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El black bloc, la táctica que sembró el caos

El apelativo no define a un grupo concreto, sino una forma de protesta radical de anarquistas

Domingo 09 de julio de 2017
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HAMBURGO (De un enviado especial).- Un cajero automático arrancado, con los cables pelados, echa humo sobre la calle Schulterblatt. Huele a caucho quemado. Unos curiosos caminan entre escombros, vidrios rotos y postes derrumbados. El barrio de Schanzenviertel es una postal de destrucción después del paso del black bloc, los extremistas que se propusieron convertir Hamburgo en un "infierno" para repudiar a los mandatarios reunidos aquí en la cumbre del G-20.

Alemania amaneció ayer en shock por las escenas de una madrugada de saqueos e incendios.

Los medios intentaban dilucidar quiénes están detrás del ataque que desbordó el mayor operativo de seguridad de la historia del país, integrado por 20.000 agentes con equipamiento de última tecnología. El problema es que el apelativo black bloc no define a un grupo concreto, sino una táctica de protesta radical adoptada por movimientos anarquistas, de organización laxa e ideología difusa que aspira a mantenerse en el anonimato. Visten de negro, y su lógica consiste en actuar en bloque para provocar destrozos y crear un ambiente revolucionario.

Llevan tres décadas golpeando en cumbres internacionales, con episodios sangrientos como en el G-7 de Génova, en 2001, que dejó un muerto. Son especialmente fuertes en Italia, de donde provenían muchos de los atacantes que prendieron fuego Schanzenviertel. No tienen líderes visibles, porque sus actos son ilegales. Son grupos minoritarios que se coordinan por las redes sociales. Con matices, promueven una guerra al capitalismo y la globalización para imponer un sistema libertario sin dinero ni Estado.

La delegación argentina en el G-20 recababa datos sobre el black bloc con la mira puesta en la próxima cumbre, que será en Buenos Aires. "Nosotros estamos lejos y es caro llegar", dijo un alto funcionario del Gobierno. Pero no podía descartar que agrupaciones extremistas argentinas -como Quebracho- pudieran adoptar esa táctica.

Tampoco puede descartarse una movilización regional: militantes identificados con el black bloc ya operaron en Brasil durante las revueltas que en 2013 y 2014 cimentaron el declive de Dilma Rousseff.

La Oficina Alemana de Protección de la Constitución trazó un perfil en un informe. Explica que su misión es "provocar a las fuerzas de seguridad con violencia en busca de una respuesta". Con eso, "aspiran a desenmascarar el «estado capitalista represivo» y desencadenar una situación revolucionaria".

Hamburgo es una de las capitales europeas del movimiento anarquista. La batalla del G-20 estalló en la vereda del legendario Rote Flora, un teatro tomado desde los años 80. Sus paredes están tapizadas de grafitis y consignas revolucionarias. El tiempo lo volvió una curiosidad turística en un barrio que hoy es el corazón cool de la ciudad. Ayer era zona de guerra, a sólo 600 metros de donde debatían los presidentes.

A la canciller Angela Merkel le llovieron críticas por el manejo de la crisis. "¿Por qué traer esta locura a Hamburgo?", dijo Anita Zillen, una comerciante a la que le quemaron su bar. Tres días de choques dejaron 143 detenidos, más de 400 heridos y la sensación de un fracaso calamitoso del dispositivo de seguridad.

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