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Once hijos: el mejor traductor de Kafka

Domingo 16 de julio de 2017
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LA NACION
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Gran puesta de Pablo Caramelo, con un elenco idóneo
Gran puesta de Pablo Caramelo, con un elenco idóneo. Foto: Alternativa teatral

De: Franz Kafka / Versión y dirección: Federico Ponce / Intérpretes: Pablo Caramelo, Manuel Aime, Juan Pablo Antonelli, Camilo Balestra, Daniel Barbarito, PatrIcIo Bértoli, Francisco Oliveto, Manuco Firmani, Juan Pablo Maicas, Rodrigo Martinez Frau, Marcos Paterlini, Rodrigo Pedrosa, Lautaro Sosa Ruiz, Matías Tagliani / Vestuario: Belén Pallotta / Luces: Lucas Orchessi / Diseño sonoro: Gustavo Lucero / Entrenamiento corporal: Veronica Litvak / Asistencia de dirección: Francisco Oliveto / Sala: El Kafka (Lambaré 866) / Funciones: domingos, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

Los once hijos estarán presentes pero en silencio. El rey es el padre, claramente, y entonces se vuelve obra de él, tirano como es. Ya de entrada accedemos a su soberbia, a su despotismo. Ese padre no escucha. No deja espacio a nadie más. Ese padre es el dueño de sus hijos. O eso cree. O eso quiere. Los hijos, los once hijos vestidos de traje como él -sólo que ellos de negro, para fundirse aún más con el fondo e invisibilizarse y diferenciarse de su padre de traje celeste que resalta más y más- funcionan como una masa sin nombre, una masa anónima subordinada a este padre tan protagonista. En la piel de este poderoso hombre está Pablo Caramelo, un actor que se hace cargo del desafío.

El padre hará un repaso por las características principales de cada uno. Ninguno logra satisfacerlo del todo, ninguno lo completa y su esperanza se afianza entonces en el próximo. Pero con el próximo sucede lo mismo y así al infinito? A medida que se suceden los relatos y las descripciones aparece un interrogante: ¿por qué deben completarlo a él? ¿Por qué deben llenarlo de orgullo y satisfacción? La cuestión de la completud a los padres por parte de sus hijos se hace presente. A medida que avanzan las descripciones más extraño se hace el asunto. ¿Por qué este padre puede convertirse en tribunal de su prole?

Uno de los trabajos que se propone la obra dirigida por Federico Ponce es justamente retratarlo a él desde los elementos puramente teatrales. No sería lo mismo toparnos con este padre solo, en medio de la escena, evocando a sus hijos que verlos ahí pero silenciados, moviéndose organizadamente, casi coreográficamente, para que sus particularidades -esas que tanto preocupan al padre- se desvanezcan y se conviertan en una unidad amorfa y con sus límites difusos. ¿Quién es quién? ¿Cuál es cuál? No importa. Esto es un reinado y los hijos mero pretexto para acercarnos a él. Por momentos, incluso, se sacarán sus trajes y se apilarán, los once cuerpos, para formar una montaña humana y resaltar todavía más su condición de marea humana y confundirse uno con otro.

El punto de partida es el relato homónimo de Franz Kafka que escribió en 1917. Caramelo lo tradujo, Ponce lo versionó y además lo dirige. Pocos años después, en 1919, Kafka escribe la carta a su propio padre, Carta al padre, quedará como título en la historia de la literatura universal, 103 carillas escritas a mano en busca de salvar la distancia creciente que había entre ellos dos. El tema parece tener vigencia cien años después.

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