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La pasión lo llevó a viajar de Buenos Aires a Lima para concretar su amor

Conocerse a través de internet fue el principio de una pasión que intentaron concretar en busca del amor

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Miércoles 05 de julio de 2017 • 14:38
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Foto: Pixabay

Morocha de pelo largo y lacio, tez cobriza, mirada expresiva, inteligencia refinada. Ella reunía todas las características que él, un enamorado del amor, había buscado siempre en una mujer. "Nos divertíamos mucho cuando hablábamos. Leíamos juntos un libro de filosofía, teníamos una química infernal. Además me encantaba su cuerpo", recuerda Mariano. Se habían conocido en las redes sociales. Él, con un pie en Buenos Aires y otro en Colonia, pasaba muchos momentos de soledad. Separado y con hijos adultos, luego de relaciones varias que no prosperaron, se distraía navegando en la internet con la esperanza de conocer alguna vez a "la mujer de su vida". Y una noche la encontró. Ella vivía en Lima y también estaba atravesando un momento de soledad.

Inmediatamente comenzaron a chatear y muy rápido quisieron hablar a través de la cámara, verse. Los diálogos subieron en intensidad en todos los sentidos. Desde sus computadoras dieron rienda suelta al erotismo y al deseo contenido y la relación virtual pasó a otro nivel. Pasaron los días, las semanas y la pasión cada vez era más desbordante. Y él, en un rapto de pasión sacó pasajes para visitarla en Lima el mismo día que ella le aseguraba que no quería una relación virtual. Las horas compartidas de diálogos maravillosos pronto comenzaron a darle forma a un proyecto juntos y que simplemente -o no tanto- dependía de que se conocieran personalmente. "Era algo hermoso y delirante a la vez. Es que ambos coincidíamos en que no queríamos una relación virtual ni a la distancia. O nuestro encuentro era el comienzo de una vida juntos y en el lugar que acordaríamos, o no era nada", dice él.

Tomar el vuelo a Lima fue una de las experiencias más emocionantes que él recuerda en los últimos años. Finalmente vería en persona a su morocha de ojos expresivos. La tendría en sus brazos, sentiría el calor de su cuerpo. "Ella me fue a buscar al aeropuerto y el flash fue inmediato. Éramos dos volcanes en erupción que no atinábamos a sacar el auto del estacionamiento. No podíamos parar de tocarnos, abrazarnos y besarnos". Fueron sin escalas directo al hotel 5 estrellas que habían reservado con anticipación. Allí pasaron dos noches de pasión desenfrenada: el fuego interno los consumía, se amaron sin límites, exploraron cada rincón de sus cuerpos y conocieron el sabor del éxtasis. "Fue tan lindo e intenso que proyectamos nuestros siguientes encuentros para profundizar nuestro conocimiento mutuo, hasta estimar nuestra definitiva convivencia para aproximadamente los siguientes seis meses", asegura él.

Foto: Pixabay

La separación y vuelta a casa fue difícil pero muy pronto volverían a verse. La fecha programada estaba prevista para fines de diciembre: habían planeado pasar las fiestas juntos en Buenos Aires. Pero, por esos misterios del destino la distancia les jugó una mala pasada. "Sufrí la separación mucho más que ella y de seductor inteligente me transformé en un torpe adolescente demandante que no se daba cuenta que estaba arruinando todo lo logrado", confiesa él con cierto arrepentimiento. Ella se desencantó, dio por terminada la relación a la distancia y cortó todo tipo de contacto. "Sentí morir como nunca, fue la primera vez en mi vida que me tuve que medicar para conciliar el sueño algunas horas. Caminaba por las calles mientras derramaba lágrimas que no podía contener", recuerda.

Pero el corazón no entiende razones y él, fiel a su esencia decidió tomarse vacaciones para ir a buscarla nuevamente a Lima, allí donde sus cuerpos se habían fundido en un mismo deseo. Él necesitaba que ella le dijera a los ojos que no quería verlo nunca más. "Mi tímida esperanza era que, conmigo allí, podríamos revivir lo compartido y recomenzar por donde nos habíamos perdido. Por lo apasionado que soy, sólo cabía ir en búsqueda de la felicidad o hundirme al chocar con su rechazo... era a todo o nada. Entonces tomé valor y me convencí de que no podía seguir así: debía dar la vuelta de página".

