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Diego Aguirre: "Hay cosas de la Argentina que no me banco más y otras que son hermosas"

El entrenador de San Lorenzo repasa la vida en el país y dice que es casi como vivir en Uruguay; se entusiasma con el presente en la Copa Libertadores y cuenta cómo será el nuevo equipo

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PARA LA NACION
Martes 11 de julio de 2017
Aguirre se quedó en San Lorenzo por la tentación de la Copa Libertadores
Aguirre se quedó en San Lorenzo por la tentación de la Copa Libertadores. Foto: Archivo
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Diego Aguirre trata de no dejarse llevar por las aceleraciones del fútbol argentino. El entrenador de San Lorenzo, a veces, puede. Y en otras tantas queda preso de estos tiempos modernos en los que nadie para. El uruguayo estuvo a punto de irse del Ciclón cuando las cosas estaban mal. Es más, varias veces debió sentirse afuera. Pero haber avanzado a los octavos de final de la Copa Libertadores y haber vencido como visitante a Emelec por 1-0 le abrieron un panorama totalmente distinto.

-¿Están en un momento de la Copa que los mantiene expectantes?

-Nos había tocado una zona de grupos muy complicada. Pasar de rueda era un gran objetivo y sufrimos muchísimo para conseguirlo. Sucedieron demasiadas cosas y no nos fue bien en el comienzo de año. Se hizo cuesta arriba, pero el equipo mostró jerarquía en el final. Eso me ilusiona y vamos a pelearla. De estar prácticamente eliminados terminamos siendo primeros en el grupo sacando a un gran equipo como Flamengo. Ahí dejamos afuera a uno de los dos o tres favoritos.

-¿Qué tienen a favor para ser candidatos?

-Somos un conjunto argentino y eso te aporta tradición y jerarquía, algo que también tienen los brasileños. Al ser un equipo grande de la Argentina no importa tanto cómo jugás porque ya salís a la cancha con ventaja. Después, si voy más a fondo, este plantel mostró su verdadero nivel más de una vez en momentos límite y logró rendimientos muy importantes. Es una muestra de carácter en instantes en los que parecía que nos quedábamos sin nada. La razón principal por la que sigo en San Lorenzo es porque estamos en la Libertadores. Eso es lo que siento. Yo renové por eso, si no seguramente me hubiera ido.

-¿Te ibas por tu cuenta?

-Es que no pasaba por un ofrecimiento o no del club, era algo interno. La Libertadores es tremendamente difícil, pero tampoco es una locura pensar que podemos llegar a la final. La Copa es la motivación más grande que tengo. San Lorenzo llegó a octavos de final después de un par de años sin conseguirlo y la forma fue emotiva. Todo eso fue determinante.

-¿Qué habías puesto en la balanza para definir tu continuidad?

-Estar en Buenos Aires es casi como vivir en Uruguay. Mi familia viaja mucho a la Argentina y cuando puedo yo también los visito. En la escala familiar me cierra. A nivel profesional, la oportunidad de dirigir a San Lorenzo es un paso bárbaro, es un crecimiento. Me aportó madurez. Ya pasó un año. Fue bravo porque vengo de otro lado: no conocía las formas, la competencia, el trato con la prensa, muchas cosas. Fue un proceso complejo con momentos buenos en los que incluso sufrí bastante. Pero ahora me siento más preparado para este desafío. Quiero terminar el semestre lo mejor posible. Creo que ya me siento en igualdad con el resto de los entrenadores, ahora sé de qué se trata el asunto.

-¿Quiénes fueron los que más te respaldaron cuando la cosa no andaba bien?

-Tuve, tengo y voy a tener una relación muy buena con Matías Lammens [presidente de San Lorenzo] y Bernardo Romeo [manager]. Ellos me respaldaron. Siempre el diálogo fue con ellos y todo va a ser con ellos.

-¿La locura con que se vive el fútbol en la Argentina te llevó a pensar en irte?

-Sí, más de una vez. En alguna oportunidad me dije: "Me voy a la m.". Hay momentos en los que te envuelve una locura infernal. Por otro lado, la Argentina te despierta una pasión impresionante y entonces trato de entender todo por ese lado.

-Es como una relación de amor y odio.

-Va por ese lado la cosa, sí. Pero el enojo cotidiano de la gente no es con uno, con Aguirre. A veces es con todos, otras con ninguno. No tiene nombres propios. Por un lado pienso que hay cosas de la Argentina que no me banco más y después hay otras que me generan adicción y son hermosas. Es muy difícil de explicar.

-¿Pediste que se quedara Ortigoza?

