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Tangos para escuchar sin un pañuelo al lado

En Sin lágrimas, la cantora logra un disco de notable belleza

Viernes 07 de julio de 2017
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LA NACION
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Tras dos álbumes de folklore, volvió a lo urbano
Tras dos álbumes de folklore, volvió a lo urbano.

Laura Albarracín recuerda una imagen potente de su infancia: su madre y sus tías bailando tangos. "Había una foto en mi casa desde chica de mi mamá y sus tres hermanas con unos vestiditos que siempre me daba patio de tango".Esa foto forma parte del arte y el concepto de su nuevo disco, Sin lágrimas, íntegramente dedicado al tango, quizás uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, que presentará mañana, en La Cúpula del CCK (Sarmiento 151), en un concierto gratuito, y el miércoles 12 de julio, a las 21, en Notorious (Callao 966). "Me gustó esa idea de que sean tangos sin lágrimas (título de una canción de Charlo), porque los tangos siempre son muy dramáticos y yo también soy muy sensible. Quería exorcizar ese lado llorón en los tangos."

La cantora, una de las mejores voces que dio el medio musical en los noventa, se corre de su habitual repertorio folklórico para crear un inequívoco paisaje urbano en su voz y explorar por primera vez la misma transformación que sufrió el género cuando pasó del campo a la ciudad. "Fue como llegar en carreta y entrar golpeando las manos, como alguien que llega del campo a la ciudad con un repertorio de tangos criollos y se va impregnando más de esos tangos dramáticos de la ciudad y el sonido contemporáneo que le dieron a la canción Eladia Blásquez y Ástor Piazzolla", grafica la cantora, que les da un nuevo sentimiento a obras como "Fogón de huella", "Nido gaucho", "El aguacero", "Sin lágrimas", "Yuyo verde", "Arrabal amargo", "Barrio pobre", "Siempre se vuelve a Buenos Aires" y "Sin lágrimas", que dio nombre al disco.

Fue un ingreso tardío a un mundo que conoció de pequeña en la radio AM, esa que sonaba mientras su padre construía muebles en el fondo de su casa de City Bell, el lugar donde creció, donde se juntaba con sus amigos a cantar en guitarreadas ("en esa época no íbamos a los boliches", dice) y donde imaginó que podría ser profesora de educación física. Y también que podía dedicarse a cantar profesionalmente cuando fue elegida revelación del Festival Nacional de Folklore de Cosquín en el 88.

"Fue una prueba Cosquín, porque había quedado dos veces finalista con la misma chica. En la última gané y eso me cambió, porque no había llegado con padrinos. Me anoté y quedé. Entonces pensé que me podía dedicar a esto. Después de ganar en Cosquín me mudé para estar cerca de donde pasaban las cosas y con el tiempo empecé a trabajar en la escuela de música popular de Avellaneda, hasta ahora. Pero yo nací en La Plata. Mi mamá era de Buenos Aires y mi papá, del Chaco. La música la escuché en la radio y la televisión porque no teníamos tocadiscos. En Sábados circulares de Mancera, el Gran debut o el programa de Soldán de tangos que cuando lo ponían protestábamos. La radio estaba prendida desde que nos levantábamos. Ésa fue mi escuela de música."

Su primer disco, editado por la revista La Contumancia en 1996, marcó un momento clave en el panorama de la música popular con un repertorio que incluía canciones como "Definición de la patria", de Julia Prilutzky Farny y Julio Lacarra (tema con el que ganó Cosquín), "Zamba del ángel" de Ariel Petrocelli y Hugo Díaz, o "La cruzadita", de Pepe Núñez, pero también le marcó su camino estético. "Siempre me gustó correrme de esa idea de cantar una que sepamos todos. Formo parte de esa generación de gente que busca en la poesía para mostrar otro folklore. Hoy por suerte hay canales para escuchar a artistas como José Luis Aguirre o el Dúo Bote, que son alucinantes."

Ahora Laura Albarracín tiene 52 años. Después de dos discos como Chaco (2010) y Una canción (2011), dedicados al repertorio folklórico, se dio cuenta de que podía y quería hacer un disco de tangos. "Fueron como una preparación para darme permiso con el tango, porque no me animaba. Por mi origen, siempre me correspondía más el tango que el folklore. Pero toda la vida hice folklore. Siempre me lo cuestionaba porque era algo que había adquirido de chica", confiesa la intérprete .

En su vida, el tango aparece como un signo de madurez artística y personal. "Estuve atenta a las señales. Cuando me crucé con el guitarrista César Angelelli, me di cuenta de que había cantado tangos muchas veces en proyectos como Pájaros en el aire, con Cardozo Ocampo. Cantando tangos me completo y junto al folklore son mi documento de identidad."

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