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Dos insumos indispensables para saber qué pasa e idear soluciones

Miércoles 05 de julio de 2017
LA NACION
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Por primera vez en muchos años la estadística general de delitos en la Argentina se da a conocer junto con una encuesta de victimización de la población. La "coincidencia" es fundamental: ambas son necesarias para poder dimensionar el fenómeno de la inseguridad urbana y, en consecuencia, elaborar las respuestas posibles.

Son claramente complementarias: a trazo grueso, el conteo de delitos es una "foto" de lo que pasó en términos de crímenes consumados, mientras que el estudio poblacional de victimización, además de reflejar la famosa "sensación" de seguridad/inseguridad, indaga sobre eventuales cambios de hábitos o sobre demandas insatisfechas en cuanto a la forma en que el Estado enfrenta el problema. En definitiva, revela cómo incide el delito en la gente.

Con los números "duros" -la estadística-, el Gobierno sostiene que hay un descenso del delito que ronda el 6%. Pero las estadísticas criminales en todo el mundo -y más aún aquí- requieren de un "salto de fe": se puede creer en ellas a ciegas, pero no necesariamente reflejan en forma cabal lo que ha ocurrido. No bastan para desmentir la "sensación" de inseguridad. La encuesta de victimización da el contexto que acrecienta esa incertidumbre: en uno de cada cuatro hogares (27,5%) alguien sufrió al menos un delito en un año. Pueden haber sido todos o sólo uno de los habitantes del hogar; pudieron haber sufrido uno o diez delitos. La encuesta no lo cuantifica.

Hay un dato más inquietante: sólo uno de cada tres delitos fue denunciado. Con una altísima "cifra negra" del 67,7% es imposible saber si diferencias de más o menos 10% en un tipo de delito reflejan subas o bajas efectivas -atribuibles a la prevención- o si, por caso, revelan una mayor o menor confianza en las instituciones que aliente o desaliente las denuncias de las víctimas.

En todo caso, sólo se sabe que en los dos distritos más grandes (Buenos Aires y Capital), la cifra de robos denunciada se mantuvo o aumentó.

El único de los delitos graves que tiene una cifra blanca casi absoluta es el homicidio doloso. Puede haber, en este caso, una variación cercana al 10% entre la estadística criminal y la de salud (mortalidad/morbilidad), que se explica en que la primera es una "foto" del hecho mientras que la otra sigue la evolución del paciente (de herido a muerto). Eventualmente, algún caso que "pase" como una muerte natural o, en todo caso, como un suicidio.

En este ítem la estadística revela una baja a nivel país del 8% -nada desdeñable- con algunos casos salientes que permiten un análisis: la ciudad de Buenos Aires y Santa Fe. En la Capital la caída fue del 24%, fundamentalmente anclada en la acción de "pacificación" de las villas -que tenían altísimas tasas criminales, similares a las de los países de América Central-, y en Santa Fe, del 11%. Fue más notorio el descenso en Rosario, donde la fuerte presencia de las fuerzas federales ayudó a frenar la ola de crímenes.

La presencia activa uniformada es una de las claves; las otras son la justicia efectiva y las acciones para evitar que los jóvenes se vuelquen al delito.

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