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Sin talles grandes: en primera persona

La voz de aquellos para quienes comprar ropa es muchas veces una experiencia frustrante, dolorosa y traumática

Lunes 03 de julio de 2017
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Para miles de mujeres y hombres que buscan talles grandes, salir a comprar ropa en nuestro país puede convertirse en una verdadera odisea. Un largo peregrinar de local en local que suele acabar con las manos vacías o con una prenda que no era la que se quería, sino "la única que les iba".

Ante esta situación, organizaciones sociales y referentes en la temática reclaman que en nuestro país se sancione, cuanto antes, una ley nacional de talles que regule el mercado textil de forma homogénea.

Aunque es una problemática que atraviesa a muchos, son pocos los que la denuncian: algunos de los motivos son la vergüenza y la sensación de que nadie responderá a los reclamos.

Carolina Urtea

Foto: LA NACION

33 años

Profesión: politóloga

"Cuando vas a un local, lo primero que te encontrás es con la cara de la vendedora que ya sabe que no te va a entrar la ropa. Algunas directamente te dicen «no hay talle para vos», con cara de lástima, y otras te traen el talle más grande y claramente no te entra de ninguna manera.

Esto lo que hace es reforzar los estereotipos que todo el tiempo nos muestran las revistas y los medios de comunicación en donde la mujer es una y es flaca. Es un modelo muy marcado, no hay posibilidad de ser diferente.

Hay locales de marcas a las que voy porque sé que hay talle, que son amigables en algún punto. Sabés que ahí te vas a sentir bien porque no te vas a encontrar con esta frustración de querer comprarte algo que te gusta, que está en precio y no poder llevártelo.

Me pasa que si compro ropa afuera, por ejemplo en Estados Unidos, soy un S o un M, y acá en Argentina soy un L, XL o directamente no me entra nada. Tiene que haber algo mal marcado en los talles, que son más chicos de lo que deberían ser."

Leonardo Suárez

Foto: LA NACION

41 años

Profesión: coach corporal

"Siempre me pasó el no encontrar ropa. Aunque no se publicita tanto que el hombre no consigue talles porque generalmente es la mujer la que más compra, para mí aquel sufre más en silencio.

Yo bajé 70 kilos: pesaba 146 y era muy difícil conseguir qué ponerme. Me la pasaba usando pantalones tipo babuchas o de raperos. Me adaptaba a lo que me ofrecía el mercado, que no era lo que más me gustaba, pero era lo que había.

Hoy tengo un cuerpo que no es muy chico, soy un talle 42, pero cuando voy a un local y me dan un 46, se me vienen todos los recuerdos encima: hay un sistema emocional que se activa cuando la ropa no nos entra. No se trata solamente de vestirte.

Cuando voy a un local de ropa, me pasa que las remeras son muy ajustadas y me tengo que comprar un XL en vez de un S o un M para no sentirme 'amatambrado'. Y aún hoy, que estoy flaco, digo '¿XL? ¡Cuando era muy gordo me compraba un XL!'."

Cecilia Rodrigues

Foto: LA NACION

42 años

Profesión: profesora

"Se complica a la hora de conseguir ropa para la edad de uno: encontrás talles grandes, pero sólo en prendas para señoras mayores: por ejemplo, camisas para gente de 60 años que no me pondría nunca.

No me pasa de encontrar algo que me entre de torso, pero que me quede apretado de mangas, por ejemplo, porque soy grandota pero proporcionada. O a veces veo un talle y dice L, pero en verdad es un M.

La cantidad de negocios que tienen ropa para gente que no está dentro de la media, es muy poca. En las empresas más de onda o de marca, ni siquiera figuramos.

Me parece que lo que el mercado me está diciendo es: 'flaca, vos perteneces a un porcentaje muy bajo y si yo hago 10 camisas para los talles grandes, quizás no las vendo'. Me siento excluida. Sé que hoy me quedo afuera de las marcas que lideran el mercado para edades como la mía o de 30."

Ileana Pereyra

36 años

Profesión: fonoaudióloga

"Es horrible cuando te dicen que es el talle más grande y lo mirás y decís 'ahí no entro ni queriendo'. Siento que las vendedoras me miran mal o me dicen que más grande no hay, que vaya a casas de 'señoras'. Es angustiante. Por eso, muchas veces no me llevo nada y después me provoca enojo.

Mi adolescencia estuvo marcada por el auge de las modelos 'lolitas', lo que hizo que prácticamente dejara de comer y me internara a hacer todos los tipos de aeróbicos posibles. Por suerte pude parar a tiempo y menos mal que mi familia estaba atenta.

Me acuerdo una vez, cuando era chica, que entré con mi mamá a un local de jeans y como no había nada que me fuera, me ofrecieron un pantalón de hombre. Ella siempre se acuerda que me quedé como 40 minutos adentro del probador llorando.

Si bien no soy delgada (tengo contextura mediana), no es justo que directamente tenga que elegir algo que no es para mí o que no es lo que quería."

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