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La asombrosa selva jujeña en Calilegua

Con 76 mil hectáreas de yunga, con su exuberante vegetación en la montaña, sorprendentemente cerca de la Puna, es uno de los parques nacionales menos visitados del país

Domingo 09 de julio de 2017
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LA NACION
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A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular
A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Por el camino incaico que une Humahuaca con las yungas se puede descubrir uno de los tesoros naturales ocultos de la Argentina: Calilegua. O la selva entre las nubes.

Hay varias opciones para llegar a este parque nacional tan poco explorado: a pie o a caballo, o en la combinación de ambos a montaña traviesa por pueblos pintados en el cielo, que van desde la Quebrada hasta la yunga (ecorregión conocida en la Argentina también como Selva Tucumano-Oranense, de clima cálido y húmedo). Ese es el camino más largo, más aventurero, más auténtico. El camino incaico que recorrieron los ancestros de nuestros aborígenes.

También se puede llegar en vehículo desde San Salvador de Jujuy, en menos de dos horas, conectando tres rutas asfaltadas.

Lo importante es llegar, dar con esta selva en medio de las nubes e insólitamente cerca de la Puna. Este parque nacional de 76.000 hectáreas, creado en 1979, recibe pocos visitantes: apenas mil personas por mes se animan, un número muy lejano de los más de un millón de turistas que pasean cada año por el Parque Nacional Iguazú.

Calilegua tiene una exuberancia distinta. Aquí el único ruido es el canto de los pájaros o el de los monos. Aquí el único desafío es ver a un yaguareté. Entre lianas y tucanes el tiempo se detiene bajo el suave sonido de las cascadas de agua.

Termas y cascadas

Desde Humahuaca, por el viejo camino incaico que pasa por Santa Ana, Valle Colorado y Valle Grande, se tarda casi tres días hasta San Francisco, pueblo de ingreso al parque Calilegua. Otra opción es el paso Tilcara, más ardua pero muy atractiva. Lalo Cruz, guía, de 60 años, cruza a los viajeros desde allí y conoce el trayecto. Hijo de un arriero, domina cada rincón de esta geografía. "Es hermoso partir de la Quebrada, pasar por la Puna y llegar a la yunga -dice Lalo-. Son tres paisajes distintos en tres noches. Hay que estar en forma."

Desde San Francisco, finalmente se parte hacia el parque nacional. Antes de entrar es posible ir a caballo o caminando hasta las termas del río Jordán y la cascada situada en la Cueva del Loro. Tras dos horas de caminata en bajada por un sendero barroso, acompañado por urracas y mariposas de colores, se llega a las termas de agua caliente, de un color verde turquesa. Entre pequeñas cascadas el caminante puede relajarse en agua termal, tibia y sanadora.

Camino abajo por la ruta provincial 83, a pocos kilómetros se ingresa finalmente al parque nacional. La entrada es gratis. Sólo hay que registrarse antes de encarar los senderos, por seguridad personal. El lugar es muy agreste y pese a que los senderos son autoguiados es mejor dar aviso. Y tomar un mapa del lugar. En el puesto Mesada de las Colmenos es factible contactar a un guardaparques. También es posible registrarse camino abajo, en el centro de informes a los turistas, donde además hay baños y servicios. En estos días se inaugura también un nuevo centro de visitantes y de observación de fauna. Cerca de allí hay baños y un sector de acampe con asadores y mesas.

A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular
A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Una vez en el parque Calilegua hay más de diez senderos por recorrer. En el sendero Intercultural Guaraní Nuestra Selva se puede apreciar la simbología y la espiritualidad de este pueblo. Aquí los guías cuentan las historias, leyendas y costumbres de sus antepasados. Entre cedros, robles, lapachos, urundeles y lianas, se acerca a la mirada aborigen para apreciar la naturaleza.

Especies en peligro

Todos los senderos son de tierra, muy angostos y se recorren caminando. O en escaladas. Se pueden hacer de manera independiente ya que son autoguiados con cartelería. Pero es preferible contar con un mapa dado que hay recorridos de diversa dificultad y extensión. Hay senderos de una hora y escasa dificultad, como Nuestra Selva, y senderos de tres o cinco horas de exigencia máxima. El auto sólo transita por la ruta que recorre la periferia del parque. Desde allí es posible tener una linda vista de la flora y reconocer algunos árboles en extinción. La fauna, muy variada, es más difícil de ver sin adentrarse en la yunga, por sus hábitos escurridizos.

Una buena opción es la visita guiada. Osvaldo Nova, referente de la comunidad guaraní, acompaña a los viajeros por la senda Nuestra Selva. Al inicio del trayecto hace una ofrenda o Yerure y luego avanza por la jungla. La ceremonia consta de enterrar hojas de coca y vino en la tierra. Pedir permiso a la Madre Naturaleza y encomendarse para transitar el lugar.

Cuenta que el palo borracho es sagrado para esta comunidad por sus poderes curativos, igual que el yaguareté, dado que resiste el exterminio, como los aborígenes locales. El recorrido termina en la ruta provincial 83 que une los diversos senderos del parque nacional.

A pocos kilómetros, el sendero El Negrito es uno de los más lindos de Calilegua. También es el más arduo. Comienza a pocos pasos de la seccional Mesada de las Colmenas y recorre la selva montana. A mitad de camino se encuentra el sitio histórico Las Pircas, antiguo puesto de trashumancia. Desde allí se llega a una vertiente de agua clara. Una cascada de agua verde y cristalina a más de 800 metros sobre el nivel del mar.

