grupos como Weather Report o Return to Forever dejarían durante los años 70 un rastro de estupendas composiciones, pero aquella era del jazz iniciada con la revolución del bebop, en los 40, y evolucionada luego en el cool, el hardbop y el freejazz, llegaba de algún modo a su fin. Si desde sus orígenes el jazz se había parecido a un caudaloso río que en su comienzo se alimentó de diversas fuentes, tras un largo y sinuoso camino llegaba ahora a mar abierto: sus aguas ya no correrían puras, aunque alimentarían a su vez a otros cursos enriqueciéndolos.

Con excepción de la no exenta de polémica vuelta al pasado de Wynton Marsalis en los 80, el jazz siguió en adelante un camino de diversificación en innumerables subgéneros, al tiempo que perdía masividad. Pero a 50 años de la desaparición de Coltrane, que Carlos Inzillo evoca en esta edición de La Nación revista, el jazz tiene motivos para el optimismo.

Días atrás, un auditorio colmado en el Hunter College de Nueva York ovacionó de pie la presentación de dos de las más promisorias estrellas del momento: el adolescente de 14 años, nacido en Bali, Indonesia, Joey Alexander; y la joven de 27 años nacida en Miami Cécile McLorin Salvant.

Alexander, con dos nominaciones al Grammy en su haber -la primera a los 13 años- es considerado uno de los más excelsos pianistas de jazz del mundo. Su primer disco, My Favorite Things, fue precisamente un homenaje a Coltrane. McLorin Salvant -ganadora del Grammy- es una cantante que hace pocos años descubrió su vocación casi de casualidad mientras estudiaba Ciencias políticas en Francia. Hoy, los críticos la comparan con Sarah Vaughan y las grandes voces femeninas de la historia del jazz. Junto con un puñado de músicos, como Kamasi Washington, que se luce con el mismo instrumento que Coltrane, o Gregory Porter -el llamado "crooner del siglo XXI", que en octubre próximo actuará en el Teatro Coliseo (las entradas están casi agotadas)- representan una nueva sangre para el jazz. La que mantiene vivo al género y en sintonía con el pensamiento inmortal del gran Trane: "En ningún momento hay fin -dijo alguna vez sobre el jazz-. Siempre habrá nuevos sonidos y sentimientos que transmitir".

Afortunadamente hay también quien puede interpretarlos.

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