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Gilbert Simondon, el filósofo que supo anticiparnos

La nueva edición de un libro del pensador francés muestra un análisis de la técnica que adelantó los debates del siglo XXI

Domingo 16 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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Ilustración: Alejandro Agdamus
Ilustración: Alejandro Agdamus.

Hace diez años la editorial Prometeo registró para su publicación El modo de existencia de los objetos técnicos, de un filósofo francés entonces desconocido llamado Gilbert Simondon. Desde entonces fueron editados otros seis libros de su autoría, la mayoría por la editorial Cactus -que acaba de publicar Sobre la técnica-, y también por La Cebra, además de otra obra sobre él, Amar a las máquinas (Prometeo, 2015). Y están en camino tres libros más de o sobre Simondon, alguien a esta altura no tan desconocido si se tiene en cuenta que El modo de existencia... y La individuación, su obra principal, llevan una segunda edición. Además de esta enumeración, una rápida búsqueda web bastaría para convencer de que se trata de un autor de moda, particularmente en la Argentina.

Ahora bien, Simondon no tiene muchas condiciones para estar en boga. No parece ser nuestro contemporáneo: murió en 1989. Tampoco fue contemporáneo de los suyos: educado en la prestigiosa École Normale Supérieure, compañero de Michel Foucault, Gilles Deleuze y Louis Althusser, director de un laboratorio de psicología en la Sorbonne durante 20 años, ignoró olímpicamente los debates políticos y teóricos de los álgidos años 60 para centrarse en el estudio de los objetos y los sistemas técnicos.

La individuación es el despliegue de un sistema teórico elaborado en tiempos en que las teorías globales caían en desgracia. Habla con igual detalle de la obra de Aristóteles y de un tablero electrónico. Se maravilla con un pasaje del Zaratustra de Nietzsche tanto como con un tornillo de cadmio. Cita muy poco. Por momentos parece un autor del siglo XX, por su interés en la física cuántica, la psicología experimental, la sociología norteamericana y la biología molecular, y en otros pasajes su discurso es atemporal, denso, bien abstracto.

Sin embargo, no hay nadie en el siglo XX que haya pensado el problema de la técnica con tanta amplitud y precisión. Eso lo acerca a nuestro tiempo, definido en una gran medida por el crecimiento exponencial de los objetos y los sistemas técnicos en las grandes decisiones y en la vida cotidiana. Por ejemplo, Simondon supo construir una teoría crítica de la información aún hoy insuperada, en el mismo momento (1958, fecha de la edición original de El modo de existencia...) en que nacían las tecnologías digitales y la biología molecular. Y aquí comienza a vislumbrarse el interés que puede tener Sobre la técnica, recopilación de todos los textos escritos de Simondon sobre este tema fuera de El modo de existencia...

Estética, educación y política

De la diversidad de textos de Sobre la técnica merecen una mención especial un borrador de la carta que Simondon envió a Jacques Derrida en ocasión de la creación del Colegio Internacional de Filosofía en 1982, así como el proyecto de reforma de la educación que diseñó en 1953, cuando era profesor secundario encargado de las materias de física y filosofía en el interior de Francia. El primero presenta la noción de "tecnoestética", en la cual la estética se separa de la esfera autónoma del arte, tal como podían proponer las vanguardias de inicios del siglo XX, para formar parte de la experiencia técnica del ser humano, desde ajustar una madera hasta pintar un cuadro, bajo el rechazo tajante, clásico en Simondon, de la distinción entre utilidad y estética para pensar la realidad de la técnica y del arte.

En cuanto a la reforma educativa, Simondon propone reestructurar todas las etapas de la educación y suprimir la distinción entre educación humanista y educación técnica como una acción concreta para transformar la sociedad. Según el autor, somos ignorantes de la realidad técnica, y mucho más cuando usamos la tecnología de manera indiscriminada. Por lo tanto, los niños deben estudiar cómo trabajar el vidrio, la madera y los circuitos electrónicos. A sus estudiantes de 10 y 11 años los puso a desarmar y reconstruir un motor de automóvil, incluyendo el encendido y la manipulación del combustible. Cuando le objetaron la peligrosidad del experimento, respondió: "Un adulto de 50 años que ignora el funcionamiento del motor es más peligroso que un niño de 10 años que lo conoce". Con ello apuntaba a la clásica recomposición de aquel "saber es poder", que en la práctica significa que aquel que no sabe comienza a ser sometido.

No costaría encontrar argumentos simondonianos, por ejemplo, para justificar las batallas por los códigos abiertos y el software libre. Si nuestro mundo está enteramente articulado en torno a programas, programaciones y programadores, no saber programar equivaldría a estar programado. Para ello, con los elementos disponibles a mediados de los 50, Simondon quería educar para liberar, hasta tal punto que se animaba a diseñar pasantías laborales específicas para personas de 18 años, reemplazar el servicio militar por un servicio civil y romper a través de la formación global con las lógicas domésticas que imponen el dominio del hombre sobre la mujer: de las reformas educativas a las reformas políticas, casi sin escalas.

Se trata de dos botones de muestra de la originalidad y la nitidez de una posición, como la de Simondon, que tiene fama de compleja e inescrutable. Ocurre que aquello que quiere pensar quizás no haya sido pensado, o lo haya sido sólo por aquellos encargados de "pensar" en la sociedad moderna. Simondon desconcierta porque es intelectual y al mismo tiempo ingeniero. El ingeniero lo vería como un filósofo inentendible; el filósofo, como un excéntrico adorador de pistones y rulemanes. Sin embargo, gran parte de su predicamento postmórtem consiste en hablar para todos y para nadie, desde la ingeniería al teatro, desde la psicología a la arquitectura y desde la museología a la educación.

Quien haya ya transitado las aguas de El modo de existencia... se encontrará, además, con notables reconstrucciones en miniatura de ese libro, en textos cortos como "Cultura y técnica" o en cursos extensos como "Psicosociología de la tecnicidad". También hay perlas como la idea de halo aplicada a la publicidad, que tiene evidentes ecos con la noción de aura de Walter Benjamin, una "psicosociología del cine", un análisis minucioso de la alquimia de Paracelso y algunas entrevistas donde Simondon llama a "salvar al objeto técnico" de nuestra incomprensión. Es la incomprensión del creador sobre aquello que ha creado. Y quizás sea la incomprensión que Simondon, como objeto técnico (calificación que le hubiera agradado sobremanera), tuvo que vivir hasta que hoy, al menos, estemos tratando de entenderlo.

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