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Asesinaron a una embarazada y atacaron la comisaría de Glew

La Justicia investiga tanto la posibilidad de un homicidio ocurrido durante un juego sexual como una pista que apunta directamente a la violencia de género; los sospechosos son un matrimonio y el actual novio de la víctima

Jueves 06 de julio de 2017
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LA NACION
Armados y con los rostros cubiertos, manifestantes intentaron entrar en la comisaría de Glew
Armados y con los rostros cubiertos, manifestantes intentaron entrar en la comisaría de Glew. Foto: Imagen de TV

La comisaría de Glew estuvo cerca de ser copada por un grupo de vecinos enfurecidos. Los manifestantes intentaron irrumpir en la seccional para exigir que les explicaran por qué habían sido liberados los sospechosos de haber asesinado a una joven de 19 años, embarazada de cinco meses. Una de las hipótesis es que ese femicidio ocurrió, presuntamente, durante una fiesta sexual cuando la chica tenía bajo su cuidado a cinco niños, hijos de los dueños de la casa que terminó convertida en escena de un crimen.

Por la pueblada contra la comisaría fueron detenidos cuatro hombres -dos mayores y dos menores- que formaron parte del grupo que quemó cuatro vehículos frente a la dependencia.

El homicidio que motivó la violenta protesta, que incluyó pedradas contra la seccional, ocurrió entre la noche del lunes y anteayer a la madrugada. El cuerpo de la víctima, Ayelén Roldán, de 19 años, fue hallado por la pareja dueña de casa, en la que la víctima se desempeñaba como niñera.

Los vecinos de la víctima atacaron la seccional luego de que la Justicia decidió no detener al novio de la víctima, de 35 años y con antecedentes por episodios de violencia de género y robos. Tampoco quedó preso el matrimonio formado por Adrián Torres y su mujer, Natalia, con quienes la víctima mantenía relaciones sexuales en el contexto de la actividad swinger. La joven también era contratada por esa pareja como niñera.

Si bien la policía sostenía el pedido de que los tres acusados fueran detenidos, desde la fiscalía se decidió que no quedaran presos. Según fuentes judiciales, la decisión de la fiscalía se habría fundado en la falta de pruebas contundentes que involucrarían al matrimonio dueño de la casa donde fue hallada la víctima y a la pareja de la chica.

Hasta anoche, los investigadores no habían logrado establecer si Ayelén fue asesinada en un hecho de violencia familiar o si la mataron en medio de una fiesta sexual.

Al tratar de esclarecer el femicidio y de reconstruir cómo fueron los últimos momentos la víctima, los investigadores pusieron al descubierto una sórdida historia de violencia familiar, promiscuidad y fiestas swinger. La trama que terminó con el asesinato de Ayelén comenzó el lunes pasado, minutos después de las 17, cuando Adrián y Natalia fueron a la casa de la chica para que los acompañara a comprar ropa a La Salada.

Esa sería la excusa que la joven embarazada usaba para dejar su vivienda cuando la pareja iba a buscarla. Aparentemente, los tres se dirigieron a la casa de Natalia y Adrián, y allí habrían mantenido relaciones sexuales.

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La coartada

A partir de las declaraciones del matrimonio se habría establecido que, supuestamente después de las 20, dejaron la casa para ir a buscar a otra persona con el objetivo de tener sexo grupal. Ante la policía afirmaron que, al dejar la vivienda, le pidieron a Ayelén que cuidara de sus cinco hijos y le dejaron una copia de la llave. El dueño de una gomería del barrio dijo que el matrimonio pasó por su casa minutos después de las 2.

"Mi esposo la conocía hace varios años. Ella era la madrina de una de mis nenas y nosotros íbamos a ser los padrinos del bebe que ella estaba esperando", relató Natalia en declaraciones consignadas por la agencia Télam.

La mujer afirmó que la víctima habría mantenido "un trío" con ella y con su esposo. Y agregó que dejó a Ayelén en la casa y salió con su esposo en busca de alguien más para sumar al sexo grupal. En su relato, Natalia explicó que demoraron el regreso tras encontrarse con un hombre que los invitó a su vivienda.

Esta coartada se habría verificado en forma parcial y existiría una ventana de tiempo en blanco sobre cuál fue la actividad desarrollada por el matrimonio esa madrugada. Ante la duda, la fiscalía decidió no detener a la pareja.

Al declarar ante la policía, Natalia habría dicho que, minutos después de las 5, llegó a su casa con su esposo y le llamó la atención encontrar la puerta sin llave.

Al ingresar en la vivienda, encontraron el cuerpo de la niñera en el living, en medio de un gran desorden. Los cinco hijos de la pareja estaban en sus camas, ilesos, y no habrían escuchado nada.

En principio, el forense que revisó el cadáver estableció que presentaba signos de estrangulamiento que, supuestamente, se habría producido de manera involuntaria en medio de una práctica sexual. Sin embargo, la autopsia confirmó que Ayelén fue ahorcada y no se trató de un hecho accidental. En este caso la sospecha apunta a que Ayelén pudo haber sido asesinada en medio de una fiesta sexual.

En otra hipótesis, tanto los familiares de Ayelén como el matrimonio para el que trabajaba la víctima apuntaron como supuesto responsable al novio de la chica, identificado como Ariel Hernán Vallet, de 35 años.

Tal sospecha se habría fundado en los antecedentes violentos del imputado, que tuvo cuatro procesos penales por lesiones cometidas en el contexto de violencia de género y robos agravados. Cuando la policía fue a detener a ese hombre, le habrían encontrado marcas en el cuerpo que serían compatibles con heridas de defensa. Sin embargo, no quedó detenido.

Desconexión

Reacciones desmedidas

Entre el descubrimiento del femicidio en Glew y la violenta reacción de decenas de manifestantes que quemaron autos y apedrearon la comisaría hay un hiato, un paréntesis enorme con motivos por ahora incomprensibles. El fuego, la furia, los destrozos empañan cualquier reivindicación genuina; incluso, desgarran los legítimos reclamos de justicia. La familia de la chica asesinada dice que nada tuvo que ver con la pueblada; entonces, más inextricable es la reacción destemplada de aquellos que eligieron la destrucción como forma de presión para obtener ciertas respuestas y para invalidar otras.

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