A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular
A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Todo el paseo no lleva más de tres horas. Es una experiencia inolvidable que requiere capacidad para trepar una suerte de escalera natural entre helechos, lianas, naranjos y orquídeas.

Hay otros senderos como Tataupa, que también desemboca en el arroyo El Negrito. Esta opción parte de la seccional Aguas Negras y atraviesa la selva en un ambiente ribereño. Todo un ecosistema por descubrir. Senderos donde se pueden avistar momotas, urracas y águilas moras; regados de orquídeas, nogales, alisos, epífitas. Entre estas plantas, las bromelias son el alimento de los monos salvajes.

Gran biodiversidad

En el camino los carteles advierten al visitante que este ambiente llamado yungas es uno de los de mayor biodiversidad de la Argentina y uno de los más amenazados en el mundo, donde se protege al Palo Blanco y Palo Amarillo. También posee aves en peligro crítico, como el águila arpía.

La selva pedemontana es uno de los distintos pisos que tienen las yungas y también está amenazada. "Su estado de conservación se considera crítico. Su particularidad es el marcado contraste hídrico entre los veranos lluviosos y el seco período invernal", sostiene Matías Carpinetto, intendente del parque nacional, mientras recorre junto a la nacion esta selva entre nubes.

Su importancia radica en que además de garantizar provisión de agua para el consumo humano alberga especies propias del lugar en peligro o amenazadas. Entre ellas la taruca -o venado andino- y el yaguareté.

Un cartel advierte: Usted se encuentra en el hábitat natural del yaguareté y del puma. Para prevenir riesgos por favor siga las recomendaciones: no camine solo, mantenga a los niños a la vista, no circule fuera de senderos, son algunos de los consejos.

Aún hay sitios inexplorados en esta yunga: las ruinas arqueológicas incaicas y las pinturas rupestres son algunos de esos espacios todavía reservados, de muy difícil acceso.

"Lo interesante es que en pocos kilómetros del camino hay distintos ambientes naturales y diversas culturas: en las partes altas que tuvieron contacto con el camino del inca hay descendientes de los collas u oclollas. Ya en las zonas bajas de la yunga están los guaraníes y wichis", explica Tillie Morales, guía del parque nacional.

No importa si uno llega por Humahuaca, por Tilcara o por San Salvador. En auto, en moto, a caballo, o a pie. El desafío es animarse a descubrir este tesoro natural.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión a San Salvador de Jujuy, desde $ 2500. De San Salvador de Jujuy se toma la ruta 66 pasando por las localidades de Palpalá y Pericó. Luego se empalma la ruta 34 en dirección a San Pedro y Libertador General San Martín. Pasando Libertador San Martín se toma la ruta provincial 83, que atraviesa el Parque Nacional Calilegua y continúa hasta las localidades de San Francisco y Valle Grande. El trayecto, de 106 km, puede tomar dos horas.

Travesías

Diferentes guías locales proponen travesías alternativas hasta el Parque Nacional Calilegua.

Desde Humauaca: en auto a Santa Ana por ruta provincial 73. Pernocte. Luego a Valle grande caminando 8 horas por el camino del Inca. Pernocte. De nuevo en vehículo a Valle Colorado, San Francisco. Ingreso al Parque Nacional por ruta 83. Dos/ tres días.

Desde Tilcara: Caminando 8 horas a Waira Huasi. Pernocte. Caminata de 6 horas a Campo Verde. Pernocte. Caminata de 6 horas a San Lucas. Caminando 6 horas a San Francisco. Parque Calilegua. Cuatro días.

Guias: 388615441602 Tillie o 3886824864 Lalo.

Dónde dormir

En Libertador San Martin, Posada del Sol. Hostería Spa.

En Calilegua: Hostería El Jardín Colonial. En San Francisco y Valle Grande: Hospedaje Luana. Habitaciones en casa particular. Consultar calefacción.

En el territorio del yaguareté

El Yaguareté es un animal esquivo a los humanos. Unos pocos pobladores de estas tierras se toparon con alguno. Humberto Tabolaro es uno de ellos. Fue una la madrugada, en el camino que une al parque con San Francisco. Fue un encuentro fugaz, breves segundos hasta que el animal volvió a la yunga.

A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular
A dos horas en auto desde San Salvador de Jujuy, senderos para descubrir una región singular. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Elvira Corimayo y Pablo Quispe vivieron en el parque nacional durante su niñez y nunca vieron un yaguareté ni un puma. "Sólo recuerdo la paz. Y que éramos libres entre los árboles", sostiene Pablo.

El hombre creció aquí, en una casa de adobe y palos, entre naranjos, limas y paltas, antes que la selva fuera declarada área protegida, en 1979.

"Bebíamos agua de las vertientes naturales y nunca nos enfermamos", recuerda el hombre que hoy hace recorridos turísticos desde San Francisco. En su nueva casa ahora de adobe con estufa a leña, recibe a los visitantes que llegan al parque que fue su hogar.

Pablo conoce cada rincón de esta área protegida de más de 76.000 hectáreas. Recuerda los pájaros carpinteros, las urracas, los pájaros azules que se comen las naranjas, los tucanes y los búhos que cantan cada noche. El canto de los búhos era incesante, como la luna que sale noche tras noche para iluminar la oscuridad en la yunga.

"Vivir allí fue lo más lindo que nos pasó", dice el hombre que ahora invita a otros viajeros a conocer su antiguo hogar en la selva.

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