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El desafío de estar en un espacio reducido

Domingo 09 de julio de 2017
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Todo lo que nos sucede en esta vida tiene siempre un lado bueno y malo. Y vivir en espacios reducidos no le escapa. Una de las cuestiones que puede llegar a hacernos bien cuando se tiene que vivir en un espacio pequeño es el estar obligado a establecer prioridades sobre lo material: ya no se puede tener en ese ambiente todo lo que uno querría. Y hasta tal vez se puede llegar a trasladar esto a lo psicológico, en el sentido de lograr establecer prioridades en los proyectos personales y los vínculos.

Además, vivir en espacios reducidos aumenta nuestra capacidad de adaptación y puede llegar a hacernos más flexibles. Incluso los gastos suelen ser más reducidos. Y escasos metros se ordenan y limpian en poco tiempo.

Pero por otro lado, hay que tener en cuenta que los espacios pequeños pueden llegar a influir en el estado de ánimo. Bajo determinadas circunstancias, vivir en lugares muy pequeños -y sobre todo durante mucho tiempo- podría aumentar las probabilidades de padecer depresión y ansiedad. En extremo, alguien puede sentirse preso en un espacio reducido.

También puede aumentar la frustración ante la imposibilidad de cambiar las condiciones de vida. Y una forma de poder luchar contra esto es aprovechar más el espacio exterior y los beneficios del aire libre.

Quizás la situación se agrave cuando nos toca convivir en lugares chicos con otros. El espacio subjetivo que todos necesitamos y el propio espacio psicológico empieza a pesar de otra forma. Todos tenemos una especie de burbuja invisible a nuestro alrededor que, en general, no queremos que sea invadida por cualquiera, sino sólo por las personas autorizadas.

Todos necesitamos, por más seres sociables que seamos, nuestro propio espacio y nuestros momentos de intimidad. A partir de esto, convivir con otro en un lugar muy chico puede facilitar la intolerancia y la irritabilidad. En ese caso, la convivencia se enfrentará al desafío de aprender a lidiar con esas situaciones de la mejor forma posible. Una salida puede ser encontrar algún momento donde estar solos en esos pocos metros. Y si ese momento no se logra, salir de ese ambiente antes de que surja un conflicto puede ser la respuesta.

Nuestra subjetividad se pone en juego en todo lo que hacemos y en este caso también. Si se luchó por conseguir este espacio y para uno representa independencia, quizás no se quiera cambiar por nada, porque por más chico que sea, para uno puede ser gigante.

El autor es psicólogo especialista en vínculos

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