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Los terneros que se vendían para faena encontraron madrinas que cambiaron su suerte

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PARA LA NACION
Martes 11 de julio de 2017 • 13:31
Billy, uno de los encargados del santuario junto a Cuore a los pocos días de la llegada a su nuevo y definitivo hogar
Billy, uno de los encargados del santuario junto a Cuore a los pocos días de la llegada a su nuevo y definitivo hogar.
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Formaban parte de una familia que había decidido adoptarlos como mascota. Pero como sucede en muchos casos, su tamaño pronto se volvió un problema y la casa que los albergó desde pequeños dejó de ser un lugar seguro para ellos. Sin pensar cuál sería su destino, su antigua familia comenzó entonces a ofrecerlos en un grupo de compra venta en Facebook. Los interesados no se hicieron esperar: muchos pretendían adquirir a estos dos terneros para comerlos. Habían sido parte de una familia pero ahora su suerte era incierta. Si en el mundo se mueren 5 mil animales por segundo para consumo humano sin contar los marinos ¿por qué la historia de estos dos terneros sería distinta? Hasta que dos proteccionistas se cruzaron con el anuncio y sin perder el tiempo se organizaron para rescatarlos y trasladarlos al Santuario Jaulas Vacías.

Allí recibieron los primeros cuidados y algo tan esencial y valioso como un nombre. Los bautizaron como Cuore y Cleto, tenían tan solo tres meses y toda una vida por delante. "Cleto llegó bastante bien de salud. Con su mamadera cada tres horas creció fuerte y pudo reponerse en poco tiempo. Cuore (le pusimos ese nombre porque el pelo en su cabecita hace un dibujo perfecto en forma de corazón), en cambio, vino desnutrido, con un cuadro grave de diarrea producto de la mala alimentación que había tenido que hizo que temiéramos por su vida en diferentes oportunidades. Pero la peleó, estuvo medicado y se le administraron vitaminas y, junto a nuestros veterinarios y mucho amor, se recuperó y logró salir adelante", cuenta Natalia Chaves (24), una de las voluntarias de la ONG Jaulas Vacías que rescata animales de diferentes especies del maltrato, la explotación y el tráfico ilegal y que hoy da techo, alimento y cuidados veterinarios a 150 residentes no humanos. Cleto y Cuore se comportaban, naturalmente, como era de esperar y exigían su mamadera con mugidos. "Nada los ponía más contentos que una buena mamadera llena de leche. Se acercaban a la ventana del comedor, mugían y hasta no conseguir su leche no paraban", recuerda Natalia y aclara que estos terneros tienen en sus dos madrinas -las mismas que los salvaron de la muerte- visitas, mimos y manzanas garantizadas, además de sus gastos cubiertos.

No hay dos sin tres

Al poco tiempo un nuevo caso puso en estado de preocupación a los miembros del santuario. Ragnar, un novillo de unos ocho meses que era usado para experimentación en el Instituto Nacional de Tencología Agropecuaria (INTA), sin razón aparente iba a ser enviado a la faena. "Sus cuidadores lo querían y creemos que nos llegó el alerta por esa vía. Nunca supimos realmente cuál fue la historia de Ragnar pero pudimos reconstruirla de a poco", dice Natalia. La llegada al santuario fue un tanto traumática para este joven: "con el tiempo nos enteramos que en algún momento de su vida, Ragnar había sido atacado por perros y por eso les tenía mucho miedo. Y, el día de la llegada, al bajar del trailer al pobre lo recibieron nada menos que nuestros 60 perros. Pero son todos muy amistosos y sólo querían curiosear. Afortunadamente a los pocos días Ragnar ya estaba acostrumbrado a moverse entre ellos. También nos dimos cuenta que era un poco travieso y quizás esa fue la razón por la que decidieron que su estadía en el INTA se había terminado. Es que Ragnar se divierte topando lo que encuentre en el santuario y no para hasta romper eso que está delante de él. Pero esta conducta es parte de su personalidad y lo amamos por eso", aclara Natalia.

Cuore y Cleto, siempre juntos
Cuore y Cleto, siempre juntos.

Ya pasó un año del rescate, los terneros Cleto y Cuore crecieron y su alimentación está basada principalmente en pastura. "Su meta en la vida es comer", dice Natalia entre risas. "Los veterinarios nos dicen que están un poco gorditos, pero son unos terneritos muy exigentes y los bebés de la casa, aunque tengamos otros 184 animales por cuidar. Es lindo porque todas las mañanas los llamamos haciendo muuu y ellos contestan y vienen corriendo de donde estén porque saben que viene el fardito", agrega. Por su parte Ragnar se está transformando en un hermoso y saludable toro. Al igual que sus hermanos menores (Cleto y Cuore) todas las mañanas y todas las tardes exigen su fardo mugiendo y pasta tranquilo al sol en el predio sin que nadie lo moleste.

Ragnar y una muestra de cariño a su cuidador
Ragnar y una muestra de cariño a su cuidador.

Además de Natalia hay cuatro voluntarios más que dedican su tiempo y esfuerzo para cuidar y velar por la salud y seguridad de los miembros del santuario. Adriana, que es docente y con su sueldo solventa todos los gastos que implica el predio, sus hijas Sere (7), Lucrecia (21) y su novio Billy (28). Ellos son quienes decidieron hace ocho años hacer de su hogar un lugar de rescate, donde animales de diferentes especies son salvados del maltrato, el abandono, la explotacion y el tráfico ilegal. El refugio cuenta además con colaboradores y madrinas que ayudan con los gastos mes a mes de algunos de los 150 rescatados. "Tambien nos ayudan con donaciones, colectas y trabajo voluntario organizaciobes como ALFA, Animal libre o Coala. Actualmente necesitamos madrinas que nos ayuden con los gastos mensuales de los rescatados y voluntarios siempre. Tenemos la capacidad de sentir, de gozar como de sufrir. Todos somos animales. Y todos tenemos derecho a disfrutar de nuestras vidas", asegura la joven de 24 años quien, con el apoyo de su mamá, dejó todo atrás para dedicarse de lleno a esta altruísta tarea.

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