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De turistas a emprendedores: argentinos que se fueron a Natal y Pipa y terminaron poniendo un negocio

Invierten en hoteles aunque también hay otros perfiles como empresarios que ofrecen asesorías legales y de contaduría y hasta un cordobés que tiene una fábrica de alfajores y un servicio de transfers

Viernes 14 de julio de 2017 • 13:15
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LA NACION
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De turistas a emprendedores: argentinos que se fueron a Natal y Pipa y terminaron poniendo un negocio
De turistas a emprendedores: argentinos que se fueron a Natal y Pipa y terminaron poniendo un negocio. Foto: Shutterstock

El sueño del bar en la playa no es nuevo. ¿Quién no pensó en dejar todo e irse a vivir a algún lugar paradisíaco lejos del stress? En su momento, Florianópolis y Buzios fueron la ciudades brasileñas preferidas por los emprendedores argentinos, pero ahora le llegó el turno al Estado de Río Grande del Norte, en particular a Natal y Pipa, que están recibiendo a oleadas de interesados que buscan invertir en hoteles aunque también hay otros perfiles como empresarios que ofrecen asesorías legales y de contaduría y hasta un cordobés que tiene una fábrica de alfajores y un servicio de transfers.

Esteban Doval, de 51 años, vivía en el lago Meliquina, a 30 kilómetros de San Martín de Los Andes. El paisaje era calmo: un lago azul quieto con montañas en el fondo. Ahora, cada vez que se levanta, ve en cambio la arena, palmeras y un mar verde revuelto. "Decidí venir a Pipa por el clima, la forma de vida, el surf y justo en este lugar hay una linda escuela para mis hijos. Ahora ya hace tres años que estamos fijos acá y vamos en vacaciones para la Patagonia", contó el dueño del hostel Casa de Jack, ubicado en la playa del centro, en Pipa.

La primera vez que Doval pisó la pequeña localidad turística del noreste de Brasil fue en 2011 junto a su esposa y sus dos hijos. Pero luego su mujer murió y entonces volvieron los tres en 2014. Un año después empezó con el hostel. "En Argentina me dedicaba al turismo entre otras cosas. Vendía lotes en la zona de Meliquina. El hostel lo tengo desde hace solo dos años, está en la casa de un amigo Italiano. Es muy rústico pero es un lugar mágico frente al mar", dice. La inversión inicial- según aseguró- fue muy baja: sólo US$ 7.000.

Foto: Facebook Hostel Casa Jack

"En Pipa hay muchos argentinos. En 2011 éramos menos pero no paran de venir. Hay de todo un poco. Ahora muchos están invirtiendo en hoteles y hasta casas de alquiler permanente", dijo.

Ese es el caso de la geselina Rosana Stuhler, de 47 años, propietaria de Hostel Do Ceu, también en el centro de Pipa. Si bien empezó con el hostel, recientemente tomaron la decisión con su marido de invertir en una casa propia en la que construyeron suites que piensan alquilar en paralelo. De acuerdo con ella quien quiera comprar un hotel en Pipa debe calcular a partir de US$ 200.000 aproximadamente.

"Hace más o menos dos años que el público argentino que antes solo venía de vacaciones comenzó a llegar y a quedarse a vivir. Hay una comunidad de argentinos muy grande viviendo aquí. Hace dos años comparaban el fenómeno con lo que pasó en Buzios, por la llegada de tantos argentinos. Y cada vez llegan y se quedan más", explicó.

Argentinos en Natal

De Puerto Madero a Natal. Pablo Germán Serrano, de 45 años, es contador y está cerca de recibirse de abogado en la Universidad Estácio de Sá, cerca de su oficina. Llegó hace 10 años, en octubre de 2007, para ser responsable de administración, finanzas y RRHH de una empresa española de desarrollos inmobiliarios. Ahora tiene un escritorio de contabilidad, un bufet de abogados y administra condominios y servicios de mano de obra.

