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No nos une el amor, sino el disgusto

Domingo 16 de julio de 2017
LA NACION
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Hay un placer inverso y perverso en escuchar todas las mañanas al periodista que más se detesta. Mientras tanto, en Internet surgen clubes para criticar la última aparición de Britney Spears, series como Las Karda - shians o películas como 50 sombras de Grey. En la era de la bronca surge un nuevo fenómeno global: el de los espectadores que ven series y películas que no les gustan, para odiarlas mejor.

Las redes sociales proclaman el derecho a enojarse, a juzgar el trabajo ajeno y a creerse superiores por el hecho de no gustar de algo. "La cultura mediática de hoy está llena de burla, cinismo y evaluación", dice Joli Jensen, profesora de estudios de medios en la Universidad de Tulsa, en Estados Unidos. "Impera el placer de intentar averiguar por qué algo no te está dando placer."

En la década pasada a esto se lo llamaba "consumo irónico". Hoy mirar con odio es una nueva forma de ser fan. Una pasión triste: la de verse, fundamentalmente, como alguien que no pertenece a algo, aunque sea esclavo de eso mismo.

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