Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Por qué la literatura infantil es el sector más creativo (y vendedor) del mercado editorial

Mañana comienza la Feria del Libro Infantil, que confirma la consolidación de los libros para chicos como los más innovadores del mundo editorial

SEGUIR
PARA LA NACION
Domingo 09 de julio de 2017
Ilustración: María Elina Méndez
Ilustración: María Elina Méndez.
0

Súper ilustrados, audaces en sus temas y tratamientos, diversos en sus formatos, los libros para chicos y jóvenes marcan la vanguardia del mercado editorial argentino. El crecimiento es indudable: en los últimos años, la mesa de los libros infantiles se ha ganado un lugar de privilegio en las librerías e incluso se han multiplicado las librerías especializadas en libros para chicos. Detrás de estas vidrieras, crece el auge de las editoriales especialmente dedicadas a lectores de corta edad. Y también los estudios académicos -posgrados y especializaciones- enfocan su mirada crítica hacia las producciones y posibilidades de la literatura infantil y juvenil (LIJ), el sector que más crece en volumen de ventas.

Carola Martínez Arroyo, especialista en LIJ a cargo de la librería virtual Donde Viven los Libros y autora de Matilde (Norma), atribuye el crecimiento del sector a una expansión editorial, producto de las compras para bibliotecas y escuelas: "Esto coloca a los niños y los jóvenes en un lugar de sujeto y objetivo de consumo. Y hay editoriales que están haciendo cosas nuevas, ampliando la mirada, que aportan álbumes o proyectos que logran dar una vuelta de tuerca a lo conocido. Lo novedoso entonces es que el segmento de literatura infantil y juvenil por fin empieza a ocupar el lugar que siempre debió tener".

Reinstalada en un lugar central y con buena salud, la literatura infantil y juvenil puede darse algunos lujos. Como agregar una sede más, en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, de La Plata, a su Feria del Libro Infantil (que allí y en el Centro Cultural Kirchner se inaugurará mañana; en Tecnópolis lo hará el jueves próximo). Además, hay festivales especializados en LIJ en distintos puntos del país y ya se anuncia el próximo Filbita, entre el 3 y 5 de agosto, en General Villegas. También, desde hace varias décadas, el sector cuenta con su propia asociación (Alija, vinculada a la Asociación IBBY Internacional) y sus propios premios nacionales e internacionales. Aunque también se ganó un rubro especial entre otros galardones, como el que otorga la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) al libro mejor editado, que acaba de obtener el libro Mi pequeño, de Germán Zullo y Albertine, editado por Limonero, una editorial de las nuevas.

Por otra parte, las cifras del mercado confirman este auge: a pesar de la caída de ventas del rubro editorial general -calculada en un 15% según datos de la CAP-, la sección de libros infantiles y juveniles acumula su sexto año consecutivo de crecimiento, (un 2% aproximadamente en ejemplares y un 4% en valores constantes, respecto de 2015) y representa un 13% del mercado editorial argentino (una mejora porcentual de 1,5 puntos respecto de 2015).

Ventas, premios, ferias y festivales que describen una actividad intensa. Sin embargo, hay quienes suman matices. "El mercado ofrece muchísimos libros para público infantil, aunque sólo una parte son libros de calidad. Hay invención y originalidad, pero también hay muchas propuestas que repiten fórmulas comerciales", dispara María Inés Bogomolny, coordinadora del Programa Nacional de Desarrollo Infantil Primeros Años, que lleva talleres y experiencias de lectura a diversos lugares del país. ¿Cómo encontrar aquellos buenos libros para chicos (y no tan chicos) en el enmarañado mercado atiborrado de ofertas tan diversas?

Todo para ver

"Sin duda en este momento la innovación viene por el lado de la ilustración y el diseño. La historieta y la novela gráfica entraron al terreno de la literatura juvenil e infantil como géneros consolidados", apunta Bogomolny. Las ilustraciones juegan con las palabras o predominan hasta el punto de silenciarlas, y entonces surge el libro sin texto escrito: gran audacia de este tiempo. "Los libros sin texto, los silent books, que obligan a lecturas más detenidas, son los que están innovando la oferta. Se trata de propuestas centradas en el relato o en el chiste que provoca la ilustración. Esto implica que se acepta la idea de que las imágenes se leen y que no por eso esa interpretación es más cómoda, ligera o superflua", dice Lola Flores, editora del área infantil de Fondo de Cultura Económica. El caso paradigmático es Emigrantes de Shaun Tan (Barbara Fiore Editora), una novela sin palabras que cuenta muchas cosas.

Pero también las imágenes de procedencia diversa -fotos, esquemas, dibujos lineales y collages- pueden jugar un contrapunto desafiante con textos informativos o poéticos para poner en tensión los géneros convencionales. Libros que no son ni cuentos, ni investigaciones, ni juegos y son todo eso junto. "Entre los libros para niños pareciera crecer aceleradamente el género de los libros híbridos, que entrecruzan temáticas. El libro informativo, por ejemplo, puede ser abordado desde la experimentación, sin dejar de lado la investigación y acompañado de ajustadas -pero no por eso menos creativas- ilustraciones", dice Diego Bianchi, artista y director de Pequeño Editor, un sello que propone libros como zonas de experimentación para describir la forma de las nubes, el abecedario o cómo cuidar a un perro.

