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Confieso que sobreestimé al presidente

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The New York Times
Lunes 03 de julio de 2017
Foto: Reuters
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NUEVA YORK.- Tengo que confesar que sobreestimé a Donald Trump . Alguna vez me envió una copia de una columna mía que lo había disgustado, con algunas anotaciones sugiriendo que yo era "una perra y una mentirosa con cara de chancho". Como tuve muchas oportunidades de servirme de esa historia desde el momento en que Trump se convirtió en candidato, por mí está bien. Pero tengo que admitir que nunca pensé que seguiría haciendo ese tipo de cosas como presidente.

Esta semana Trump se sintió agraviado por los presentadores Mika Brzezinski y Joe Scarborough, del programa Morning Joe. Así que arrancó por , insultándolos a ambos. Ellos son perfectamente capaces de defenderse solos, pero el país, como sabrán, es una cosa bien distinta.

Cada vez que ocurre uno de esos desastres tuiteros, nos acordamos por la fuerza de que el presidente de Estados Unidos parece tener el autocontrol de un chico patotero de 10 años que digiere la frustración de no haber pasado a cuarto grado atormentando a los más chicos en el patio.

Foto: Reuters / Jim Bourg

Los tuits se produjeron alrededor de las 9 de la mañana de un día de semana y creo hablar por casi la totalidad del pueblo norteamericano cuando me pregunto si a esa hora el presidente no debería estar manteniendo reuniones de trabajo.

La posición oficial de la Casa Blanca parece ser que Brzezinski se lo merecen por haber dicho maldades del presidente. En la pequeña banda de patéticos defensores de Trump encontramos a Dan Scavino, a cargo de las redes sociales de la Casa Blanca, que también denigró a los periodistas. Acá el mensaje importante es el siguiente: a) que el experto en redes sociales de la Casa Blanca piensa que estirar el tema es una buena idea, y b) el experto en redes sociales de la Casa Blanca antes era el caddie de golf de Trump.

Muchos altos dirigentes del Partido Republicano expresaron su estupor por lo que obviamente fue un insulto sexista, pero eso no alcanza para nada. Al fin y al cabo, se trata del mismo partido que hace poco presentó en el Senado un proyecto de ley de salud redactado por un comité de 13 hombres. En boca de los republicanos, cualquier variante del "¡Oh, mi Dios"! tiene sabor a poco. Lo mínimo que podrían hacer es juntarse a rezar en los jardines de la Casa Blanca.

Traducción de Jaime Arrambide

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