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La nueva FIFA, a semejanza de la vieja

PARA LA NACION
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Ezequiel Fernández Moores
Miércoles 05 de julio de 2017
Putin y Trump
Putin y Trump. Foto: S. Domenech
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En su primer viaje como presidente de la FIFA, Gianni Infantino, toda una señal, voló a Cardiff en Easy Jet. Dos meses después, sin embargo, fue a ver al papa Francisco en un avión privado de 64 millones de dólares, un Dassault Falcon 7X, supuestamente, propiedad de Alisher Usmanov, el millonario ruso dueño del 30 por ciento del Arsenal y muy cercano al presidente Vladimir Putin. Fue la primera denuncia contra Infantino ante la Comisión de Ética. La segunda fue por presionar para que la Confederación Africana (CAF) eligiera como presidente al desconocido pero aliado Ahmad Ahmad, de Madagascar, y destronara el reinado de casi treinta años del camerunés Issa Hayatou. Hubo acaso más denuncias. Pero Infantino echó a los jefes de la Comisión de Ética, el alemán Hans-Joachim Eckert y al rumano Cornel Borbely. El griego Vassilios Skouris y la colombiana María Claudia Rojas, los nuevos integrantes, eligieron revolver el archivo. Publicaron íntegro el "Informe Michael García" sobre la polémica reunión de 2010 que votó por los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022. Sucedió en tiempos de Joseph Blatter.

Si Donald Trump hubiese designado a Michael García como nuevo director del FBI, como se rumoreaba hasta semanas atrás, la FIFA acaso hubiese formado parte de la primera reunión que el presidente de los Estados Unidos celebrará con Vladimir Putin este viernes en el G-20 de Hamburgo. Es el mismo García cuyo informe, que la FIFA mantenía secreto y cuya publicación fue anunciada como una bomba la semana pasada, terminó siendo casi un juego de niños comparado tras los arrestos del FBI. García, fiscal de Nueva York de 2005 a 2008, ya era señalado por su control deficiente en la gravísima crisis de Wall Street de 2008. Al año siguiente García se mudó a un bufete estrella y pasó a defender a quienes antes debió haber vigilado. En la FIFA, en lugar de investigar por ejemplo a Jack Warner, rey eterno de la Concacaf y siempre apoyado por Blatter, García apuntó contra el qatarí Mohamed Bin Hammam, que aspiraba al trono de Sepp. Luego, por la quiebra de ISL, liquidó a João Havelange y Nicolás Leoz, no a Blatter, que fue sobreseído por el binomio Eckert-García. Y, finalmente, cuando Michel Platini asomaba como nuevo enemigo, García investigó especialmente el liderazgo del francés en el voto europeo que apoyó a Qatar 2022. Blatter, eterno, hacía gestiones para retirarse con el Premio Nobel de la Paz.

Rusia 2018 no colaboró (destruyó computadoras y prohibió a García que pisara Moscú). Y Qatar admitió que Hammam ofreció ayudas pero que eran para su campaña personal en la FIFA, no para la candidatura mundialista. Inglaterra y Australia, que dilapidaron 76 millones de dólares por apenas dos votos, sí confesaron en cambio a García las pruebas de su propio fracaso. Inglaterra admitió que, entre otros favores, llegó a conseguirle trabajo en el club Aston Villa a un "hijo adoptivo" de Warner. Y hasta implicó en negociaciones antirreglamentarias al ex premier David Cameron y al príncipe Guillermo. Australia, a su vez, confesó donaciones en África y Oceanía y un desvío de 500.000 dólares a una cuenta personal del inefable Warner. Peor parado quedó en realidad Franz Beckenbauer, que no se mancha personalmente, sino a través de sus socios Fedor Radmann y Andreas Abold. Pero el Kaiser, claro, no es caribeño. Es alemán.

Beckenbauer, cuenta García, recibió pendientes y demás obsequios de otras sedes, como Japón. Igual que Leoz, Ricardo Teixeira, Platini y muchos más, entre ellos, claro, también Julio Grondona. Son tonteras al lado de las presiones de los gobiernos de Francia y Alemania, porque el gas ruso y el petróleo qatarí son más importantes que el fútbol. Y son tonteras también al lado de los sobornos que la TV pagó a muchos de ellos en paraísos fiscales. Una trama que, inevitable, también terminó con Blatter. Pero que fue descubierta por el FBI, no por García. El ex fiscal neoyorquino, poco menos, debió pedir de rodillas que Grondona lo atendiera. Peor aún, admite el propio García en su informe, lo trató el español Ángel Villar. "¿Quién empezó esta investigación? ¿Fue usted señor García? ¿Fue la FIFA? ¿Fue el presidente? ¿El secretario general? ¿El comité ejecutivo? ¿El Congreso? ¿La prensa? Quiero saber quién dio la orden. Quién está detrás de esto". A Villar, eso sí, la Comisión de Ética lo multó con 25.000 francos suizos, porque, además, le reclamó a García: "Dios mío, tiene cojones". Muerto Grondona, Villar es vicepresidente senior en la nueva FIFA de Infantino.

Nuevos protegidos, candidatos amigos, investigadores echados, patrocinios oportunos de Rusia y Qatar y Mundial 2026 con 48 equipos y para Estados Unidos (con México y Canadá). También todo eso es parte de la nueva-vieja FIFA. Estallan denuncias de doping de Estado, pero eso parece hoy más geopolítica que deporte, como la votación de los Mundiales. A Rusia irán todos. Invitado personal de Putin, Blatter, eso sí, aclaró que él no está de acuerdo con el VAR, la novedad de Infantino para que, al menos dentro del campo, todo sea ahora más trasparente. "Hay que dejar -aconseja el ex presidente- que el árbitro se equivoque."

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