"Los libros que incluyen diálogos complejos entre la palabra y la imagen o que no tienen texto escrito o incorporan lo audiovisual se producen en mayor medida en la literatura infantil porque en este campo el juego, el riesgo y lo novedoso parecen estar más autorizados", dice Flavia Krause, coordinadora de la Especialización en Escritura y Literatura del Programa de Formación Permanente del Ministerio de Educación. Y, como lectores, vale la pena correr todos los riesgos.

Chicos y grandes

Las innovaciones atraen a los chicos y también a los adultos. Pero atención: el camino no tiene retorno. "Ocurre un fenómeno particular: aquellos libros pensados para los destinatarios niños, como los libros-álbum, las novelas gráficas y los nuevos libros audiovisuales con propuestas virtuales son apropiados también por los adultos que los consumen y los disfrutan con y sin niños", apunta Flavia Krause. La pregunta es insoslayable: ¿acaso hay una edad para leer estos libros?

"Pensando en edades, me viene a la mente una frase de Ruy Vidal", dice Claudia Cadenazzo, miembro de la comisión directiva de Alija: "No existe el arte para niños, existe el arte. No existen las ilustraciones para niños, existen las ilustraciones. No existen los colores para niños; existen los colores. No existe la literatura para niños, existe la literatura. Un buen libro para chicos es buen libro para todos".

Ilustración: Maria Elina Méndez
Ilustración: Maria Elina Méndez.

Como ocurre con las películas y con el teatro infantil: si el adulto se aburre o se siente subestimado por los chistes o el tratamiento de cierto temas, el producto no es confiable. Por eso, elegir libros y leer son actividades para hacer de a dos, aun cuando se trate de libros muy orientados para el público "peque". "Con las ilustraciones, mientras los chicos siguen la historia, en el adulto se disparan otras ideas, preguntas o reflexiones, y se produce esa lectura compartida pero a la vez tan personal", describe Luciana Kirschenbaum, editora de Limonero.

Del lado de la producción, también las fronteras entre los autores "para chicos" y "para grandes" se borran. "Hasta hace algunos años, era infrecuente encontrar a autores que escribieran tanto para adultos como para chicos y jóvenes. Aunque siempre hay excepciones (María Teresa Andruetto y Perla Suez, por ejemplo), solía suceder que cuando se le pedía a un autor para adultos un texto para algunos de los sellos infantiles y juveniles, la respuesta era negativa", recuerda Mariana Vera, directora literaria de la División Infantil & Juvenil de Penguin Random House. "Ahora, en cambio, muchos autores celebran ver un texto suyo publicado en un libro ilustrado para chicos o en algún sello de los juveniles." Los límites se borran, pero ¿cómo elegir libros sin este mapa?

Para Bogolmony, los autores de calidad, que trabajan con la palabra, son los recomendables a la hora de buscar cuentos y novelas para los más chicos: "En narrativa, al contrario de lo que pasa con los libros ilustrados, el mercado ofrece muchas fórmulas que se repiten, porque se sabe que tienen éxito comercial o porque responden a temas requeridos por los maestros o porque el lector adolescente se va a identificar con los personajes, y todo esto resulta repetitivo y empobrece la lectura. Por eso, una clave es seguir a aquellos autores que pueden escribir buenos libros tanto para grandes como para chicos: Julio Cortázar, Horacio Quiroga, entre los clásicos; Liliana Bodoc, entre las más destacables del presente", puntualiza la especialista.

Jóvenes y mercado

Mientras que para un segmento de menores de doce años prima el despliegue a todo color y el libro objeto, para los más grandecitos habrá que explorar otras opciones. Lola Rubio dice: "Hay que desterrar de una vez la idea de que los jóvenes no leen. Leen y mucho. O muchos leen y mucho, del mismo modo que muchos adultos leen mucho y otros no lo hacen. Además leen en múltiples soportes. En materia de ficción, prefieren el libro y no los detiene la cantidad de páginas. Leen novelas que suelen estar muy bien escritas pero con cierta preponderancia por la acción. Quiero decir que el peso de la obra está en el argumento y en cómo la narración sostiene la acción y la atención", señala. Lectores fanáticos adolescentes que multiplican en las redes sus comentarios y gustos: bloggers, booktubers, bookstagrammers y sitios de fanfiction donde los lectores -que suelen tener entre trece y veinte años- escriben historias con los personajes y la ambientación de sus sagas favoritas (por ejemplo, Leila en Hogwarts, que narra las aventuras de una nueva alumna en la escuela de magos de Harry Potter). La lectura de ficción impulsa la crítica y la escritura de más ficción.

"'Lo leí de un tirón', suelen decir estos lectores y el efecto de inmersión es esencial para que quieran seguir un libro, terminarlo y correr a conseguir otro del mismo autor, o temática o colección", describe Rubio y aclara: "No son lectores 'proustianos', no es el lenguaje en sí, ni la reflexión, lo que los mantiene atrapados, nada de fluir de la conciencia. Al contrario: gustan de los temas urticantes, tabúes o de alto voltaje y las problemáticas sociales", señala Rubio.

