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Ese absurdo universal

LA NACION
Sábado 08 de julio de 2017
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Cuando era chico y veía los dibujos de Landrú siempre me llamaban la atención. ¿Por qué dibuja así?, me preguntaba. Eran raros, con narices demasiado grandes, patas demasiado cortitas ¡Eran absurdos!. Este señor no sabe dibujar, quizás pensé. Unos años más tarde entendí: Landrú dibujaba gracioso. Y dibujar gracioso es algo que se ve mucho menos que dibujar bien. ¿Por qué dibujaba gracioso? Porque pensaba gracioso. Y el maestro decidió aplicar sus superpoderes a nuestra sociedad, a nuestros políticos, a nuestros famosos. El absurdo se combate con el absurdo, habrá pensado.

A mis tempranos 20 años, y gracias a un amigo emparentado con el maestro, entrevisté a Landrú para una revista universitaria. Repasamos toda su carrera, fue muy generoso con sus recomendaciones, con su tiempo. Recuerdo que me dijo que cuando firmaba "J. C. Colombres" sus chistes, nadie se acordaba de quién era, pero cuando empezó a firmar Landrú, como el asesino francés, eso cambió. Yo por esos tiempos empezaba a hacer mis primeros chistes... "A lo mejor si los firmo «Liniers»"... pensé.

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