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Antonio Berni, el artista como personaje

El maestro rosarino firmaba como "Antón Perulero" cartas, dibujos y collages que dedicaba a "Graciela Amor", su última y misteriosa musa. Desde fin de mes se exhibirán en la galería Jacques Martínez, con cita previa

Domingo 09 de julio de 2017
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PARA LA NACION
Ramona y el viejo, xilo-collage de Berni de 1962, perteneciente a la colección del Malba. Actualmente se exhibe en el museo
Ramona y el viejo, xilo-collage de Berni de 1962, perteneciente a la colección del Malba. Actualmente se exhibe en el museo. Foto: Gentileza Malba

Conocí a "Graciela Amor" en febrero de 2003, cuando buscaba testimonios accesorios para completar un perfil de Lily Berni como heredera de la obra de su padre, Antonio Berni, para la revista colombiana Gatopardo. Debo haber pasado casi tres horas en su departamento de estilo. Apenas crucé la puerta para volver a la calle, supe que había empezado, con ella, con su enfática y cálida voz grabada, el libro que terminaría siendo Los Ojos, la primera y única biografía sobre Berni.

Me corrijo. Quizás no salí a la calle sino que entré en la materia espesa de la escritura al conocer un pequeño tesoro de la ficción tejida entre "Antón Perulero" y "Graciela Amor". Se trataba de un cuadernillo formado por collages, dibujos y textos que un Berni enamorado de 76 años se había empeñado en producir (como si produjera poco) para conquistar a esta mujer, entonces de treinta, a la que había conocido en el litigio para salvar de la demolición los murales de las Galerías Pacífico.

"Antón Perulero", el nombre tomado de aquella vieja ronda infantil, era Berni finalmente convertido en personaje, el capítulo final e íntimo, secreto, de su usina narrativa, la misma que le había dado a la historia del arte argentino Juanitos y Ramonas. "Graciela Amor", lo atestigua este correo íntimo, es la modelo de su cuadro inconcluso, aquel que muestra a una mujer desnuda a orillas de un mar nocturno bajo un cielo oscuro surcado por un avión.

Ya lo conocen. Lo han visto en la retrospectiva de Jorge Glusberg en el Museo Nacional de Bellas Artes (1997); en el MNBA de Neuquén (2006) y en el stand de la galería Sur en arteBA, en 2016. Lo que (casi) nadie ha visto es la trama secreta por detrás de esta obra crepuscular. Este conjunto de dibujos, collages, cartas; este objeto del deseo donde Berni transita entre la declaración erótica y la resignación ante la improbable concreción sexual.

Pasaron 36 años para que "Graciela Amor" se decidiera a hacer público este tesoro (algunas cartas se pudieron leer en Ramona y también en Los Ojos, donde se publicó por primera vez uno de los collages) en una muestra que, más que una muestra, será una teatralización del acto voyeur.

Graciela Amor y Antón Perulero se exhibirá del 31 de julio al 1 de setiembre en la galería Jacques Martínez. No será el desfile de gente y selfies al que nos acostumbró Berni, sino que las visitas serán individuales, estará prohibido sacar fotos y cada persona tendrá veinte minutos para espiar, con inscripción previa en la página web de la galería. Un sutil show de la privacidad.

La carta de “Graciela Amor” dirigida a Jacques Martinez, publicada ayer como aviso
La carta de “Graciela Amor” dirigida a Jacques Martinez, publicada ayer como aviso. Foto: Gentileza Galería Jacques Martínez

Un tesoro bajo siete llaves

Tanto "Graciela Amor" como la galería han mantenido un riguroso hermetismo sobre la muestra. En forma de aviso en una revista, ayer se publicó una carta manuscrita de "Graciela Amor" al galerista Jacques Martínez, fechada el 19 de junio de 2017. "Finalmente me decidí, quiero compartir el libro de dibujos que me hizo Berni junto con sus cartas [...]. Te lo envío por correo, tal como Antonio lo haría en 1981. Confío en que sabrás mostrarlo con el cuidado y la confidencialidad que merece."

En la puesta en escena de este lovebook la sala estará a oscuras, protegida por pesadas cortinas teatrales, y el cuadernillo permanecerá resguardado por una cúpula de acrílico. Su contenido se mostrará en una pantalla de video. En una mesa estilo biblioteca, en tanto, estarán repartidas las cartas manuscritas -originales y fotocopias- de "Antón Perulero". La voz en off de "Graciela Amor" leyendo algunos textos completarán el efecto de inmersión del visitante en esta arquitectura sentimental.

Cuando "Graciela Amor" me mostró su tesoro, en el verano de 2003, copié a mano algunos de los textos que luego usé en Los Ojos. "Antón Perulero" firmaba y era Berni, al fin, el que se deshacía en cartas como ésta, fechada el 30 de julio de 1981: "Desbaratar una utopía es traicionarme, es apuñalarme. O disfrazarme de normal, de racional, de patético. [...] La utopía está más allá del estímulo, de las recompensas. Se nutre de ella misma: de sus sueños, de sus amores. La utopía es satánica, no se la debe humillar..."

La utopía entonces no era la revolución socialista sino el cuerpo de "Graciela Amor", que Berni había plasmado en dos espléndidos retratos que se lucían en el living de su casa. Una enorme carbonilla de dos metros por uno setenta y cinco y un pastel con un mensaje en clave. La lustrosa clavícula de la modelo como una pared donde el maestro rosarino grafiteó un "Antonio te quiere". Sí, como los enamorados en los árboles o las piedras de la costa y las sierras. El entusiasmo amoroso de un chico de 16 en el cuerpo de un artista de 76, eso era "Antón Perulero".

Después estaban los collages de impronta dadá-punk, donde Berni se permitía más humor. Con los títulos y avisos de diarios y revistas cortaba, pegaba y armaba, por caso, una reflexión sobre la ecuación erotismo/madurez montada en las reglas de la retórica publicitaria. Así: "Cuando coinciden calidad y cantidad/ potencia y rendimiento/ No hay razones para elegir/ Acoplado a plena carga/ La óptima potencia/ estiran el kilometraje/de los sentimientos/ Y de la vitamina del amor".

Antonio Berni en 1964
Antonio Berni en 1964. Foto: Archivo

El último cuadro

La identidad de "Graciela Amor" se mantiene bajo siete llaves por su propia decisión. Pero en el mundo Berni se trata siempre de la modelo del último cuadro. El día en que la conocí se presentó con una copia en papel del cuadro "inconcluso" y dijo: "Yo soy ésta". Luego empezó a contarme la historia de cómo había posado para Berni.

El repaso de un llamado telefónico desde el taller de la calle Lezica, donde el maestro vivía y trabajaba entonces, se volvió una escena inmejorable, cinematográfica, para empezar el libro. "Me dijo que se sentía muy mal -recordó-, que estaba pintando ?mi cuadro'. Él le decía así pero en realidad el cuadro no era mío, era de él. Entonces dijo: ?Estaba pintando tu cuadro y he sabido que no lo voy a terminar, que me voy a morir primero'. Estaba muy asustado, muy asustado y nervioso."

Hay quienes dicen que esa obra es el testimonio de Berni sobre los vuelos de la muerte. Yo creo que no. Que es sobre él mismo terminándose, alejándose definitivamente del cuerpo de "Graciela Amor". Au revoir.

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