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Don Giovanni por las rutas italianas, de pueblo en pueblo, para volver a las raíces de la ópera

Con el objetivo de acercar el género a todo tipo de público, sobre todo a los jóvenes, el proyecto OperaCamion sale de gira por la península; hace unos días, estuvieron en San Basilio, un barrio periférico de Roma, y luego irán a las ciudades devastadas por el terremoto del año pasado

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The New York Times
Sábado 15 de julio de 2017
En plena calle, la puesta de Cherstich, con cantantes jóvenes y de la orquesta juvenil del Teatro de la Ópera de Roma
En plena calle, la puesta de Cherstich, con cantantes jóvenes y de la orquesta juvenil del Teatro de la Ópera de Roma. Foto: NYT
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ROMA.- Una húmeda noche de junio, Lisa Scen, cocinera jubilada de edad indiscernible, se puso un sencillo vestido color beige, unos aros de fantasía y se preparó para asistir a su primera noche de ópera.

Aunque en realidad, la ópera fue hacia ella.

En una plaza descuidada y con el pasto crecido de San Basilio, el barrio periférico de Roma donde Lisa Scen vive desde hace más de 30 años, se había instalado el OperaCamion, un escenario móvil que con su elenco y equipo técnico se disponía a presentar la primera función, libre y gratuita, de una ópera de Mozart, Don Giovanni.

Lisa estaba de lo más entusiasmada.

"Ricos y pobres, todos necesitamos entretenimiento, especialmente ahora en verano, cuando hace tanto calor", dice Lisa mientras ojea para encontrar asiento en algún banco de plaza que haya sobrevivido al vandalismo. "La diferencia es que los ricos se van de vacaciones, y a los que no podemos nos espera la soledad del verano."

Así que el entretenimiento de esa noche -regalo de un elenco de cantantes jóvenes y de la orquesta juvenil del Teatro de la Ópera de Roma- adquiría la categoría de evento, "casi como ir a un casamiento", comenta Lisa con alegría.

Podría apostarse que esa noche era la primera vez que veían una ópera muchos de los asistentes de ese barrio popular que suele aparecer en las noticias por el narcomenudeo, los tiroteos a plena luz del día y las protestas en contra de que los extranjeros se muden a los emprendimientos de vivienda social de la zona.

"Este lugar es realmente pesado", dice Fabio Cherstich, director de esta puesta de Don Giovanni y creador del proyecto OperaCamion, cuyo objetivo es acercar el género de la ópera al público "no elitista", según sus propias palabras, de los barrios periféricos de Roma. Este verano boreal, el camión también saldrá de gira por las ciudades devastadas por los terremotos que sacudieron a Italia en 2016.

"Cada plaza es una incógnita, porque hay lugares sabidamente difíciles -dice Cherstich-. Tratamos de llevar un poco de felicidad. Queremos que el evento se convierta en una celebración."

Para el gobierno municipal de Roma, uno de los patrocinadores del proyecto, el OperaCamion implica llevar a la práctica la idea de que "la cultura es un derecho fundamental, y de que es un deber de la municipalidad garantizar el acceso de la gente a los bienes culturales", dice Luca Bergamo, vicealcalde de la ciudad y uno de los asistentes al estreno en San Basilio.

La alcaldesa Virginia Raggi también estuvo presente, y terminó la velada rodeada de una multitud de vecinos que aprovecharon la oportunidad para acorralarla y transmitirle una multitud de reclamos.

(Otro grupo de manifestantes, llamado Clash City Workers, estaba a mano para quejarse de los continuos recortes de presupuesto para el teatro musical en Italia y de la paulatina desaparición de los elencos estables de las orquestas, los coros, y las compañías de danza.)

Bergamo dice que el OperaCamion es un intento de romper las barreras entre el centro de Roma y sus barrios más periféricos, así como las barreras culturales que puedan sentir "quienes se sientan intimidados por la formalidad de la ópera".

En más de un sentido, Cherstich simplemente está devolviendo la ópera a sus raíces populares, sacando a ese género de los suntuosos teatros donde el precio de la entrada resulta prohibitivo para la mayoría de la gente, para trasladarlo a las calles y acercarlo "a un público que todavía no es público", dice el director.

