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El militar que desafió a Fujimori y se acercó a Chávez

Sábado 15 de julio de 2017
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LA NACION
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El ex presidente peruano Ollanta Humala saltó a la fama al desafiar a un mandatario autoritario; se estrenó en la política al coquetear con otro líder autoritario, y maduró hasta alcanzar la gloria y su identidad política con un triunfo electoral que lo dejó durante cinco años al frente del país.

Nacido en 1962, luego de abrazar la carrera militar tuvo entre otros destinos, con el grado de capitán, el departamento de Huánuco, en el centro de Perú, donde combatió contra la guerrilla de Sendero Luminoso. Por esa misión fue acusado de abusos sobre la población civil, y si bien el caso se diluyó por falta de pruebas quedó como una mancha indeleble en su currículum.

Humala fue protagonista de un episodio mucho más amigable y mejor recordado entre la gente en octubre de 2000, luego de la segunda (y fraudulenta) reelección de Alberto Fujimori. Ollanta y su hermano Antauro, también militar, se sublevaron contra "el Chino", devenido dictador, y exigieron su renuncia. La protesta les costó un procesamiento por rebelión y sedición. Pero dos meses después, la situación del país dio un giro de novela y recibieron la amnistía del Congreso peruano.

A esa altura, Fujimori, que dedicó sus diez años de gobierno a combatir el terrorismo, fortalecer la economía y demoler la democracia, se había creado una legión de enemigos y se vio obligado a renunciar. Lo hizo a la distancia, durante una visita oficial a Japón, pasando a ser, probablemente, el primer presidente en la historia del mundo en dimitir vía fax. Fue una modesta despedida para quien ostentó, junto a su sombrío asesor Vladimir Montesinos, un poder sin fisuras con el que controlaron la disidencia.

En el siguiente gobierno, con Alejandro Toledo en la presidencia, Humala fue designado asesor militar en las embajadas peruanas de París y Seúl. Se dio tiempo además para el estudio con una maestría en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Lima. Se retiró del servicio militar activo en 2004.

Ya colgado el uniforme, en octubre de 2005 creó el Partido Nacionalista Peruano y se lanzó al ruedo electoral para competir en las presidenciales de 2006. Su propuesta de gobierno pareció orientarse hacia el "socialismo del siglo XXI", que estaba en boga en la región por obra y gracia de Hugo Chávez, con quien se manifestaron mutua simpatía.

Como sucedía siempre con Chávez, la influencia del líder venezolano no se limitaba a la retórica que prodigaba a favor o en contra de amigos y enemigos en sus sesiones televisivas de Aló presidente, su programa ómnibus de la tarde del domingo. Chávez volcaba su peso con dinero contante y sonante concedido a candidatos y dirigentes de su preferencia, fruto de los ingresos petroleros que hacían del comandante un Midas socialista que abría la billetera para quien profesara lealtad indeclinable a él y a su causa.

Pero esa cercanía con el socialismo del siglo XXI le marcó a Humala un techo en el electorado: un número considerable de votantes no quería saber nada con ver repetirse en su suelo el experimento chavista. Su rival, Alan García, se presentó como la moderación en persona, un demócrata que además, después de una desastrosa gestión económica en su primera presidencia en los años 80, decía haber aprendido de sus errores y obtuvo del electorado una nueva oportunidad.

La suerte electoral le sonrió al ex militar cinco años después, cuando se presentó a las elecciones de 2011 al frente de la coalición Gana Perú. Su discurso se moderó hacia posiciones socialdemócratas para enfrentar a Keiko Fujimori, la hija del ex presidente a quien había osado desafiar una década atrás como militar sublevado. Pero este segundo duelo con la poderosa dinastía familiar se dio en el contexto mucho más razonable de una democracia funcionando a pleno, que lo vio triunfar en segunda vuelta. Para más garantías, fue uno de los firmantes del Compromiso en Defensa de la Democracia, un documento promovido por intelectuales del país.

Su presidencia se encarriló rápidamente por la doble vía de mantener la economía abierta que hacía crecer el país desde la década del 90 y una inclinación distributiva que se materializó en programas sociales razonablemente eficaces. Pasados los años, sin embargo, Humala se vio enredado como tantos en las brumosas maniobras que involucran a la firma brasileña Odebrecht. El azar quiso que, una vez más, se cruzaran los destinos con Fujimori: desde ayer están en la misma cárcel.

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