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Millennials: viven hiperconectados, pero no por cuestiones laborales

Según un estudio del BID, el 54% no usa la tecnología para trabajar ni para estudiar; la recreación y la socialización encabezan las preferencias entre los jóvenes argentinos de 18 a 34 años

Miércoles 05 de julio de 2017
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LA NACION
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Millennials: viven hiperconectados, pero no por cuestiones laborales
Millennials: viven hiperconectados, pero no por cuestiones laborales. Foto: Shutterstock

Su empleo ideal es el que los encuentra trabajando sentados en un gran puff o jugando al ping-pong entre un cliente y otro. Viven conectados a sus teléfonos y para prácticamente todo prefieren la tecnología a la vida real. Excepto para trabajar o para estudiar. Al menos eso es lo que se muestra sobre los millennials argentinos en el estudio que presentó ayer el Instituto para la Integración de América latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que indagó entre 600 jóvenes que tiene entre 18 y 34 años y que viven en los grandes centros urbanos del país.

Se trata de una generación que, pese a haber crecido con la tecnología, todavía mantiene hábitos y creencias de una analógica: usa la tecnología como una herramienta de diversión y socialización. Pero, no la aplica en su trabajo diario. Tampoco considera que la formación tecnológica pueda conseguirle un mejor empleo y cree que lo que abre las puertas es la formación universitaria tradicional. Además, a la hora de pagar las cuentas, prefiere ir al banco en persona e incluso, el dinero en efectivo le parece más seguro que el virtual.

Según los datos, mientras que el 93% de los jóvenes tiene celular con acceso a Internet, el 54% de los millennials no emplea la tecnología en su trabajo diario. Y además, el 51% considera que es más importante la educación formal que el uso de la tecnología.

"Estudio arquitectura. Uso la compu y el celular todo el tiempo, el programa Autocad y otros. Con mis compañeros y amigos nos comunicamos por WhatsApp y las redes", dice Ana Flamarique, de 25 años.

No es sólo una cuestión folclórica o de encajar con un perfil de modernidad. Según el estudio, el hecho de que los jóvenes argentinos no usen la tecnología con fines productivos da la pauta de que no serán los que lideren las transformaciones que plantea la revolución 4.0 durante los próximos años. "Los millennials argentinos se insertan de manera cautelosa en las trasformaciones", se lee en el trabajo. Aunque existen excepciones: el grupo de jóvenes perteneciente a sectores socioeconómicos altos y los porteños son los que con más frecuencia emplean sus conocimientos tecnológicos para sus trabajos e incluso para capacitarse.

Foto: LA NACION

¿Quiénes son los millennials? Son personas nacidas a comienzos de los ochenta. También llamados generación Y, hoy tienen como máximo 37 años, aunque no existe acuerdo sobre la edad de inicio y cierre de la generación. Mientras algunos señalan que comenzó en 1982 y terminó en 1993, otros apuntan a que empezó en 1980 y lo extienden a 2000. Se los llama así porque los primeros miembros de esa generación se hicieron adultos con el cambio de milenio.

Los resultados sorprendieron. Sobre todo porque los argentinos no responden al perfil productivo que socialmente se le suele asignar a esta generación que va a todos lados con el celular en la mano o en el bolsillo, que cambia todos los años de trabajo porque se aburre, que tiene más selfies de sus pies durante un viaje que fotos de su familia.

La subutilización tecnológica es alta y se incrementa en los sectores socioeconómicos bajos. Los millennials de estratos bajos que no poseen habilidades informáticas superan ampliamente a los de mayor poder adquisitivo. La polarización es una constante. Además, el 22% de los jóvenes no estudia ni trabaja. Esto promete que, en los proximos años, la brecha digital se traducirá en desiguales condiciones laborales.

Yessica Fernández Centurión tiene 24 años, un título de bachiller y ganas de cambiar de trabajo. Por eso, este año empezó un curso de secretaria ejecutiva por la mañana. Por la tarde trabaja en una casa particular como empleada doméstica, pero con un poco de desilusión cuenta que abandonó los estudios "por culpa" de las materias de tecnología. "Me cuesta todo lo relacionado con computación, los distintos programas y el manejo de archivos. La verdad es que toda esa parte no me gusta", confiesa.

Aunque en promedio un millennial usa el celular e Internet durante unas 4 horas y 12 minutos diarios para chatear con otras personas. Sólo un 27% usa conocimientos tecnológicos en sus empleos. Los porteños y los que pertenecen a sectores económicos medios y altos son los que con mayor frecuencia usan esos conocimientos en su trabajo. Como María Manso, que es licenciada en relaciones internacionales, trabaja en una ONG y tiene 26 años. "Uso Google Drive y Dropbox en el trabajo para compartir archivos, también uso otros para coordinar proyectos y organizar reuniones. Uso tecnología para todo", asegura. En la semana lee los diarios online y los sábados le llega a su casa porque tiene más tiempo de leer en papel.

El estudio del BID rompe con el estereotipo de una generación. Pero no es el único mito millennial que ha sido demolido en el último tiempo. Hace un año, un estudio coordinado por la Universidad de San Diego y publicado en la revista científica Archives of Sexual Behavior aseguró que los millennials, conocidos como la generación del disfrute y del vivir el hoy, tienen menos relaciones sexuales que las anteriores.

Aunque se crea que la casa propia no se encuentra dentro de sus aspiraciones de un millennial, según el estudio, lograr una buena vida familiar y tener hijos encabeza la lista de las metas en la vida para el 51% de los millennials, seguido por ser exitosos en el trabajo, con el 45%.

Yessica Fernández Centurión

24 años

"Me cuesta lo relacionado con computación, los distintos programas y el manejo de archivos"

Ana Flamarique

25 años

"Estudio arquitectura. Uso la compu y el celular todo el tiempo, el Autocad y los demás programas.Con mis compañeros y amigos nos comunicamos por WhatsApp y redes"

Con la colaboración de Soledad Vallejos y Lucrecia Lacroze

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