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¿Por qué el Papa Francisco no visita la Argentina?

Loris Zanatta

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PARA LA NACION
Martes 11 de julio de 2017 • 00:17

¿Por qué fue a Africa central y a Asia oriental, a Suecia, Turquía y varios países de América latina, pero no a su país? Se entiende que esto despierte conjeturas y encienda controversias. El entorno del Papa se encoge de hombros: el provincianismo de costumbre; imagínense si Francisco tendrá tiempo para chusmeríos. A medida que pasa el tiempo, sin embargo, se hace más claro que la del Papa es una elección deliberada, un cálculo consciente. ¿Cómo explicarlo de otro modo? Por las dudas, los que lanzan desatinos son sus amigos, sus devotos, sus innumerables voceros: quien dice que acaba de verlo, quien se jacta de credenciales antiguas, quien alude a canales privilegiados. La cacofonía es enorme y el circo que crea no beneficia la imagen del Papa: dime con quién andas y te diré quién eres, pensarán algunos.

Todos creen saber por qué el Papa no visita la Argentina. Yo no tengo ni idea: miro sorprendido y un poco divertido el debate. Leí a una periodista que dice ser amiga de Bergoglio desde hace 17 años. Sus fotos con el Papa parecen confirmarlo. De paso, escribió un libro sobre el Papa "íntimo" y ya pronosticó su beatificación. Ella sabe por qué el Papa no viaja a la Argentina. Pero no lo dice. Y nosotros, muertos de curiosidad. Hurgando en los archivos, resulta que la señora tiene un par de esqueletos en el armario. No importa, cosas viejas.

Serán celos, pero quienes se alteraron fueron los otros amigos de Bergoglio. Especialmente Gustavo Vera: a muchos les resulta inexplicable que un ex trotskista, ahora candidato en las listas de Cristina Kirchner, se haga pasar por vocero del Papa y que el Papa lo acredite como tal. Es un santo que libera esclavas sexuales, dicen a su lado. Es un violento sin muchas luces y ningún respeto a la ley, dicen sus detractores. Se presenta al lado de Guillermo Moreno, admirador del Papa y al mismo tiempo de métodos poco ortodoxos, para usar un eufemismo. Moreno fue secretario de Comercio pero odiaba al mercado: como buen peronista, como buen bergogliano. No son exactamente hombres que pacifíquen, figuras que reconcilien.

Lo que por estos días se les reprocha a ellos y al Papa es la invitación al Vaticano, para una cumbre sobre las nuevas formas de esclavitud, a la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó. El escándalo no se explicaría si no fuera un personaje muy discutido por estar involucrada en un grave caso de corrupción y más aún por haber sido colocada en el cargo por Cristina Kirchner con la intención de adueñarse del Poder Judicial. Llamarla a Roma justamente ahora no es algo que una al país.

Por encima de todos ama colocarse un viejo dirigente peronista que con Bergoglio tiene, dice, una antigua amistad nacida en Guardia de Hierro (peronista, católica, nacionalista, antiliberal, antimarxista) y que parece vivir dentro la televisión. El Papa, dice, "nos queda muy grande" a los argentinos.

Hebe de Bonafini, antes una heroica madre de Plaza de Mayo, ahora más famosa por su incontinencia verbal, le escribió al Papa una carta tras una entrevista con él: "Sé que vos pensás que si venís -le escribió con familiaridad- le hacés un favor al Pastor Mauricio". ¿En verdad le habrá dicho eso el Papa? ¿Tendrá acaso la intención de castigar a los argentinos por haber elegido a un liberal rico y no a un hombre del pueblo peronista? Pienso que no, pero quién sabe.

Monseñor Sánchez Sorondo, hombre de ciencia, de curia vaticana y de familia nacionalista, no mostró dudas durante una entrevista: el Papa no va a la Argentina para no profundizar la grieta, para no arrojar sal sobre la herida que atraviesa el país desde tiempo inmemorial. ¿Será posible? ¿Una autoridad que tiene por misión reconciliar, apaciguar, calmar las pasiones, es causa de discordia en su propio país? Así es. Sus amigos estan seguros: la culpa la tienen los argentinos.

Los seres humanos somos así, débiles y pecadores. Pero ¿no tendrá el Papa parte de responsabilidad si su figura divide en la Argentina y en otras partes del mundo? Si estos son sus amigos, si su corazón late en un solo sentido, si tiene recetas sobre todo (del clima a las jubilaciones, del trabajo a las migraciones, de la pobreza al desarrollo), si bendice algunos y condena a los demás, no es extraño que divida más que unir. Para todas esas cosas se inventó la política. Mientras tanto, la razón por la cual no va a la Argentina sigue siendo un misterio.

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