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Delincuencia juvenil, hechos e interrogantes

Domingo 16 de julio de 2017
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Graves hechos delictivos cometidos por adolescentes han estremecido con frecuencia a la opinión y promueven justificados temores en las familias y en la sociedad, sobre todo porque se acentúa la amenaza de su reiteración.

Episodios recientes han contribuido a reforzar ese clima de temor latente, que crece cuando se conocen los antecedentes de los culpables detenidos por la autoría de aberrantes delitos. Entre esos datos, desgraciadamente frecuentes en la información cotidiana, se cuentan el hábito de drogarse, el uso de armas, la temprana disposición al crimen y la tendencia a servirse de las redes sociales para exhibir con jactancia los daños cometidos.

Esta descripción se basa especialmente en un caso cercano en el cual un adolescente, llamado Rodrigo, que contaba en ese momento 15 años de edad mató de un balazo a un remisero vecino, de 65 años, en San Justo. Con este penoso episodio estuvo vinculado un cómplice llamado Alexis, que vive en Isidro Casanova. Rodrigo fue detenido, gracias a las pistas que dejó en Facebook, pero luego fue dejado en libertad por no haber cumplido 16 años.

Se ha podido diseñar un perfil de quienes asumen un comportamiento delictivo en los primeros años de la adolescencia. Se han indicado al respecto, en primer lugar, el consumo de sustancias psicoactivas, no obstante la prohibición que establecen las leyes. En los casos citados se comprobó que se trataba del "paco". Está confirmado que los menores que cometen delitos graves tienen un alto grado de compromiso con sustancias adictivas. En segundo término, la posesión de armas de fuego, recurso que parece originarles un enfermizo sentimiento de poderío a los adolescentes que las poseen. En tercer lugar, gravitan hoy las redes sociales, que estos delincuentes juveniles emplean para difundir sus crímenes como si se tratara de hazañas y constituyen un medio con el cual lograrían la aprobación de sus amigos. Ese modo de conducta demuestra, también, que no les importa mostrarse y ser reconocidos; por el contrario, se complacen en hacerlo y en las cercanías de sus barrios.

La cuestión central de la delincuencia juvenil es un problema extendido actualmente en las naciones, como lo reflejan especialistas de distintos países en problemas de la adolescencia, con estimaciones alarmantes en cuanto a los actos antisociales cometidos en los años de la minoridad. Con mayor frecuencia se atribuye esta alarmante conducta a una triste combinación de fallas familiares y del medio social que afectan el comportamiento de los preadolescentes.

Asimismo, se ha contemplado el efecto causal de la actividad de minorías socioculturales que pueden incidir en la promoción delictiva. Finalmente, permanece en latencia la búsqueda de medios que perfeccionen la cuestión preventiva y los tratamientos adecuados.

Es oportuno recordar que, más allá del debate acerca de si se debe o no bajar la edad de imputabilidad, el problema sólo podrá empezar a hallar soluciones a partir de la discusión y adopción de políticas de Estado de largo plazo, que apunten a erradicar las armas y a combatir la droga, además de sentar las bases para que los chicos no abandonen la escuela.

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