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Costo político

Sergio Suppo

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LA NACION
Miércoles 12 de julio de 2017

Nunca como en los tiempos electorales, la política se parece más a un iceberg. Puede hasta ser fascinante en la superficie, mientras la mayor parte de ella permanece oculta. Y es la más peligrosa.

Es el tiempo de ofrecer a los candidatos, de mostrarlos, de exhibirlos. También viven su esplendor los desconocidos de siempre bajo el título de apoderados, interventores, recaudadores, tesoreros y operadores. Son los encargados de conectar el esplendor con las catacumbas.

Es el submundo de los partidos inventados, de las fichas de afiliados que no existen, de las listas de candidatos de fama dudosa y reputación nula. Es ahí donde encuentran que pueden pasar a cobrarle al Estado centenares de millones de pesos por la hábil maniobra de haberse anotado en algún frente electoral en los comicios anteriores. Algunos de esos pagos fueron frenados justo al borde del abismo. Por ahora.

Mientras, otros pasan a cobrar en efectivo y portan mochilas y bolsos llenos de dinero impresentable. Coimas, drogas, juego clandestino, prostitución, todo termina pasando por el mismo embudo.

Una parte de esos recursos suele quemarse entre los fuegos de la campaña. Otra parte, simplemente, cambia de manos.

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