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Renunció al mandato familiar de ser gerente para cumplir un sueño

Cuando Martín llegó a tener el puesto que tanto anhelaba se dio cuenta que la felicidad era otra cosa y se animó a dejar todo para dedicarse a lo que realmente le apasionaba

Martes 04 de julio de 2017 • 00:36

"Mi vida se vio marcada por la tarjeta de negocios de mi padre que decía 'socio Gerente'". Con esas palabras se presenta Martín. De chico, cuando le preguntaban qué quería ser de grande él respondía sin titubear: "Gerente". Ni siquiera sabía bien qué significaba esa palabra, sólo sabía que quería ser como su padre: ponerse cada mañana un traje elegante, tener personal a cargo y volver tarde.

En plena acción, preparando los platos para servir a los comensales
En plena acción, preparando los platos para servir a los comensales.

Y lo logró, pero en ese preciso momento donde sintió que "había llegado" se dio cuenta que eso no era lo que él quería sino lo que el afuera le había impuesto.

El camino hasta convertirse en "Gerente"

Martín fue a uno de los mejores colegios de Rosario, al politécnico que había tenido como alumno ejemplar a su padre. Sin embargo, duró poco. Le costaba permanecer atento a las clases y siempre terminaba escapándose.

Finalmente lo cambiaron a una escuela de barrio, donde decidió su futuro: estudiaría Administración de Empresas.

En la facultad fue un estudiante promedio. Sus calificaciones no destacaban del resto pero le alcanzaban para ir aprobando materias y acercándose al título.

En sus ratos libres disfrutaba de cocinar, mirar televisión y leer revistas de gastronomía. Sus ídolos eran Francis Mallmann, Ramiro Rodríguez Pardo y el Gato Dumas. Todos vestían de blanco, como su abuelo panadero. Por eso, le resultaban tan familiares como fascinantes.

En algún lugar Martín sabía que quería ser como ellos. Incluso, la primera vez que subió las escaleras de mármol de la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario se prometió que cuando obtuviera el título iba a estudiar gastronomía. Era una cuenta pendiente.

Los primeros pasos

Durante años ese pensamiento estuvo en la cabeza de Martín pero la inserción en la vida laboral fue desdibujando sus sueños.

Gracias a un amigo de la facultad que lo recomendó, consiguió su primer trabajo: responsable de marketing de una empresa de medicina prepaga. Después pasó a ser administrador de un retail y finalmente consiguió un puesto como responsable de comercialización en el shopping más importante de la ciudad.

Su mujer lo incentivó para que cumpla su sueño
Su mujer lo incentivó para que cumpla su sueño.

Mientras tanto Martín cocinaba. Siempre cocinaba. Dedicaba todos sus ratos libres a idear platos y elaborarlos para agasajar a sus amigos.

En ese momento conoció a su mujer, que le dio confianza y lo incentivó para que convirtiera el hobby en una profesión.

El nacimiento de su sueño

En cuanto Martín terminó la carrera se anotó en el Gato Dumas. También pidió un préstamo y compró todo el equipamiento necesario para poner su propio restaurante a puertas cerradas. Lo bautizó Cuadra Bistró y lo instaló en la antigua panadería de sus abuelos.

De lunes a viernes vestía traje y los fines de semana se ponía el delantal de cocinero para recibir a los comensales. El desafío fue enorme y después de un año de trabajar los siete días de la semana terminó con un pico de estrés.

La cava de Cuadra Bistró
La cava de Cuadra Bistró.

"¿Estaré haciendo las cosas bien?"

Martín recuerda ese período como el peor momento de su vida. Sentía que no podía más, quería renunciar a todo. Finalmente recibió la oferta de ser gerente de un nuevo shopping que estaba por abrir en la ciudad. Era un trabajo muy bien pago, que implicaba dedicación total y mucha responsabilidad. ¿La consecuencia? Dejó el restaurante.

Dieciocho meses tardó Martín en darse cuenta de que se había equivocado, que estaba mal gastando su tiempo en un trabajo que no lo hacía feliz. Fue ahí que decidió enfocarse de lleno en Cuadra Bistró, darle vida como el restaurante se merecía y no sólo un par de noches a la semana.

Hace poco se cumplieron siete años desde que el restaurante abrió por primera vez sus puertas, desde que Martín decidió dejar los mandatos familiares para ser feliz.

Además, tiene una empresa de comidas envasadas al vacío y da clases de cocina: "Hoy tengo mi propia empresa, soy mi propio gerente, tengo una mujer con quien compartir mi vida y una hija en camino".

El Lado B de la gastronomía

Valeria Erlich, chef y propietaria de Punto Letra Catering y PL Deli Café, cuenta el lado B de ser tu propio jefe en gastronomía. Inestabilidad financiera, trabajar cuando todos descansan y estar muchas horas paradas son algunos de los contratiempos. Escuchá el audio completo.

Si viviste alguna una experiencia que mejoró tu bienestar y calidad de vida y querés compartirla en esta columna, escribí a Bienestarlanacion@gmail.com con todos los datos que te pedimos acá.

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