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Nueva visita al mundo feliz de la electrónica

En el CCK se recupera la historia de la música de laboratorio y concreta en la Argentina en la década de 1950

Viernes 14 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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Alguna vez, Pierre Schaeffer, el francés que es considerado el auténtico creador de la música concreta, celebró con convicción la transformación de la producción musical en un esfuerzo de equipo, luego de haber sido pensada durante años como una actividad puramente individual. Schaeffer llegó a comparar a los compositores de su país con los físicos nucleares que trabajaban codo a codo en un laboratorio. La llegada de esa mentalidad pseudocientífica al mundo de la música se vislumbraba hasta en los atuendos: camisas de manga corta abotonadas hasta el cuello, con un bolígrafo enganchado en uno de sus bolsillos, y gafas de marco grueso rigurosamente negro.

La precursora Torre de América, de Mauricio Kagel
La precursora Torre de América, de Mauricio Kagel. Foto: Archivo Ida

Pero Schaeffer tenía sus oponentes. Sobre todo en Alemania, donde Werner Meyer-Eppler, un físico experimental especializado en el estudio del sonido sintético, y Herbert Eimert, compositor y teórico muy amigo de las polémicas, propagaban sus invectivas contra la música concreta, calificándola de "diletantismo parasitario". De ser apenas una reorganización simplista de objetos sonoros familiares. Para ellos, la música electrónica debía generarse, obligatoria e íntegramente, en un estudio de grabación, lo que le aseguraba una existencia "pura" fuera de lo conocido y normal. Un sonido de laboratorio, digamos, en lugar de la manipulación de "ruidos" reales destinada, entre otras cosas, a eliminar una abstracción -la de la notación musical-, con la cual se solía originar, y se origina, una composición tradicional.

Esas discusiones también tuvieron su eco en la Argentina. Y uno de los objetivos de Klang, "una exhibición inmersiva y sensorial dedicada a los inicios de la música electrónica y concreta en este país", según palabras de sus organizadores, es traerlas al presente, recrearlas para reconocer la resonancia que aún mantienen. "A partir de mediados de los 50 aparecieron en la Argentina dos tendencias antagónicas: por una lado, los «concretos», que trabajaban con ruidos ambientales -de una máquina, de la calle-, sonidos que, luego de ser captados, eran mezclados deliberadamente en una composición; por el otro, los «electrónicos», que trabajaban con sonidos emitidos, justamente, a través de procesos electrónicos -señala Wustavo Quiroga, a cargo de la conceptualización de la muestra, que se inaugurará mañana en el CCK-. Así que esa discusión estaba planteada también acá y vale la pena revivirla. Después, la muestra pone el foco en algunos hitos. La obra de música electroacústica escrita por Mauricio Kagel para la Torre de América, instalada en 1954 en Mendoza, en un parque diseñado por Carlos Thays, es uno clave. Y en Klang programamos el estreno mundial de una reelaboración (basada en documentos) hecha por Francisco Kröpfl de esa obra de Kagel, cuya partitura musical se perdió. Los documentos que se conservaron indicaban cómo sincronizar la luz y el sonido en esa torre, pero no quedó casi nada de aquella composición que el autor armó mezclando ruidos de máquinas grabados especialmente con paisajes puramente instrumentales."

Nueva relaciones

Esa disputa entre concretos y electrónicos, desarrollada aquí sobre todo entre 1954 y 1958, es el tema central de uno de los núcleos temáticos que Quiroga ideó con la investigadora y responsable de la idea de la muestra, Laura Novoa, y el diseñador Alejandro Ros. El objetivo de esa clasificación, estructurada en base a una línea cronológica que da cuenta del crecimiento de las experiencias de música concreta y electrónica en diferentes puntos del país (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza), es facilitar la comprensión de la frondosa y diversa información a la que el público tendrá acceso (gratis, de miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20, en la sala 502 del CCK, Sarmiento 151).

Fonología (1958/1973), en cambio, se centra en el Estudio de Fonología Musical, primer laboratorio estable de música electrónica en América latina, fundado por Kröpfl en 1958. Funcionaba en el Laboratorio de Mediciones Acústicas del Instituto de Tecnología de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA.

Agens (1962/1966) evoca la primera agencia que elaboró un plan de servicio integrado de comunicación para la empresa Siam Di Tella. Ese plan interconectaba diseño industrial, diseño gráfico, redacción de publicidad, TV/espectáculos y diseño sonoro. "Fue la primera agencia de diseño integral, de carácter claramente interdisciplinario, que hubo en la Argentina -dice Quiroga-. Fueron también los primeros en presentar una experiencia multimedia."

Y por último, Di Tella (1964/1971), un apartado dedicado objetivamente al Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (Claem) que, dirigido por Alberto Ginastera, funcionó en el Instituto Di Tella y contó con el laboratorio de música electrónica más avanzado de América latina, luego de las innovaciones que Fernando von Reichenbach realizara entre 1966 y 1967. "Acá intentamos establecer una relación entre piezas musicales de electrónica de avanzada y el diseño, las artes visuales y la puesta escénica", aclara Quiroga, en sintonía con el espíritu general del proyecto.

Klang reúne instrumental y documentación sonora del Laboratorio de Investigación y Producción Musical (LIPM) del Centro Cultural Recoleta y de la Fundación Música y Tecnología con documentación gráfica de la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino). También material audiovisual, fotografías y partituras. Y se articula con otras iniciativas del CCK vinculadas a la experimentación sonora y visual, y a las nuevas tecnologías que, desde el año pasado, se vienen presentando en el Espacio de Música y Arte Digital en el quinto piso del antiguo Palacio de Correos: talleres de audio y video, conciertos de música en vivo y, en agosto, el Primer Festival Internacional de Música Electroacústica, curado por Gustavo Basso y con participación de prestigiosos compositores como Mario Mary, Daniel Teruggi y el alemán Hans Tutschku.

En septiembre (el 22, 23 y 24) tendrá lugar el festival canadiense Mutek, que desde hace diecisiete años convoca a la vanguardia de la música electrónica y el arte digital. Está confirmada la presencia de artistas internacionales (Herman Kolgen, Nonotak, Michela Pelusio & Glenn Vervliet, Simon Wilkinson), además de los créditos argentinos, claro (Chancha Vía Circuito, Villa Diamante, Klauss, Microesfera & Bruno De Vincenti, Lucas Gutiérrez).

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