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TMX Challenge: el triunfo de los que no pagaron

El famoso circuito de competencias de aventura cumplió su 20º edición y debutó en la Laguna de Lobos; una historia de infiltrados, el primero que siempre llega tarde y la eterna cuestión de quién gana la carrera

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PARA LA NACION
Lunes 10 de julio de 2017 • 12:23
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Jorge Guillermo Quinteiro es del '48; el mismo año que nacía Adidas, el creador de Nike terminaba la primaria y el boom del running no existía ni en los libros de ciencia ficción. Jorge hoy tiene 69 años y hace dos meses le pusieron una cadera nueva. "Todavía tengo miedo de que se me salga", confiesa apoyado en su bastón. No pagó la inscripción; pero fue una de las figuras del TMX Challenge.

Como vos ya sabés, esta carrera bautizó su nacimiento con una lluvia que duró cuatro años, once meses y dos días. Este invierno, para su 20º edición volvió a nacer -en Lobos, Buenos Aires- y volvió a bañarse en una lluvia que desafió a todos los que se animaron al trail, al duatlón, al triatlón y al barro; pero principalmente puso a prueba a Quinteiro, su cadera nueva y su bastón viejo.

Domingo 9 de julio, 10:15 am. Ciudad de Lobos: Salgo de la cama, con sueño y sin ganas, como casi siempre que madrugo para ir a competir. Llueve como si el cielo nos tuviera bronca y los truenos pugnan entre ellos a ver quién es más cojudo. Me visto para despertarme y entro a facebook para confirmar que se suspendió la carrera "Por inclemencias climáticas que ponen el peligro la integridad de los corredores". No se suspendió un carajo, salgo rajando.

10:30 am: Manejo en la ruta los 15 kilómetros que separan la ciudad de la Laguna de Lobos mientras me puteo por llegar siempre -a todos lados- tarde.

10:45 am: Estoy en la laguna y parece otro mundo. Casi no llueve, la superficie del agua es vidrio y el aire está detenido en el aire. Tiro el auto donde puedo, corro, retiro el dorsal, me cambio, veo que el dorsal es de 20k y yo quiero largar los 10k, corro de vuelta, cambio el dorsal.

11:00 am: Me ato los cordones, mucho, porque hay barro, mucho. Me paro debajo el arco, empezamos la cuenta regresiva, largamos. Los 10k (en los que participo), los 20k (que casi me hacen correr por error) y los 35k (con los que no tengo nada que ver, pero me parecen una locura con ese día). Todos salimos disparados entre las plantas, parecemos desesperados por meternos en la naturaleza.

Pero distanciado de la largada se queda Jorge Guillermo Quinteiro, mirando, parado.

Con Santiago Cisneros
Con Santiago Cisneros.

Yo ya no veo qué pasa, porque voy tratando de correr a las patinadas sobre el barro. Pero me aseguran que minutos más tarde largaron los corredores del triatlón (trote, bici, kayak y trote) y duatlón (trote, bici y trote). Nuevamente, todos lanzados con esa ingenuidad que da el cuerpo entrenado y descansado, inconsciente aún de cuánto se puede llegar a sufrir.

Viviana Mabel Basso es del '54; año en el que Elvis Presley grababa su primer disco y Roger Bannister se transformó en el primer homo sapiens en correr una milla (1609 metros) en menos de cuatro minutos (240 segundos). Le hace frente a la lluvia con 63 años y un paraguón blanco y azul. "¿Cómo no vamos a venir?", es lo primero que responde "si se hace en Lobos". Tampoco pagó la inscripción, pero fue otra de las figuras del TMX Challenge.

11:33 am: Me aferro a la cinta de llegada como si fuese la última carrera que voy a ganar en mi vida. ¿Quién lo sabe? Quizás sí sea la última. Pisando mis pasos llega Santiago Cisneros. Festejo, saludo, disfruto, nos sacamos fotos, me voy a bañar, me demoro bajo el agua caliente, me seco y me abrigo.

12:00 am: Ya estoy como quiero estar: seco, caliente y llenando la panza bajo un techo firme. Miro por la ventana choreada de lluvia: Viviana Mabel Basso y Jorge Guillermo Quinteiro siguen bajo su paraguón, sobre su bastón, bajo la lluvia, al lado del arco de llegada.

El TMX Challenge continúa a pleno, llueve más, llueve menos, a veces para, a veces llovizna. Ni a la organización ni a los corredores les importa mucho; cada cual sabe lo que tiene que hacer. En las damas Adriana Hidalgo, Verónica Maraulo, Florencia Cotanzo y ganaron los 10, 20 y 35k, en los hombres Ezequiel Pietranera se llevó los 20 y Nicolás Lezmo los 35k. En realidad no sé bien si ganaron, lo único que puedo afirmar es que llegaron primero. El resto de los corredores está acá. ¿Qué ganó cada uno sobre la tierra de Lobos y bajo la lluvia de un cielo hostil? Solo ellos lo saben.

1:00 pm: Y se largó linda la lluvia. Me arrimé a la parrilla: fijar la vista en el fuego me produce un placer ancestral. Siguen dejando las bicicletas seres que imagino humanos bajo una capa uniforme de barro. Calculo que varios no fueron pedaleando sino nadando a través del circuito para quedar tan homogéneamente enchastrados. Tampoco se los ve muy preocupados y calculo que la lluvia lo lavará en breve. Y sin querer los vuelvo a ver, a los dos. Están mirando a lo lejos algo que nadie ve. Viejitos, acurrucados como horneros dentro del nido; pero sin nido, solo con paraguas y bastón.

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El duatlón corto (5 de trote, 20 de bici y 3 km de trote) lo completan primero Andrea Vivas y Yonatan Da Silva, el largo (10 de trote, 35 de bici y 3 km de trote) lo hacen más rápido Graciela Salvarezza y Alejandro Ruiz. Ya los del triatlón se acercan a sus kayaks, la punta masculina está muy peleada, después de horas de batalla apenas segundos separa a los punteros. Desde la costa Quinteiro sobre su bastón y Basso bajo su paraguas observan. Hay una confusión en la entrada a laguna y uno de los punteros pierde metros. La adorable señora de 63 añitos señala a un organizador y lo raja a puteadas.

La batalla -que venían librando desde el trote y sobre la bicicleta-, pasó a ser naval. Seis kilómetros de remo para exprimir la última energía que cada cuerpo pueda entregar.

2:08 pm: Simón Eduardo Quinteiro, hijo de Viviana Mabel Basso y Jorge Guillermo Quinteiro, cruza primero el arco de llegada. Su mamá le coloca la medalla de finisher, lo abraza y le limpia la cara: tiene un poco de barro. Simón sonríe, no debe tener ni idea lo largas que se hicieron esas horas bajo la lluvia.

"Lo seguimos a todos lados al nene", el nene tiene 41 años y es abuelo. "¡Una vez fuimos a verlo a Palermo!", recuerda Viviana orgullosa. Jorge reconoce que aún hay algo que tolera: "cuando largan me voy para otro lado", confiesa "me pongo muy nervioso".

Simón junto con sus padres
Simón junto con sus padres.

Ya mencionamos a todos los primeros, ya festejamos a todos los que corrieron, ya felicitamos a la organización que le puso el pecho al peor clima. Ya todos se llevaron su podio, su mellada, su foto y hasta yo tengo mi premio en la repisa. La XX edición de un TMX Challenge que renació en Lobos llegó a su fin -y en breve se viene otra-. Pero me quedaré para siempre con la duda, de si alguien pudo vivirla tan intensamente como Viviana y Jorge, aunque no pagaron la inscripción.

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