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La estética se forja en el colegio

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Jorge Búsico
Jueves 06 de julio de 2017
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AUCKLAND.- La belleza no es la meta de los deportes de competición, y sin embargo los deportes de élite son un vehículo perfecto para la expresión de la belleza humana. La relación que guardan ambas cosas entre sí viene a ser un poco como lo que hay entre la valentía y la guerra. La belleza humana de la que hablamos aquí es de un tipo muy concreto; se puede llamar belleza cinética. Su poder y su atractivo son universales. No tiene nada que ver ni con el sexo ni con las normas culturales. Con lo que tiene que ver en realidad es con la reconciliación de los seres humanos con el hecho de tener cuerpo".

El escritor y periodista estadounidense David Foster Wallace escribió esta maravilla para retratar a Roger Federer en el libro El tenis como experiencia religiosa. Algo así estamos por presenciar pasado mañana aquí. All Blacks y British & Irish Lions jugarán el bueno de una como de tres partidos, el que puede llevar por título "La final del universo".

La prensa neozelandesa lo considera "el pasaje a la gloria". La británica es aun más categórica: sostiene que es el más importante en la historia de Lions, que nacieron casi con el rugby, en 1886. "See the red", anuncia la televisión local, haciendo juego con la tarjeta roja que recibió Sonny Bill Williams el sábado pasado -decisiva para la victoria de los europeos- y con el color de la camiseta de los históricos rivales, a los que reciben una vez cada 12 años. Para los locales es casi tan crucial como la final del mundo y su Eden Park presagia no sólo lluvia y viento, sino también una muchedumbre con más de 30.000 británicos en el estadio y otros 10.000 en los alrededores.

Mientras los visitantes van llegando desde Wellington -sede el segundo encuentro- y desde lugares turísticos, como Queenstown, Auckland respira rugby. Como toda la nación. En esta ciudad está instalada una de las academias más importantes. En el complejo del Eden Park, Auckland Rugby recibe todo el año a chicos de diversos países y se extiende a otros (en septiembre irá a la Argentina). En este momento hay aquí unos 20 juveniles de Villa Carlos Paz, Rosario, Salta, Córdoba, Pergamino y Santiago del Estero. Son mayoría. Vienen por uno o dos meses, se entrenan de lunes a viernes y aprovechan para aprender inglés.

"Skills, skills, skills", enfatiza Brent Semmons, coach de desarrollo. Para él, las destrezas son vitales. "Los chicos llegan con muchas carencias en el manejo de la pelota", me cuenta, acompañado por Juan Pablo Sahilices, santafecino que llegó a Auckland hace cuatro años por un curso de coaching y se quedó.

Recorrer este corazón del deporte neozelandés permite conocer cómo funciona el mejor rugby del mundo. Algo muy distinto a como se desarrolla en la Argentina -que, curiosamente, intenta copiarlo-, ya que contiene varias etapas: club (infantiles), colegio (juveniles), club (luego de los 18), franquicia, All Blacks. La más decisiva es la de los colegios. Su torneo, First XV, es televisado por Sky (tiene un canal de rugby las 24 horas) y posee fuerte patrocinio. Nueva Zelanda tiene unos 600 jugadores en el radio profesional, de los cuales 150 actúan en el Súper Rugby y nutren al seleccionado.

Ese poder es el que se medirá pasado mañana con el poder del Imperio. El rugby como experiencia religiosa.

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