Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Mis compañeros vieron cómo caía muerto en la cancha"

Juan Vázquez sufrió un episodio de muerte súbita en un entrenamiento de rugby: en los minutos más críticos de la situación, sus compañeros lograron resucitarlo

Viernes 14 de julio de 2017 • 00:00
SEGUIR
PARA LA NACION
0

"Quedate tranquilo, ya estás bien", le dijo su amigo Leonardo mientras le apoyaba con firmeza su mano en el pecho e intentaba transmitirle calma. Habían pasado tan solo tres minutos desde que su corazón había dejado de latir y ahora Juan se encontraba tendido en la cancha sin entender qué había ocurrido. "Estábamos empezando el entrenamiento, como todos los martes. Hicimos 10 minutos de entrada en calor y, cuando paramos a estirar, sentí un mareo, como si me hubiera bajado la presión", recuerda Juan Vázquez. Corría mayo de 2013, él tenía 39 años, jugaba hacía ya 20 en la primera división del Club de Rugby Los Pinos y nada le había anticipado una tragedia como la que estaba por vivir.

Juan había sufrido una arritmia cardíaca que le produjo la muerte súbita, un episodio cardioascular que se cobra la vida de 40 mil argentinos por año. Siete de cada diez muertes se producen fuera de un centro hospitalario. Y Juan estaba viviendo la experiencia en carne propia. "Cuando se produce una arritmia, el corazón deja de latir normalmente y empieza a temblar. A ese temblor la medicina lo denomina fibrilación venticular o temblor. Al temblar, el corazón pierde la capacidad de contraerse y, por lo tanto, no puede bombear sangre por lo que la víctima pierde el estado de conciencia y se desploma. Esa arritmia hay que cortarla muy rápido porque, pasados los 5 minutos, ya empieza a haber daño cerebral", explica el Dr. Mario Fitz Maurice, Médico Cardiólogo y Especialista en Electrofisiología Cardíaca del Hospital Rivadavia.

Alertados ante la situación, Leonardo Eraso, Profesor de Educación Física y graduado en el Curso de Guardavidas, y Pablo Reta, el preparador físico del club iniciaron de inmediato las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) ante la descompensación de su compañero que no presentaba signos vitales. Minutos más tarde acompañaron las maniobras con una descarga de un desfibrilador externo automático (DEA) que la semana anterior la Unión de Rugby de Buenos Aires había donado al club. Además, un grupo de profesionales había capacitado a los deportistas para hacer uso del equipo y realizar RCP. Luego de unos minutos de angustia e incertidumbre, Juan recobró el pulso. "Sentí que volví; no vi túneles ni nada parecido a eso. Pero en ese momento era todo difuso, no entendía nada, estábamos esperando que llegara la ambulancia, yo me dormía y me despertaba de a ratos", recuerda Juan conmovido. Luego, de a poco, fue rearmando lo ocurrido en esos tan breves pero vitales dos minutos en los que estuvo sin latidos. "Mis compañeros me hablaron de cómo vivieron ellos el episodio. Fue muy traumático porque vieron cómo yo caía muerto en el pasto. Y creo que lo más impactante fue, además, ver cómo el aparato me dio la descarga y me hizo saltar de suelo unos 10 cm. Eso fue lo que me salvó la vida", agrega el ex rugbier.

Unas horas más tarde Juan estaba internado y se le practicaban diferentes evaluaciones para identificar el origen de la arritmia cardíaca. Esos dos minutos habían sido fundamentales para que siguiera con vida. "Cuando se produce la muerte súbita, intervenir dentro de los primeros 2 a 3 minutos del episodio significa que las posiblidades de que el paciente llegue con vida al hospital son del 70 al 80%. Intervenir quiere decir llegar al lado de la víctima a reanimarla con compresiones cardíacas e incluso haciendo uso de un desfibrilador", aclara Maurice. A la mañana siguiente, un grupo de cardiólogos, entre los que se encontraba el Dr. Mario Maurice le informaba a Juan que se le iba a colocar un CDI o cardio desfibrilador interno, un dispositivo que se implanta por debajo de la piel mediante la técnica de bolsillo y cuya función sería efectuar una descarga desde adentro en caso de que la arritmia volviera a suceder.

"Esos primeros momentos fueron muy duros. No encuentro palabras para descrbir lo que pasaba por mi cabeza: ya no iba a poder pisar de nuevo una cancha de rugby, tenía muchos nervios, miedos, inseguridad. Pensaba que quizás no iba a ver más a mis hijas, Ana y Lola, a mi mujer, a mi mamá y a mis hermanos", intenta explicar Juan entre lágrimas. La operación fue un éxito y a los pocos días Juan pudo volver a su casa. A la rehabilitación física, siguió la vuelta al trabajo y a rodearse de los afectos que estuvieron en ese momento tan difícil de sobrellevar. "Me acompañaron mis amigos, mi familia, todo mi entorno estuvo siempre pendiente de lo que me hiciera falta. Mi club es chico en cantidad de socios y por eso decimos que somos una familia muy grande. Mi mujer Yanina fue incondicional, mi hija mayor Ana, que entonces tenía 16 años estuvo siempre al lado mío y Lolita, con 4 añitos, no se separaba de mí. Además mi mamá Ángel, que falleció hace poquito, me ayudó en todo lo que necesité", dice Juan.

Y luego fue el tiempo de rehabilitar los "fantasmas internos", esos que le producían ataques de pánico y que lo llenaban de miedos e inseguridades. "Gracias a la terapia pude acomodar un poco los "fantasmas que me persiguieron durante un tiempo, después comencé a ver que soy muy afortunado por haberme salvado. Vivo agradecido a todos los responsables de que esté con vida", asegura Juan que a los pocos meses del incidente decidió jubilarse por invalidez ya que su trabajo le generaba mucho estrés y no podía manejarlo de forma adecuada. Juan no volvió a pisar una cancha de rugby como jugador, pero sí lo hace desde 2015 como entrenador de la Primera División de su amado Club Los Pinos. "Tomé el mando del grupo de jugadores que fue parte de mi equipo, mis compañeros y amigos y de otro grupo de chicos mas jóvenes a los cuales también había entrenado anteriormente. Y el mensaje más importante que siempre intento transmitir en los entrenamientos y los partidos es que la vida es como el rugby, cuando un compañero se cae le das la mano para ayudarlo a parase".

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas