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Salir para no reincidir, el objetivo del equipo

Las historias de los que encontraron motivación al practicar el deporte

Domingo 02 de julio de 2017
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Santiago Nicolás tiene estampado en su camiseta amarilla su sobrenombre: "Enano". Así le gritan sus compañeros. Tiene 24 años y hace dos y medio que está en libertad. Cumplió una condena de cuatro en la Unidad 48 de San Martín. Sin embargo, aún forma parte de Los Espartanos.

Un día cuando era un interno salió de su celda a trabajar, a juntar la basura de todos los presos. Estaba en el pabellón cinco. "El Chino", un amigo, estaba en el 8, y lo invitó a jugar. "Vi chicos corriendo tras una pelota ovalada y fui", dice. Pero no fue tan simple. Los agentes del Servicio Penitenciario no lo dejaban salir. Entonces, "el Chino" fue todos los martes a buscarlo y lo llevaba a entrenar. La cancha no es la de ahora: era un lodazal.

Ahora que está afuera, "el Enano" trabaja como albañil o hace "changas" de pintura. "Si no estuviera en Los Espartanos, hoy no pensaría en salir a trabajar", dice. Y aunque tenga una hernia, juega igual.

Sueños de libertad

Diego llegó en 2013 al equipo. Tiene 31 años y, ahora, está sentado en las gradas. No juega porque está lesionado. Tiene una costilla fisurada. Pasó por muchas unidades antes de llegar acá. Quería venir a la 48 porque es de San Martín, así podía tener a su familia cerca. "El juego tiene mucho que ver con la vida. Se trata de avanzar. Me gusta el boxeo, pero el rugby te enseña muchos valores, como el compañerismo, la sinceridad", cuenta. Afuera fue boxeador amateur, peleó cuatro veces, ganó dos, empató una y perdió otra. Ahora, busca poder contar con un espacio para entrenar en el penal.

Está cumpliendo una condena de nueve años. Le faltan uno y siete meses para salir. Y cuando eso ocurra, saldrá, como dice, "con lo puesto". Pero también con un vínculo con la Fundación Espartana. Y eso, indica, es importante para conseguir trabajo. Lo sabe porque él ya salió una vez. Al día siguiente ya estaba robando de vuelta. Aunque le parece indispensable tener esa posibilidad, cree que también depende de cada uno, si quiere o no aprovecharlo.

Mira la cancha de césped sintético y sonríe: "Antes en una cárcel no pasaban estas cosas". El deseo de Eduardo Oderigo, el entrenador, el mentor, es que Diego, y todo el resto de Los Espartanos, logren la libertad y no vuelvan a reincidir.

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