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Cuando Diego Maradona fue espía de Látigo Coggi: una leyenda que cumplió 30 años

PARA LA NACION
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Osvaldo Príncipi
Viernes 07 de julio de 2017
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El pueblo de Ribera parecía detenido en el túnel del tiempo, hace 30 años. Muchas calles de tierra y algunos viejos guiando sus rebaños, por veredas con pastura, en un verano esclavo de su maravillosa naturaleza en donde todo desembocaba en las playas sicilianas. Decían que fijando la vista en un punto imaginario de esas aguas se podía llegar a ver Libia y, además, aconsejaban tomar un taxi y llegar en una hora al pueblo de Corleone, donde crecieron sanos y rozagantes, celebridades como Vito y su familia.

En aquel inolvidable 4 de julio de 1987, dos argentinos se apoderaban de los títulos salientes de los periódicos italianos: "Maradona imparable con el primer campeonato del Napoli", resaltaban los más impactantes, y otros, no tan pomposos, advertían: "Látigo" Coggi, el zurdo que amenaza al campeón mundial welter jr. (AMB) Patrizio Oliva".

Diego Maradona, santificado como ciudadano ilustre de Nápoles en estos días, fue un espía de "Látigo" para esa ocasión, con una misión específica: conseguir videos de peleas de Oliva, poco vistas en la Argentina. Exaltó sus virtudes y anticipó la probable caída del campeón napolitano, causando un desbarajuste absoluto y dándole al desafío un clima "bélico" inesperado.

Coggi tenía 25 años y era producto del boxeo ordenado del último Luna Park. Hecho a imagen y semejanza de Santos Zacarías desde el primer día de gimnasio y representado por Tito Lectoure, quien lo había probado a fondo en una eliminatoria de "entrecasa" ante Hugo "Pajarito" Hernández, en 1986.

Era zurdo, veloz como ningún otro, de apariencia frágil pero insoportable con su gancho y su cross de izquierda cuando pasaba al ataque. Oliva había destronado al bonaerense Uby Sacco en Montecarlo, en 1986. Era invicto en 48 combates y se movía permanentemente en el ring. Era raro, lucía endeble, pero un adversario difícil.

El periodismo argentino desembarcó con todo en Italia: Carlos Losauro, de LA NACION; Horacio Pagani, de Clarín; Enrique Martín, de DyN; Eduardo Castiglione, de Télam; el viejo Jorge Mórtola, de Crónica, y Ernesto Cherquis Bialo, de El Gráfico. Radio Rivadavia llevó su equipo completo: Osvaldo Caffarelli, Horacio García Blanco y Walter Nelson, al borde del ring, mientras este cronista preparaba su garganta para relatar el match por Ring Side 2.

Hacía calor, mucho calor, y en un humilde recinto comunal -preparado para jugar papi futbol- se realizó el combate. Tras dos asaltos de imperfecciones, Coggi encontró tiempo y distancia en el tercer round y casi sacó del ring a su adversario con un zurdazo relampagueante. El mítico relator Paolo Rossi, homónimo del afamado futbolista, sólo atinó a decir en la pantalla de la RAI: "¡Oh.Dío mío!"

Nacía un campeón que dio vida a una serie de combates inolvidables del boxeo argentino y que se adueñó, junto a Jorge "Locomotora" Castro y Julio César Vásquez, de una era fantástica. Nostálgica y entrañable.

Lejos de la rimbombancia con la cual Maradona y Napoli festejaron su amor y sus campeonatos, "Látigo" Coggi, en silencio y en familia, en su Brandsen del alma, esbozó una sonrisa cómplice. Sabe que aquel nocaut artesanal que enmudeció al sur italiano, al igual que las grandes obras de arte, día a día se valoran y cotizan cada vez más fuerte, a pesar que ya tengan 30 años de historia.

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