La pregunta es si estos temas y narrativas se eligen porque priman en el mercado o se elegirían entre otras propuestas. Claudia Cadennazzo aporta su mirada al respecto: "Uno de los desafíos que tenemos hoy quienes trabajamos en el campo de la comunicación y la educación es acompañar a otros a que conozcan e identifiquen, entre la amplia oferta del mercado editorial infantil y juvenil, las obras que son reconocidas por su calidad literaria, académica o artística". Porque también a partir de un mercado y de la comunicación fluida con los actores de esta demanda la oferta editorial define su rumbo. Dice Mariana Vera: "El plan editorial, que antes solía ser bastante estático, ahora se va armando y modificando de forma muy dinámica gracias a las conversaciones directas con lectores, booktubers, fans y foros. La Web pasó a ser un nuevo espacio donde mirar para pensar en proyectos", describe la editora.

El futuro llegó

Sobre este presente tan rico y complejo pende la pregunta por el futuro del libro infantil y juvenil, sus formas, sus contenidos, sus soportes y maneras de llegar al lector. "Si, como las generaciones, las innovaciones en LIJ se dan cada treinta años -como fue María Elena Walsh en los años 60 y la generación de los años 90 que creó sellos como Libros del Quirquincho, los infantiles de Colihue y los de Sudamericana-, habrá que esperar unos años todavía, porque aún falta una renovación en los textos narrativos, y mucho análisis y discusión en los medios", dice Bogomolny.

Una cosa es segura: más allá de formatos, las fórmulas repetidas, las novedades del momento y la variedad de soportes, el libro, el viejo objeto armado en cuadernillos de papel cosidos con hilo a unas tapas de cartón, goza de un gran momento. "Hay inventos como la bicicleta, el sacacorchos o la tijera que han querido ser perfeccionados pero no se pudo, porque su principio básico de diseño y funcionalidad es inmejorable. Entre estos objetos está el libro, que seguirá siendo ?el libro' tal y cual lo conocemos", señala Diego Bianchi. Y Carola Martínez apunta en la misma dirección: "En el futuro van a convivir los formatos, porque los lectores hemos demostrado que nos gusta leer en dispositivos y en papel y que la literatura seguirá siendo el reflejo de nuestra realidad y una ventana para conocer otros mundos".

Para viajar con la imaginación y la curiosidad, grandes y chicos, sin moverse del sillón de casa.

Recomendaciones para cada edad

Para los que empiezan a leer

-Mucho color y contrapunto potente con las palabras. Libros sin palabras o con poco texto. Para mirar, tocar, jugar, volver a dar vuelta las páginas y leer en compañía.

-También poesía: Juan Lima, Oche Califa, Iris Rivera, Lilia Lardone, Elsa Bonermann, Roberta Iannamico, Beatriz Ferro, Carlos Silveyra, Gustavo Roldán, Jorge Luján, María Teresa Andruetto, Adela Basch.

-Editoriales clave: Pequeño Editor, Pípala, Limonero, Calibroscopio, Colihue, Ekaré, Kalandraka, Una Luna, La Brujita de Papel, Del Naranjo, Ediciones del Eclipse.

Para los que empiezan a andar por los relatos

-Clásicos, desde El Mago de Oz a los cuentos de Grimm, y los clásicos nacionales: María Elena Walsh, Javier Villafañe, Horacio Quiroga, Ema Wolf, Graciela Cabal, Graciela Montes, Gustavo Roldán, Laura Devetach, Silvia Schujer.

-Libros informativos en los que la ficción y la información ofrecen abordajes novedosos (Iamiqué, Pequeño Editor, Pípala, Fondo de Cultura Económica).

-Y otros temas: Quién soy (Calibroscopio), Abuelas con identidad (Iamiqué).

Para devoradores de páginas

-Autores que escriben para todo público: Julio Cortázar, Robert Louis Stevenson, Lewis Carroll, Roald Dahl, Liliana Bodoc, Inés Garland, Pablo Ramos, Márgara Averbach, Ana María Shua, Sergio Olguín, Paula Bombara, Norma Huidobro, Luis María Pescetti.

-No dejar de visitar la novela gráfica. Y volver a mirar las historietas.

-Editoriales clave: Alfaguara, Norma, Zorro Rojo, Océano.

Para todos

-Libros sin texto escrito: Emigrantes, de Shaun Tan, Trucas de Juan Gedovius, Romeo y Julieta (FCE). Día de pesca, de Laurent Moreau (Pípala). Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak (Alfaguara), Mi gatito es el más bestia (RBA Libros).

-Los irresistibles: La verdadera historia de los tres cerditos, de Jon Scieszka (Thule Ediciones), Mi pequeño, de Germano Zullo y Albertine (Limonero), Zoom, de Istvan Banyai (FCE). Los libros de Gilles Bachelet, Anthony Brown e Isol.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas