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Trasandino del Sur: el tren de los que soñamos una Argentina en grande

El ex gobernador de Neuquén relata las gestiones que hizo ante el BID para financiar el proyecto, dice que los primeros en boicotear la iniciativa fueron Jaime y De Vido, y que espera que triunfe la planificación

Jueves 13 de julio de 2017
El Trasandino del Sur une Bahía Blanca (foto) con Talcahuano (Chile)
El Trasandino del Sur une Bahía Blanca (foto) con Talcahuano (Chile). Foto: Archivo
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Quisiera reflexionar y comentar algunos antecedentes respecto de la nota publicada en la edición anterior de este suplemento titulada "Corredor del Sur: la versión ferroviaria del Canal de Panamá".

El título me recordó a los encuentros que mantuve hace unos años con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias, para gestionar fondos para el proyecto Ferrocarril Trasandino del Sur (FTS). Iglesias me afirmó con entusiasmo que el Trasandino sería el Canal de Panamá de América del Sur. El representante del BID conocía en profundidad el proyecto porque el secretario del organismo era de Chile.

Fue en mi último mandato como gobernador de la provincia de Neuquén, tras varias gestiones nacionales e internacionales, que recibimos el apoyo del entonces presidente del vecino país, Ricardo Lagos, para ejecutar en conjunto el proyecto que tiene más de 100 años y le dio continuidad el ingeniero Domingo Pronsato, de Bahía Blanca.

Desde 1991 investigué y me interioricé sobre el tema.

Conocía en profundidad el desafío de unir comercialmente el océano Atlántico con el Pacífico y los innumerables beneficios para ambos países: menores inversiones en el mantenimiento y descongestión de las rutas; reducción de la contaminación y números de accidentes; ahorros de costos empresariales y la creación de flujos de comercio internacional y, por sobre todas las cosas, generar mano de obra en la zona.

A esto se suma la ubicación del cruce internacional que fue protocolorizado por las cancillerías chilena y argentina en el denominado Paso Mallín Chileno.

Este paso de baja altura es una excelente opción al trazado de la vía férrea, siendo el más bajo de toda la cordillera y por su orientación en el sentido de los vientos dominantes lleva la vía por la ladera de mayor insolación, lo que permite contrarrestar la acumulación de nieve en el invierno.

Los primeros en boicotear la versión ferroviaria del Canal de Panamá fueron el ex secretario de transporte de la Nación, Ricardo Jaime, y de Planificación, Julio De Vido, cuando mantuvimos un encuentro en el que se plasmaron posiciones adversas. En esa oportunidad, Jaime nos informó que no autorizaba la construcción de la obra y en caso de ejecutarla la provincia, la administrarían ellos.

Prepotencia y mezquindad

Bajo la prepotencia y mezquindad política del gobierno kirchnerista, impulso la ley provincial N° 2505 para comenzar las obras con fondos propios y así poner a la Argentina en una situación de privilegio sobre el vecino país. Con esos 20 km de vías que construimos quedábamos sólo a 80 km de la frontera.

Mientras en el país se levantaban los ramales ferroviarios, en Neuquén, un gobierno del Movimiento Popular Neuquino con una visión estratégica nacional, hacía la inversión provincial más grande en los últimos 30 años.

Al finalizar la gestión dejo el proyecto encaminado. Los fondos tenían una afectación específica por ley y no se podían utilizar para otros destinos. La construcción del ferrocarril no se pudo paralizar.

Sin embargo, la obra fue descalificada y desprestigiada a través de una fuerte campaña mediática, la gestión que asumió y los mismos dirigentes de Zapala que eran los beneficiados y respondían al gobierno nacional.

Hubo una total indiferencia de todas las partes. El motivo fue que Jorge Sobisch fue inflexible y defendió los intereses de la provincia y su partido.

Capricho kirchnerista

Fue así como por un capricho del kirchnerismo y por estas diferencias políticas la obra se paralizó durante los últimos 10 años. Por esa tacañería es que somos tan pocos confiables en el mundo.

Fue así que las relaciones con Chile se enfriaron y las vías del Túnel Las Raíces, el más grande que se hizo en América del Sur, se levantaron.

Hoy veo con alegría que esta obra se puede llegar a terminar, debido al alto interés de Chile y del gobierno argentino que tiene otra visión más comprometida que el anterior.

Esperemos que triunfe la planificación y la paciencia por sobre los tibios y los mediocres. De esta manera fortaleceremos la política y los proyectos de quienes soñamos una Argentina en grande.

El autor es ex gobernador de la provincia de Neuquén

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