Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Narda Lepes, la melómana

Con un nuevo libro publicado, reparte su tiempo de ocio entre su hogar y sus seres queridos: ávida viajera, fanática de la música, feliz de quedarse hibernando

Miércoles 05 de julio de 2017 • 14:18
Narda Lepes, la ocióloga experta de la semana
Narda Lepes, la ocióloga experta de la semana.
0

"En casa, los días de fiaca son festejados", declara Narda sobre esos días en que todo vale: comer en la cama, ver películas, prender el proyector y pedir delivery. "Aunque el día esté espléndido, no me da culpa quedarme en pijama todo el día", confiesa. En la casa que la conductora comparte con su marido Alejo y su hija Leia, las actividades familiares nunca escasean. Incursionan en nuevos libros que proponen actividades, dibujan y escuchan música. También se entretienen armando listas musicales. "Voy a todos los recitales que puedo", agrega esta fanática que, por tanto salir a bailar y escuchar música fuerte, padece de tinnitus, un molesto zumbido en el oído.

Narda amanece todos los días a las 6:45, aunque no tenga ningún compromiso inminente: "Nos despertamos los tres juntos y tratamos de que el momento de sentarse y compartir la mesa del desayuno sea uno en el que todos estemos de buen humor y con tiempo", explica sobre esta rutina matinal que se volvió el núcleo de la vida familiar. La familia también aprovecha los fines de semana y las vacaciones para hacer alguna escapada o viaje familiar. "Si no, nos quedamos felices. Nos gusta mucho estar en casa", reflexiona la empresaria, que declara que disfruta de ese momento hogareño. De vez en cuando, Narda tiene la casa para ella sola. "El tiempo de leer es algo que escasea, así que cuando puedo estudio e investigo cosas, no como parte del trabajo. Sobre todo para poner la cabeza y la atención en otro lado", cuenta.

Mientras que la cocinera prefiere el calor de la playa, las aguas cristalinas y las grandes ciudades, el cineasta es partidario de la montaña, el frío y el descampado. Resuelven turnarse los destinos: "Las últimas vacaciones largas, recorrimos Portugal en auto y fue un terreno intermedio, porque visitamos pueblitos y ciudades", explica democráticamente. "En el verano nos fuimos al sur, así que resigné las playas brasileñas con pececitos de colores", y continúa: "Estuvo buenísimo hacerlo, nos encanta la ruta, pero el año que viene volvemos a la playa", bromea. En Buenos Aires, la pareja comparte salidas a comer con amigos, idas esporádicas al cine y mucha vida familiar. "Leia tiene bisabuelas, entonces nos vemos mucho con nuestra familia extendida", cuenta. Así es como abuelos, padres y hermanos son frecuentes visitas y visitados.

Esta chef atesora a sus amistades de toda la vida. Con los que viven en Buenos Aires, suele organizar encuentros durante el día, escapadas a desayunar y almuerzos improvisados. "A veces no puedo no volver a casa a la noche, entonces me encontré esos momentos a lo largo del día que me permiten mantener la cotidianeidad con mis amigos, charlar un rato y seguir con mi vida", dice al respecto. Y para proteger esos vínculos que viven lejos, el chat se ha vuelto un gran aliado. "Con ellos hablo como si los viera todos los días, nos mandamos fotos para reírnos y así nos mantenemos cerca".

Ping Pong

¿La primera receta que inventaste? Estaba en la casa de mi abuela, debo haber tenido siete años. Me acuerdo de que agarré papas, las corté en cuadraditos muy chiquitos, derretí en un jarrito al fuego manteca con mucho jugo de limón, orégano, pimentón y pimienta. Mezclé las papas con eso y después las tiré en una fuente al horno.

¿Una profesión frustrada? Detective privada, ¡sin dudarlo! Me copa investigar, sería buenísima. Leo patrones y tengo buen olfato.

¿Algo de lo que estás orgullosa? De mi hija. Estoy orgullosa de que sea una nena educada y alegre. Cuando tiene que tomar una decisión, veo que elige bien.

¿Un regalo inolvidable? Mi perra, cuando tenía nueve. Me regalaron una cocker divina y le puse Blondie (por la banda, obvio). Después tuve a Chiru, que murió hace tres años, y todavía no tengo otro, pero ya va a aparecer. Porque no compro, adopto.

¿En qué situación perdés la paciencia? Con la mentira, con la ineficacia y con el maltrato innecesario. Pero no contra mí, porque te la devuelvo, sino cuando veo que hay maltrato contra otro, del más fuerte al más débil. Siempre me meto, ¡a Alejo le da vergüenza!

¿Un TOC? Tengo problemitas con los baños públicos: no toco cosas, hay lugares donde no respiro. Después, uno muy ridículo es que tengo una cosa con la asimetría: si me rasco mucho una rodilla, ¡un poquito me tengo que rascar la otra! Solo un poquito, antes era peor. También, cada vez que subo o bajo una escalera, cuento los escalones.

¿Un domingo perfecto? Arrancar con un súper desayuno (que incluya huevos, fruta, arepas, tapioca o algo de eso), tener una salida amena a la tarde (puede ser ir al parque o algo por el estilo) y que haya algo divertido para ver a la noche, como una serie.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas