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PepsiCo, una papita para la oposición

Diego Sehinkman

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PARA LA NACION@diegosehinkman
Domingo 16 de julio de 2017
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¿Puede fundirse una fábrica de Coca en el desierto? Si el desierto es argentino, sí. En nuestro país, que es el segundo productor de papa en Sudamérica después de Perú, y donde el carbohidrato es una religión (comemos el doble de papa que el promedio mundial, 60 kilos por año per cápita) acaba de cerrar una fábrica de papas fritas. (O se trasladó y se achicó para reducir costos, para ser benignos con la lectura del caso). Mientras, en Córdoba aparecían paquetes de la misma marca pero importados de Chile. Todos aceptamos que la Argentina no puede competir contra otros países en la fabricación de microchips. ¿Tampoco de chizitos? No importa si la empresa explica que la importación es momentánea, "hasta que se regularice la situación". El paquete de nachos chilenos en una góndola local le da veracidad al fantasma que agita el kirchnerismo: la revolución productiva de Menem y la "reconversión productiva" que plantea Macri son variaciones de la misma sinfonía neoliberal.

Las causas del cierre de la fábrica son opinables. Las consecuencias son unívocas: la oposición ganó el epígrafe que buscaba en la foto del desalojo: "Macri ajusta, cierra y reprime". PepsiCo fue una papita para Cristina, que insistirá en que este gobierno vino a "desorganizarnos la vida".

¿Y qué dice el Gobierno? A diferencia de la empresa, que argumenta que siguió un "procedimiento preventivo de crisis", el oficialismo no siguió ningún procedimiento de crisis simplemente porque no ve que la haya. Apoyado en la teoría del darwinismo económico, cree en la supervivencia del (sector) más apto. Tal vez tenga razón. O no. Pero no es la teoría que comparte gran parte de la sociedad argentina, que tiene inscripto en su inconsciente colectivo que la palabra industria es sinónimo de prosperidad y proyecto de país soberano y que el derecho al trabajo representa los derechos humanos de segunda generación. Los números confirman lo peor: el que pierde el empleo industrial no tiene dónde ir. El problema será mundial, pero las elecciones son aquí y en octubre.

Ernesto Laclau diría: la papafrita de PepsiCo fue el significante vacío que canalizó demandas insatisfechas. Diversos sectores marcharon al centro porteño, hubo cortes de calle, protestas y la CGT tuvo que desperezarse. La soja produjo un tsunami. A no subestimar la papa. ¿Cuánto Estado quieren los argentinos? El que falla el cálculo pierde el partido. El Gobierno debe cuidarse de que se instale el siguiente planteo: "A Guillermo Moreno le gustaba el revólver. Pero a Miguel Braun le gusta la pistola etiquetadora de precios. Vengo del súper. Empiezo a dudar sobre qué arma prefiero".

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