-Sí, pero eso ya se traslada a un tema entre él y la dirigencia. Néstor puso sus pautas, pero le ofrecieron un año de contrato. Son políticas del club y después tenés al jugador que no acepta. Son situaciones personales. Y yo tampoco voy a estar tanto tiempo en San Lorenzo, firmaré por un año. Entonces no puedo meterme ni generar polémicas.

-¿Qué pierden sin él?

-Liderazgo, personalidad y buen fútbol.

-¿Hay un reemplazante natural para un jugador de ese estilo?

-Yo no lo pienso así. No vamos a buscar a otro Ortigoza porque si no también es una mochila enorme para el futbolista que deba asumir ese papel. Se van a ir cambiando algunos roles e irán apareciendo otros líderes. También se fueron Cauteruccio, Blanco y Mas, y tuvimos que encontrar reemplazos. Esperamos refuerzos que le den jerarquía al plantel. No hay jugadores que sean absolutamente imprescindibles, salvo Messi o Cristiano Ronaldo. Buscaremos la forma para que el equipo no lo extrañe.

-¿Por qué tuvieron actitud y valentía en partidos difíciles y luego perdieron con rivales más humildes?

-Esa irregularidad es nuestro punto flojo. Fallamos contra equipos contra los que éramos favoritos. Es un tema que me preocupa y me enoja. Pasamos de partidos muy buenos a otros muy malos, no tuvimos intermedios. Fue un semestre complejo, con momentos lindos y otros muy feos. Tuvimos vaivenes y esa irregularidad es lo que más debemos mejorar, sin dudas. Queremos llegar a un rendimiento que nos dé credibilidad.

-¿Fue doloroso no clasificarse a la Libertadores 2018 con la oportunidad más factible?

-Sí, pero va a ser más doloroso si no lo conseguimos con las chances restantes. Esto todavía tiene dos remedios: la Libertadores actual y la Copa Argentina. Vamos por eso. Lógicamente, me encantaría que ya estuviéramos adentro, pero se nos hizo difícil en el final de torneo.

-Se habla de una cercanía con Gudiño y Alexis Castro y nombraron a Iturbe y Zelarayán. ¿Todos ellos te interesan?

-Hay nombres que concretamos, como Salazar [Víctor]. Otros son públicos, son posibilidades, pero tampoco tienen por qué llegar todos. No es que entramos en la disyuntiva de todos o ninguno.

-¿No es arriesgado estar hoy sin un reemplazo de jerarquía para Blandi?

-Tenemos un mes para cerrar el plantel y hoy no podemos asegurar que no llegue otro centrodelantero. También volverá Reniero [Nicolás, a préstamo en Almagro], es un 9 de área. Es prematuro, creo que dentro de 20 días tendremos algunas incorporaciones de acuerdo con la necesidad.

-¿Creés que San Lorenzo no viene acertando en su política de refuerzos?

-Tal vez los rendimientos no fueron los esperados. No quiero meterme con lo que pasó de un año hacia atrás. Quizás había expectativas más altas con los jugadores que llegaron y por diferentes circunstancias no rindieron. A muchos les pasó que no tuvieron continuidad y eso los afectó, otros sufrieron lesiones. Son muchas las razones por las cuales un futbolista no rinde. Mirándolo desde afuera, por ahí no estuvieron a la altura de lo que esperaban los hinchas y los dirigentes.

-Hay simpatizantes que aseguran que tuviste suerte la noche que metiste a Cristian Barrios frente a Universidad Católica. ¿Cómo sobrellevás las críticas?

-Cuando llegué a San Lorenzo una de las premisas era poner en el equipo a juveniles formados en el club. Hoy veo a Rojas [Gabriel], a Merlini [Bautista], a Barrios cuando ingresa y me da satisfacción. La entrada de Perrito contra los chilenos no fue suerte: ¡hay que ponerlo, eh! Hay que jugársela; si no lo ponés, eso que llaman suerte no vendrá solo. Si esa noche Barrios entraba y no metía el gol, ¿sabés cuál iba a ser la crítica? "Este anormal de Aguirre está quemando a un pibe." El fútbol es tan maravilloso que tiene estas cosas. La noche en el Nuevo Gasómetro con Flamengo es otro ejemplo, un gol cambia todo y se transforman las puteadas en un abrazo o en un elogio al instante. Me tocó estar en todas las situaciones. Yo tuve el honor de meter el gol de Peñarol en la famosa final de la Libertadores 1987. Si ese zurdazo hubiera salido dos metros arriba del travesaño, todavía me estarían insultando. Respeto la opinión de todos, pero trato de no llenarme de los comentarios y menos de las redes sociales. De lo contrario, sería durísimo.

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