A todo o nada

Pasaron tres meses de desconsuelo, llanto y de comprender que el dolor en el alma también afecta y lacera el cuerpo. Finalmente llegó el día de viajar a Lima, aunque esta vez las circunstancias eran claramente diferentes. "Llegó el día en que lo intentaría. Para que no me pudiera reconocer si la llamaba, a primera hora fui a comprarme un celular con línea local. Apenas salí, busqué con mucho nerviosismo el mejor lugar y momento para llamarla. Marqué su número... mi corazón se aceleraba, cerré lo ojos y del otro lado apareció su voz inconfundible: era el contestador, no podía dejar mensaje, sólo colgué hasta otro intento más tarde".

Desesperado, buscaba sin suerte otros motivos para quedarse en Lima. Era tan solo el primer día y él, ilusionado, había apostado a quedarse 15 días por si llegaba a tener éxito en su aventura. Pero la cabeza no dejaba de dar vueltas. ¿Y si fracasaba el primer día? ¿Qué iba a hacer luego? Era desesperante tan solo de imaginarlo. Y de repente, el ruido interno se detuvo. El celular comenzó a sonar. ¡Era ella que devolvía la llamada! "Hola, le dije. Estoy en Lima, necesito verte". Su incómodo silencio inicial mutó a aceptar con buena predisposición un encuentro al día siguiente para almorzar. Pero aunque el almuerzo se perfilaba como un pequeño tirunfo era necesario planificar minuto a minuto el encuentro. Probablemente esa fuera la única oportunidad para reconquistar el corazón de esa mujer que lo había cautivado desde el primer momento. "Necesitaba volver a las fuentes, mostrarle que estaba allí el verdadero hombre que ella había conocido, que el que a la distancia se puso cargoso fue una excepción que no se repitiría. Seductor, inteligente, descontracturado, una versión cool de mí que tan buenos resultados me había dado. En la charla evitaría toda referencia a lo sucedido al separarnos y me concentraría en mi principal objetivo: que ella tuviera ganas de verme una segunda vez", explica con un dejo de entusiasmo.

Finalmente, llegó el día. Se saludaron con un beso distante. Él, fiel a su estrategia, puso en práctica lo planificado: charla distendida, mostrándole que estaba entero por más que por dentro temblara. Almorzaron en la playa. Ella había ganado algunos kilos, pero seguía hermosa con su pelo negro azabache y sus facciones perfectamente dibujadas a los ojos de su enamorado. Él, por su parte, había adelgazado demasiado. Ya nada iba a ser igual. La charla fue por momentos incómoda hasta que ella confesó que aquel encuentro que habían tenido había sido una locura y que nunca debió haberse involucrarse con alguien a la distancia. "Me resultaba tan difícil de entender que la misma mujer que se había estremecido de gozo conmigo hacía tan pocos meses era ahora una piedra insensible de frases contundentes. Me bajé devastado del auto".

A los pocos días lo intentó por última vez: la llamó para rogarle un último café, sólo para intentar comprender qué había pasado y no volver a cometer los mismos errores. "No es mi problema", le dijo seca y fría. Así dio por finalizada la charla y todo contacto. Pasó el tiempo. Si bien jamás él pudo borrar las huellas del dolor que sufrió, siguió adelante y salíó fortalecido. "Al repasar aquel viaje a Lima, reparé en que nunca logré mi principal meta en caso de tener que enfrentar un fracaso: que ella me mirara a los ojos en aquella bella playa limeña y me dijera: no te quiero ver nunca más. Pero ella jamás se sacó los anteojos oscuros para mirarme a los ojos. ¿Cómo arrepentirme de actuar con pasión y de darlo todo? Nunca lo hice ni lo haría y agradezco a la vida haber tenido que atravesar estas situaciones por más duras que puedan ser. Porque, como gritó Alterio en aquella maravillosa escena: la puta que vale la pena estar vivo!".

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