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El espíritu de Copi, diluido en un realismo lejano a su lucidez

Sábado 15 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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Benjamín Vicuña, en Eva Perón
Benjamín Vicuña, en Eva Perón. Foto: Mauricio Cáceres / TNC

El homosexual o la dificultad de expresarse / Eva Perón / Autor: Copi / Intérpretes: Benjamín Vicuña, Juan Gil Navarro, Carlos Defeo, Rodolfo de Souza, Rosario Varela, Hernán Franco, Gustavo Liza / Música: Etienne Bonhomme / Iluminación: Bruno Marsol / Vestuario: Renata Schussheim / Escenografía: Oria Puppo / Asistencia de dirección: Ana Calvo / Dirección: Marcial Di Fonzo Bo / Teatro: Nacional Cervantes, Libertad 815 / Funciones: jueves a domingos, a las 20 / Duración: 145 minutos / Nuestra opinión: regular

Dos de las piezas más significativas de Copi llegan tardíamente a representarse en la Argentina y en el escenario mayor del Teatro Nacional. Eva Perón (1970) y El homosexual o la dificultad de expresarse (1971). La primera se dio a conocer en Tandil, dentro del ámbito de la Universidad Nacional del Centro, a comienzos de 2000, y unos años más tarde se vio en Buenos Aires en el ciclo Tintas Frescas, organizado por la Alianza Francesa. En pocas funciones, se mostraron una versión local dirigida por Gabo Correa y protagonizada por Alejandra Flechner y una francesa en la que Marcial Di Fonzo Bo (creador argentino/francés) era su protagonista. Esta última fue memorable.

El proyecto que acaba de estrenarse en el Cervantes posee algo de didáctico. Primero se presenta El homosexual o la dificultad de expresarse, luego hay un entreacto donde Gustavo Liza (transformista emblemático entre las décadas del 80 y 90, realizaba shows en diferentes pubs gay de la ciudad exponiendo una gran desfachatez) a partir de algunos textos de El baile de las locas, Río de la Plata y fragmentos de una entrevista realizada por José Tcherkaski en su libro Habla Copi: homosexualidad y creación, se pondrá en la piel del autor y mostrará quién era, cómo pensaba, cómo era su relación con la Argentina y hasta cómo se evaluaba como artista. A ello se sumará la voz en off de Copi en entrevistas realizadas en Francia.

Finalmente llegará a escena Eva Perón, un texto polémico que en oportunidad de su estreno en París fue calificado por la crítica francesa como "una pesadilla carnavalesca" y "una mascarada macabra".

A esta altura de la función algún espectador puede preguntarse si es necesaria tanta introducción para llegar a la obra cuya puesta ha generado más expectativa en esta temporada en Buenos Aires.

Benjamín Vicuña, en Eva Perón
Benjamín Vicuña, en Eva Perón. Foto: LA NACION / Mauricio Cáceres / TNC

Una posible respuesta podría ser que a través de El homosexual? el director Di Fonzo Bo necesita mostrar el mundo de Copi más íntimo, no sólo en lo personal sino además en su forma de concebir una representación. En la obra juega con el travestismo hasta límites inesperados, se asienta en la absurdidad de un mundo casi irreal pero que todo el tiempo resulta muy perverso y provocador. Los pequeños acontecimientos que se desarrollan están plagados de sorpresas y teatralidad y, desde la dirección, Di Fonzo Bo logra construir un juego muy efectivo en el que sobresalen Juan Gil Navarro (Madre) y Hernán Franco (Garbo), este último sobre todo imponiéndose con una presencia y un código de actuación muy contundente. El desenfado de Copi gana, aquí, el escenario del Cervantes.

En el intervalo de 15 minutos a Gustavo Liza se lo ve algo encorsetado. Su estilo personal queda atrapado en las redes de la historia de Copi y no llega a conmover porque lo suyo no tiene el desparpajo que lo caracteriza y tampoco se deja atravesar emocionalmente por las cuestiones que narra.

Entretanto, la puesta de Eva Perón expone ciertas complejidades. Es llamativo dado que el director se puso en su momento en la piel de la protagonista y con resultados muy sobresalientes. Su versión carece de esa locura en la que está inmersa Eva y que hace que todo a su alrededor se transforme en un universo desopilante, patético y hasta macabro. Esa mujer degrada a todos los que la rodean. Se burla de un Perón que sufre continuas migrañas, acosa a su madre a quien considera una prostituta, a su asistente Ibiza y termina destruyendo a la enfermera que la cuida. Busca escapar de un cáncer, convencida de que no se provocó y todo eso en un clima sumamente febril, desquiciado. Todo eso no aparece en esta versión. Nada es llevado al extremo sino que está contenido de tal manera que la puesta ingresa en un realismo que no tiene que ver con el autor. Aunque sí es una característica a la hora de poner a Copi en Buenos Aires (a excepción de puestas como Las cuatro gemelas, dirección de Roberto Villanueva a fines de los años 90 o las dos versiones que se realizaron de Cachafaz, la primera dirigida por Miguel Pittier, a comienzos de 2000 y la última, a cargo de Tatiana Sandoval, en 2012).

En el intervalo unas declaraciones de Copi informan que no intentó hacer una pieza historicista. Sin embargo, aquí se incluye un breve discurso de Eva Perón y, sobre el final, se muestran unas fotos con su rostro. Algo del valor del texto original se pierde en esos detalles que no son menores.

Si es necesario revalorizar la figura de Eva en una pieza que no lo hace sólo hay que detenerse en el pequeño monólogo final de Perón y enaltecerlo. Una pequeña trampa de Copi pero muy inteligente. Ese breve discurso puede llegar a romper todo el delirio descrito con anterioridad.

La experiencia se desarrolla a un ritmo muy lento y la mayoría de los intérpretes (Benjamín Vicuña, Juan Gil Navarro, Rodolfo de Souza, Rosario Varela) no terminan de definir a esos personajes en su verdadera dimensión. La excepción es Carlos Defeo que logra aportarle a la madre de Eva unas cualidades muy destacables. Es muy rica su composición.

Tanto la escenografía de Oria Puppo como el vestuario de Renata Schusseim aportan mucha riqueza al proyecto general.

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