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Con otro título, Alemania le muestra a la Argentina los frutos de la coherencia y la evolución

La metodología teutona lleva más de una década con un plan en el que la Federación, el fútbol base y los seleccionados se aplican a un renovado estilo de juego; la convicción para sostener en el tiempo un rumbo y una idea

Lunes 03 de julio de 2017
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LA NACION
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Mientras varias de sus figuras descansaban en vacaciones, el joven plantel de Alemania marcó un hito al conquistar en Rusia la Copa Confederaciones: le ganó 1-0 a Chile
Mientras varias de sus figuras descansaban en vacaciones, el joven plantel de Alemania marcó un hito al conquistar en Rusia la Copa Confederaciones: le ganó 1-0 a Chile.

Integrante del séquito de Gianni Infantino en su condición de leyenda del fútbol, Diego Maradona felicitó e intercambió algunas palabras sobre el césped del San Petersburgo Stadium con el director técnico campeón Joachim Löw, que condujo a una juvenil y novata Alemania a la conquista de la Copa Confederaciones tras vencer 1 a 0 a Chile. La Mannschaft completó así el trébol de grandes títulos en seleccionado mayor; una corona que se suma a los mundiales 1954, 1974, 1990 y 2014, y a las Eurocopas 1972, 1980 y 1996.

La imagen de Löw y Maradona juntos, ambos ahora en funciones tan diferentes, sirve como contraste de la última década entre la coherencia y la evolución del seleccionado alemán, y la desorientación y estancamiento del argentino. No tanto en cuanto a los resultados, porque el subcampeonato mundial y los otros dos en las copas América dan cuenta de equipos argentinos competitivos. Pero sí en lo referente a la planificación, convicción para sostener en el tiempo un rumbo y una idea, la elección de los profesionales adecuados y el respaldo de una Federación que se ocupa desde la base de la pirámide, las categorías formativas, hasta su producto estrella: el seleccionado. Eso es Alemania desde hace unos cuantos años y lo ratifica puntualmente. La Argentina no puede presumir de nada de eso; sólo de tener a Messi y a otras figuras internacionales a las que nadie hasta ahora terminó de aprovechar debidamente en forma colectiva para poder levantar un trofeo.

Con otro estilo, en el que mixtura su tradicional excelencia atlética y rigor táctico con una vocación más acentuada por el toque y la posesión, Alemania se está transformando en un cuco para todos. Lo sufre el planeta y lo padeció la Argentina en los últimos tres mundiales. Alemania nos aplicó siempre el mismo modelo, el que cultiva con esmero e ininterrumpidamente, y nosotros no pudimos con diferentes libretos.

La peor frustración fue justamente la que enfrentó a Löw y Maradona en los cuartos de final de Ciudad del Cabo en 2010: un 4-0 en el que la Argentina fue un equipo fracturado, con una defensa y un ataque como compartimentos estancos, y un rival que se hizo un picnic de control y contundencia. Fue una paliza estratégica,

Löw integraba el staff técnico que comandaba Jürgen Klinsmann en el Mundial 2006, cuando empezaba a despuntar en su nueva concepción del juego este fenómeno futbolístico alemán. Fue derrota por penales en el Olímpico de Berlín. Al conjunto de José Pekerman le faltó un poco más de ambición, pasó por el infortunio de la lesión de Abbondanzieri, se guardó en el banco a un Messi con 19 años y pagó un reiterado déficit en el puesto de marcador lateral, con un Coloccini improvisado sobre la banda derecha, incapaz de impedir el centro para el empate de Klose.

Otra vez Löw ejerció de verdugo hace tres años en la final del Maracaná. El DT alemán seguía viendo pasar colegas en el banco argentino. Era el turno de Alejandro Sabella, que a partir de octavos de final armó una estructura más sólida y compacta, que garantizaba fiabilidad defensiva y tenía dos o tres balas por partido en ataque. Esa tarde las malgastaron Higuaín y Palacios, y cuando el suplementario empezaba a pesar en las piernas, un fresco Götze dictó sentencia.

Maradona, protagonista de la entrega de premios de la Copa Confederaciones que ganó Alemania
Maradona, protagonista de la entrega de premios de la Copa Confederaciones que ganó Alemania. Foto: AP

Todo esto de Alemania no es flor de un día, se explica yendo atrás en el tiempo. En la ceremonia de premiación de ayer se paseó Olivier Bierhoff, que ejerce de secretario técnico. Acá conviene señalar un asunto que no es menor: al fútbol teutón no le faltaban historia, pergaminos y laureles como para creerse que ya tenían la fórmula del éxito antes de este relanzamiento. De la época en que triunfaba mucho y gustaba poco es la célebre frase del inglés Gary Lineker: "El fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania".

Cuando empezaron a flaquear en los resultados (fracaso en la Eurocopa de Portugal 2004), Alemania revisó su sistema y tuvo la humildad de salir a aprender, de modernizarse, de ponerse al tanto de nuevas tendencias. Rechazó el ombliguismo. No se quedó con lo que tenía. Hace un tiempo, en una entrevista de LA NACION, Roberto Ayala reveló la conversación que tuvo con Bierhoff, ex compañero en Milan: "Siempre me cuenta que ellos vinieron a principios de la década pasada a la Argentina a ver cómo trabajaban las selecciones juveniles, querían tomar ideas para la refundación que planeaban del fútbol alemán. Dábamos ejemplo al mundo en la época de Pekerman".

Directores técnicos del fútbol base viajaron a España, Francia y Holanda para tomar nota de los sistemas de trabajo en cuanto a la formación y captación. Löw expresó que el español era el modelo a seguir. En 2007 se da otro paso: se les abre las puertas a los hijos de inmigrantes. Con Özil a la cabeza, se fueron incorporando hijos de turcos, balcánicos, sirios.

A partir de 2008-09 llegan en las categorías Sub 17, 19 y 21 los títulos que no se conseguían desde hacía 25 años. La mayor no baja de semifinales desde 2010 en mundiales, Eurocopa y Confederaciones. Y la Argentina ahí, intentando otra vez arrancar, con otro viaje a las antípodas: de Bauza a Sampaoli. Si el fútbol nos vuelve a cruzar, del otro lado estará Löw.

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