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Un desafío al ego del magnate y un largo camino por recorrer

Miércoles 05 de julio de 2017
PARA LA NACION
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PEKÍN.- "Eso no va a ocurrir", prometió el presidente norteamericano Donald Trump desde Twitter después de que el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, anunciara la prueba de un misil intercontinental antes de fin de año. El reto lo ganó el líder norcoreano y le sobraron cinco meses. El lanzamiento de ayer atenta contra el inflamado ego de Trump y coloca por primera vez el territorio estadounidense a tiro de los misiles norcoreanos.

Por ahora sólo es Alaska, separada del resto del país por el largo paréntesis canadiense, así que las recurrentes imágenes propagandísticas norcoreanas que muestran Nueva York o Washington destruidas por sus armas nucleares son aún lejanas. Pero supone un paso adelante en la estrategia de Pyongyang de dotarse de un misil intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés) que arrastre a Estados Unidos a la mesa de negociaciones.

El camino recorrido es apreciable, especialmente para un pequeño país empobrecido, estrangulado por las sanciones internacionales y con problemas serios de malnutrición. Pero la meta está aún lejos.

Trasladar una bomba atómica al otro lado del planeta exige dos elementos. El primero es una ojiva que pueda ser calzada en un misil. La bomba tiene que ser miniaturizada hasta los 60 centímetros de diámetro y los 700 kilos.

El segundo es un ICBM dotado de protección contra las vibraciones del despegue y las presiones en el reingreso a la atmósfera. Y si sigue entero entonces, aún queda pendiente el asunto de la puntería. No hay ninguna evidencia de avances en esas complejas tecnologías que a otros países más desarrollados les costó décadas dominar. "Las presiones que un vehículo experimenta en la reentrada en la atmósfera son extremas y no son fáciles de solucionar", explicó Markus Schiller, experto en el programa norcoreano. "Y sobre la puntería, sólo puedes perfeccionarla después de haber lanzado varios misiles y ver dónde cayeron", añadió.

En el programa nuclear norcoreano se confunden deseo y realidad sin que sea fácil distinguirlos. El último desfile militar en Pyongyang sirvió de escaparate para sus últimos avances: un nuevo ICBM, proyectiles lanzados desde submarinos para dificultar su detección.

Corea del Norte también ensayó últimamente con proyectiles de combustible sólido, que posibilita el lanzamiento en ráfagas para eludir los escudos antimisiles. Pero en ese desfile también se vio el cono tembloroso de un cohete. No era la primera vez que Pyongyang mostraba armamento de cartón.

La prensa suele aliñar las informaciones del programa norcoreano con gráficos, misiles de nombres abstrusos y órbitas que cruzan el planeta hasta golpear Estados Unidos. Un examen más templado relativiza la interesada exageración de Pyongyang y Washington. La primera, porque necesita subrayar sus logros ante su pueblo. La segunda, para justificar sus elefantiásicos aumentos en presupuesto de defensa y el despliegue en el patio trasero chino.

El altavoz propagandístico norcoreano es tan fragoroso en los logros como silencioso en los descalabros. La población que hoy celebra la prueba del ICBM ignora que sólo uno de los ocho misiles de medio alcance Musudan fue lanzado con éxito el pasado año. Algunos explotaron tras un breve vuelo gallináceo y otros en la misma lanzadera. Webs estadounidenses que escrutan imágenes de satélite sostienen que causaron la muerte de operarios. Si Corea del Norte tiene problemas para hacer volar misiles de medio alcance vacíos, parece complicado que atine con un ICBM con una ojiva.

Así es fácil imaginar el sudor frío de los operarios antes de apretar el botón de lanzamiento.

Putin y Trump se reunirán en Hamburgo

El presidente ruso, Vladimir Putin, y su par estadounidense, Donald Trump, celebrarán pasado mañana una reunión en Hamburgo (Alemania), donde ambos participarán en la cumbre del G-20. "Acordamos el 7 de julio", dijo Yuri Ushakov, asesor del Kremlin para asuntos internacionales, al ponerle fecha a una de las reuniones más importantes, y más esperadas, de la diplomacia internacional. El Kremlin y la Casa Blanca llevan negociando la reunión entre ambos mandatarios casi desde que Trump asumió el cargo a principios de año, aunque desde el primer momento se sugirió que sería en el marco del G-20. Durante su campaña, el republicano Trump calificaba al presidente de Rusia como un "líder fuerte" con el que le gustaría reiniciar las tensas relaciones entre Washington y Moscú.

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