Carlo Fuortes, superintendente del Teatro de la Ópera de Roma, sala que produjo el proyecto, dice que el teatro está haciendo "todo lo posible" para "bajar el promedio de edad del público y aumentar el número de espectadores".

Los menores de 26 años pueden acceder a entradas con descuento especial por 17 dólares durante la temporada ordinaria, "una política muy positiva", según Mattia Santilli, un joven de 26 años que se acercó a la función del Don Giovanni con su amiga Chiara Da Rold, de 24 años. Ambos se sentaron en las primeras filas, mientras compartían una enorme ensaladera con pasta fría.

"El melodrama italiano tiene un origen popular, y no de élites", señala Paolo Fallai, presidente del comité de bibliotecas públicas de Roma, una de las instituciones patrocinadoras del proyecto.

En el siglo XIX, italianos de todos los estratos sociales tarareaban y silbaban las arias de ópera más populares, de la misma manera en que hoy los adolescentes rapean las canciones que lideran los rankings. "Todos tenían la oportunidad de conocer la ópera, no sólo las clases dominantes", dice Fallai.

El OperaCamion, que arrancó el año pasado con El barbero de Sevilla de Rossini en coproducción con los teatros de ópera de Roma y Palermo, fue concebido con ese mismo espíritu.

Sobre el escenario, el reducido elenco cantó melodiosamente con ritmo entrecortado, interactuando con picardía y complicidad con el público, que acampó frente al camión, sentado en sillas plegables y mantas traídas de casa.

"Son todos muy jóvenes, así que hay mucha energía", dice Marilú Giuliana, asistente social jubilada que creció en el barrio. "San Basilio necesita este tipo de actividades."

Quedaba claro, sin embargo, que algunos vecinos no estaban familiarizados con la etiqueta teatral: los teléfonos celulares sumaban notas no previstas en la partitura mozartiana, los perros circulaban sin bozal y había un grupo de niños jugando a la mancha y a los gritos en una calle adyacente. Pequeños grupos de vecinos se apretujaban contra el escenario para charlar, y por cierto que no en voz baja.

De todos modos, el público pareció pasarla bien, aunque algunos se quejaban de no entender la trama, ya que no había sobretítulos. La gente aplaudía, a veces en momentos equivocados, mientras el elenco apostaba a la risa y arrancaba carcajadas de satisfacción entre el público.

Cherstich adaptó la producción y el diseño escénico "para que fuese como un thriller, con una seguidilla de giros argumentales", según explica.

El despojado escenario, al que se le dio vida con una serie de telones y una pantalla de video, había sido dividido en niveles conectados por una escalera de mano, tarimas y un tobogán, y los intérpretes iban a los tumbos de un nivel a otro. "Es realmente agotador para el elenco", dice el director.

Las cautivadoras imágenes de video del artista Gianluigi Toccafondo situaban la ópera en una especie de parque de diversiones estilo Las Vegas. En lugar de "entretenimiento y artificio", dice Toccafondo, responsable del diseño de producción.

"Mientras no empiecen a tirarnos con gatos muertos, todo está bien", dice Toccafondo entre carcajadas, en referencia a la tradición romana reflejada en una escena de Fellini Roma, la película de Federico Fellini de 1972 en la que el público se la agarra contra un imitador de Fred Astaire.

Pero en este caso, no tenían de qué preocuparse.

"Si me quedé hasta el final es porque me gustó", dice Carlo Vigevani, que escuchó atentamente toda la función. Aficionado a la ópera, a Vivegani le pareció que la adaptación condensaba demasiado el argumento, pero le gustó mucho la puesta.

"Ojalá vengan más seguido -dice-. Es una manera de mejorar la vida del barrio."

Alessi Lazzarini, un vecino de 20 años que toca la viola en la orquesta juvenil que acompañó la representación, dice estar muy contento de haber llevado "un poco de nuestra forma de ser" a su barrio, donde aprender a tocar un instrumento de música clásica no es precisamente un pasatiempo de moda.

"Acá la gente vive una realidad muy diferente", dice Lazzarini, y agrega que espera que Don Giovanni sea al mismo tiempo "un shock y un estímulo" para los vecinos. "Ojalá los impulse a ver más ópera."

(Traducción de Jaime Arrambide)

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