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A 10 años del día en que el turf le agregó historia a la inolvidable nevada de Buenos Aires

En el momento en que la nieve era más intensa en aquel 9 de julio, siete caballos y siete jockeys dieron espectáculo en el Clásico Chacabuco, que Calidoscopio ganó por la cabeza ante Ibope

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LA NACION
Domingo 09 de julio de 2017 • 15:58
La largada del Clásico Chacabuco; Calidoscopio, a la izquierda, justo de celeste y blanco el 9 de julio
La largada del Clásico Chacabuco; Calidoscopio, a la izquierda, justo de celeste y blanco el 9 de julio. Foto: Juan Sandoval/HAPSA
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Hace 10 años, Buenos Aires vivía la segunda nevada de su historia y el turf le hacía honor a su prosapia, la de correr en cualquier condición climática, para sumarse y hacer su propia historia. La pista de arena de Palermo no podía clasificarse más que como húmeda, pese al manto blanco, y Calidoscopio, el caballo con su destino de héroe, ganó el Clásico Chacabuco, una carrera de 2500 m que se largó en el momento en que la nieve era más intensa.

Los jockeys usaron breches para lluvia y guantes. "Nieve era la que había en Neuquén, donde, llegado un momento, tenían que suspenderse las carreras", decía el jockey José Méndez,que luego sería protagonista del clásico. Y Jorge Valdivieso graficó el rigor de la tarde: "El frío atravesaba hasta los guantes".

El final, espectacular, aportó el mejor momento, el de más calor en el hipódromo porteño, al que se atrevieron los incondicionales pero no masivamente en las tribunas, sino en los salones, a resguardo, en una jornada en la que la mayoría de los ciudadanos sólo asomó la nariz para sacar fotos. Los que se expusieron fueron caballos y jockeys. En la recta final, Calidoscopio e Ibope, Jacinto Herrera y el Corto Méndez. Una batalla, sin miedo a la inestabilidad que subía desde la superficie. La diferencia en el disco fue de una cabeza.

Calidoscopio, el elegido, el caballo que se recuperó de cada escollo en su camino, ganó por la cabeza, nada más. En 2012, cuando el hijo de Luhuk y Calderona, criado en el haras La Quebrada y con los colores del stud Doña Pancha, estremeció el hipódromo de Santa Anita, cerca de Los Ángeles, y asombró al turf del mundo, cuando ganó la Breeders' Cup Marathon (2800 m), después de atropellar desde el último puesto, a 20 cuerpos de los punteros, hasta el último codo.

Tal vez, el espíritu caudaloso que afloró en los caballos de carrera y sus jinetes, con valentía e innegable estoicismo, en aquella tarde/noche que Buenos Aires no olvidará, fue el mismo que llevó a Calidoscopio a alcanzar aquella hazaña en los Estados Unidos.

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