"Mucha gente viene de vacaciones y vuelve a la Argentina a buscar sus cosas. A pesar de la crisis, si alguien tiene una profesión u oficio y es responsable y cumple, no hay forma de que no le vaya bien. Al principio cuesta pero después arranca", opinó Serrano que también es administrador del grupo de Facebook Argentinos en Rio Grande do Norte.

Otros que llegaron a Natal y se quedaron pese a las dificultades fueron el cordobés Pablo Bulacio, su mujer y sus tres hijos. "Me vine a Brasil en 2013 porque no me gustaba cómo estaba Argentina, sentía que no podía proyectar nada y estaba buscando algo más estable. Yo hacía sistemas informáticos de facturación para pymes, hospitales y colegios. Eso no resultó por un tema cultural y estaba el cepo o sea que sólo podía sacar 180 reales al mes acá. Entonces necesitaba reales y empecé con el micro emprendimiento de los alfajores".

Foto: Facebook Mais Sabor

Un día salió con una heladera portátil con una docena de alfajores que su esposa había hecho y fue puerta a puerta ofreciendo el producto en consignación. Vendió dos docenas. Llegó a su casa y le pidió a su mujer que hiciera 30 más. Hoy tienen 150 clientes fijos entre panaderías, hoteles y puestos de venta y hacen unos 5000 alfajores mensuales.

Sin embargo, además del emprendimiento de Mais Sabor, un año y medio después de arribar, Bulacio tuvo otra idea. "Unos porteños vendieron un terreno en Pipa y les pagaron con un auto que no se podían llevar entonces me obligaron a que me lo quede y me lo financiaron a 20 meses. En el afán de que les pague, ellos me mandaban gente para hacer de transfer y así salió la idea de Transfer Vip Natal, un servicio de traslados personalizado. Hoy tengo 5 autos y vendo que soy el argentino de confianza que vigilia a los choferes brasileros". Pero si tiene que elegir entre los dos negocios le ve más futuro a los alfajores: "Yo le tengo más fe a los alfajores. Me gustaría que sean los havannas de Brasil. Igual con que nos alcance para vivir está bien".

Los últimos en llegar

Diego Sarfatis, de 31 años, está por cumplir un año a cargo del hostel Mundaka en Playa del Amor en Pipa. Junto a Valentina Sanchez, su socia uruguaya, llegaron al noreste de Brasil en busca de un destino con una temporada más larga que Punta del Este donde también tienen un hostel.

"Charlando con un amigo venezolano que vivió acá en la época del mundial nos comentó de su gran crecimiento y progreso y por tal razón apareció la idea. No sabíamos cómo era Pipa, sólo lo que nos decían y, cuando vinimos nos pareció espectacular. Vinimos y la idea era esa: poner un hostel", relató.

Foto: Facebook hostel Mundaka

El lugar que eligieron es una casa muy grande que se alquilaba con un servicio de bed and breakfast. Si bien la estructura estaba, tuvieron que hacer refacciones para transformarla en un hostel. Ahora siguen invirtiendo en mejoras y agregando más habitaciones. "Acá se usa mucho la venta de llaves con el hostel armado, decorado, y no es lo mismo ser propietario que alquilar. Si vas a alquilar y está todo refaccionado te sale entre US$ 20.000 y US$ 40.000. Después los costos también dependen del número de habitaciones, si está cerca de la playa o del centro".

Con una buena ocupación hotelera durante todo el año, Sarfatis dijo que entre los huéspedes sobresalen los argentinos y uruguayos. "A nosotros nos llegan muchos porque se corra la bola y ya nos conocen al vivir acá. Acá hay mucho argentino y uruguayo viviendo y nos vamos juntando entre nosotros: hay una pequeña comunidad. Cada vez hay más argentinos y, si bien hay recambios, siempre vuelve alguno. Está el que se queda acá y el que se va y vuelve porque le termina gustando. Es bastante común ver eso".

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