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De la caza y la pesca a la casa y el auto

Martes 04 de julio de 2017 • 01:41
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Hacía frío y debía asistir a una reunión en la City. No tenía ganas de caminar en busca de un taxi. Lo resolví con Uber. Con el celular, fui monitoreando su recorrido hasta que llegó a casa. Bajé en el momento exacto, cuando el chofer llegaba. Habían pasado solo 5 minutos. Subí a un Citroën nuevo y calefaccionado.

Axel era el conductor. Se definió como "un trabajador independiente amigo de las nuevas tecnologías". Su poder de síntesis motivó esta nota: Cómo un ser humano se las ingenia para hacer frente a las adversidades y generar un ingreso transformando lo que tiene a su alcance.

La obtención de alimentos antes y ahora

Nuestros antepasados nómades que poblaban la Sabana africana no tenían opción: cazaban o eran cazados. Necesitaban matar animales para comer y no morirse de hambre. Así fue como construyeron lanzas y cañas de pescar con maderas y otros elementos. Desarrollaron tecnología para subsistir en un hábitat muchas veces hostil.

Actualmente, nuestras necesidades son distintas en la forma, pero no en el fondo: Debemos "salir a la calle" a generar recursos para poder acceder a bienes y servicios básicos como la casa, la comida, la ropa, la educación y la salud.

Si bien en este escenario no se observan grandes depredadores que esperan agazapados para darnos el zarpazo, el crecimiento del desempleo y la inflación significan obstáculos que solo se pueden sortear con ingenio y perseverancia.

Nuestra mejor estrategia consiste en "apalancarnos" con las nuevas tecnologías para utilizar las herramientas que tenemos a disposición. Axel lo hizo y pudo capear la tormenta transformando pasivos en activos. Veamos cómo.

¿Te comen o te dan de comer?

Según las definiciones contables tradicionales, activo es lo que tenemos dentro de nuestro patrimonio mientras que pasivo es lo que debemos.

Las nuevas corrientes de las Finanzas Personales, en cambio, platean un enfoque donde activo es "lo que te da de comer" y pasivo es "lo que te come".

Nuestro amigo Axel debió abandonar sus estudios en el tercer año de la carrera de Ingeniería industrial para trabajar en una empresa de autopartes. Eso ocurrió hace más de una década. Todo iba bien hasta que a mediados del año pasado la empresa decidió reducir el personal y él pasó a ser un desempleado más.

Esta difícil situación que atraviesan muchos argentinos lo encontró siendo propietario junto con su esposa de un departamento de tres ambientes ubicado en Villa Crespo y de un coche nuevo que había comprado unos meses antes de que lo despidieran.

Por suerte, su mujer conservaba el empleo, pero claramente un único ingreso no alcanzaba para solventar los gastos de la pareja. Hablamos del dinero que se va, por ejemplo, en el mantenimiento de la casa (desde arreglos hasta productos de limpieza) y del auto (combustible, garaje, seguro, etc), además de los impuestos que se pagan por poseer ambos bienes.

Para ponerlo en los términos utilizados más arriba, la casa y el auto "se comían" una parte importante del ingreso de la mujer, dejando a la pareja sin recursos suficientes para comprar ropa, alimentos, etc.

La crisis de ingresos llevó a Axel y a su esposa a comprender la naturaleza de ambos bienes: Tanto la casa como el auto estaban funcionando como pasivos. Fue entonces cuando él se propuso aplicar las nuevas tecnologías para trabajar por su cuenta, sin depender de jefes ni horarios ni empleadores que decidieran sobre su destino.

Luego de investigar distintas alternativas, decidió probar con Airbnb alquilando su cuarto libre a turistas y con Uber poniendo a trabajar su auto con él como chofer. Sin saberlo, estaba explotando los últimos desarrollos tecnológicos para transformar en activos sus dos pasivos principales: La casa y el auto.

Es curioso: La mayoría de la gente cree que su vehículo y su vivienda son activos en los que invierte su capital. Ya vimos que no es así, aunque las app pueden terminar convirtiendo en correcta aquella afirmación errónea.

Lo cierto es que Axel saltaba trabas burocráticas y se conectaba directamente con consumidores de los servicios que él podía ofrecer. Además, según su propio relato, lograba generar los mismos ingresos que en su anterior empleo, aunque en menos cantidad de horas semanales. Es más, sabía explotar la sinergia existente entre ambos servicios: Los mismos turistas que alojaba se convertían en sus pasajeros. Los iba a buscar al aeropuerto, los llevaba de regreso, oficiaba de guía y más.

Para mi sorpresa, su inmersión en el mundo tecnológico era tal que aceptaba el pago con bitcoins, la más difundida de las criptomonedas. La innovación tecnológica era, claramente, su aliada.

Aclaraciones y conclusión

A pesar de que en abril la Justicia dictaminó que la empresa Uber no estaba autorizada a operar en la Argentina, el servicio continúa ofreciéndose en Buenos Aires prácticamente sin interrupciones, al tiempo que es furor en Estados Unidos y Europa.

Frente a este debate, el Gobierno se encuentra en una encrucijada. Por un lado, tiene en sus filas a conocidos emprendedores, quienes alientan con fervor el desarrollo de las nuevas tecnologías que facilitan la vida de la gente. Por el otro, aparecen los gremios de taxistas y las asociaciones de empresarios del sector hotelero, quienes presionan para que los negocios de estas multinacionales no prosperen.

Prohibir el uso de estas aplicaciones equivale a tapar el sol con las manos: Uber, Airbnb y otros desarrollos ofrecen innumerables beneficios tanto para el consumidor como para el oferente. En consecuencia, más temprano que tarde se terminarán imponiendo en la sociedad.

Vivimos en un mundo cambiante, cuyos avances nos plantean desafíos. Los oligopolios que brindan servicios deficientes y costosos tienen sus días contados. Solo el lobby puede demorar su final. Incluso en el campo financiero, las entidades bancarias saben que en un tiempo perderán sus beneficios a mano de los intermediarios virtuales que cobren comisiones mínimas por mantenimiento de cuenta, operaciones de inversión o transferencias.

En el mundo desarrollado, vemos cómo incluso el bitcoin y otras criptomonedas van ganando terreno a fuerza de múltiples beneficios, entre ellos, la reducción de costos.

Mientras tanto, algunos elijen lanzarse al ruedo sabiendo que tienen poco para perder y mucho por ganar, utilizando las lanzas y cañas modernas para subsistir con dignidad.

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